La combinación de cambios demográficos, presión inmobiliaria y crisis económicas modifica la fisonomía de los barrios porteños y pone en jaque los tradicionales lugares de pertenencia, como cafés y clubes.
La ciudad de Buenos Aires construyó su identidad en torno a la cultura del encuentro: el café, la charla en la vereda y el club de barrio. Históricamente, el café porteño funcionó como un “tercer espacio” donde se tejía la trama social, política y cultural. Sin embargo, la combinación de un cambio demográfico, un boom inmobiliario orientado a la vivienda mínima y las sucesivas crisis económicas están transformando los barrios y poniendo en jaque estos lugares de pertenencia.
Según especialistas consultados por PERFIL, se trata de un proceso de transformación profunda que atraviesa la manera de habitar Buenos Aires. La pandemia, el auge del trabajo remoto, el crecimiento de los hogares unipersonales, la expansión de los alquileres y la presión del mercado inmobiliario redefinen tanto el paisaje urbano como los vínculos sociales.
La ciudad del café: la trinchera de los Bares Notables
Horacio Spinetto, miembro fundador de la Comisión de Cafés Notables, recordó que los cafés porteños existen desde la época colonial. “En la esquina de lo que hoy es Bolívar y Alsina, frente a la iglesia de San Ignacio, existía el Café de Marco. Fue un café donde se juntaban todos los patriotas revolucionarios; ahí estuvieron Belgrano, Moreno, Castelli y Monteagudo”, detalló. La Comisión de Cafés Notables, creada en 1998, protege hoy a cerca de 90 establecimientos.
Spinetto señaló: “A lo mejor hay un café de barrio donde nunca estuvo Jorge Luis Borges ni Diego Maradona se tomó una cerveza, pero si lo sacan, la pérdida para los vecinos es terrible. Se ha demostrado que cuando cierra un café, se generan importantes reacciones”. El historiador afirmó que no existe actividad de la vida cotidiana en Buenos Aires que no tenga relación con sus cafés, desde la literatura hasta el fútbol, y destacó el vínculo con el tango.
Dhan Zunino, sociólogo, historiador urbano e investigador del CONICET, sostuvo que la ciudad se fragmenta en “tribus de consumo”, donde conviven la gentrificación comercial y la resistencia de los sectores locales. Frente a la cultura fast-food, Zunino destacó fenómenos autogestivos en plataformas digitales, como la red “Bar de Viejes” en Instagram, donde las nuevas generaciones se organizan para consumir y revitalizar los antiguos bares de barrio.
Cuando el barrio empieza a cambiar: el boom de los 25 metros cuadrados
Pablo Bereciartua, ministro de Infraestructura y Movilidad de la Ciudad, afirmó que Buenos Aires atraviesa un escenario demográfico marcado por el envejecimiento poblacional y la caída de la fecundidad. “Según los últimos datos, el 39% de los hogares de la ciudad son unipersonales, una cifra que escala hasta el 47% en las comunas del norte. Además, el 40% son hogares sin hijos”, precisó.
Sergio Poggi, arquitecto, docente y titular de la Sociedad de Profesionales de Arquitectura y Urbanismo de La Plata, explicó que el encarecimiento de la construcción transformó las reglas del juego. “A principios de diciembre de 2023, una bolsa de cemento de 50 kg costaba $831. Hoy está a $15.600”, detalló. Ante este escenario, el mercado vuelca sus inversiones hacia unidades monoambientales o de dos ambientes pensadas para un público joven, soltero y fundamentalmente inquilino, que pasó de representar el 20% de la ciudad en 2001 al 40% en la actualidad.
Poggi sostuvo que “todo lo que reduzca espacio, especialmente los microambientes, afecta sensiblemente la calidad de vida y el comportamiento social”. El arquitecto advirtió sobre las consecuencias de la verticalización desproporcionada y planteó la necesidad de regular el “derecho al sol”.
El sociólogo Nahuel Sosa indicó que el impacto de la gentrificación y la reconversión comercial altera la dinámica diaria de los barrios. El proceso se traduce en una mayor valorización del suelo, el reemplazo de comercios de cercanía por franquicias o propuestas orientadas al turismo, y una modificación en las rutinas de los residentes históricos. Sosa mencionó el caso de San Telmo como uno de los ejemplos más visibles.
El valor del espacio público
Poggi citó el caso de las plazas renovadas en la ciudad de La Plata, donde tras las obras de reacondicionamiento los espacios comenzaron a llenarse de vecinos que vuelven a encontrarse y compartir tiempo al aire libre. Desde el Gobierno porteño, Bereciartua planteó el concepto de “ciudad de cercanía”, que consiste en organizar los barrios para que trabajo, educación, salud, comercio y espacios públicos se encuentren a pocos minutos del hogar. El plan oficial busca expandir ciclovías, áreas peatonales y el Sistema Integrado de Movilidad Urbana, como la proyectada línea de trambuses eléctricos entre Pompeya y Aeroparque.
“El modelo pone en valor el ‘tiempo recuperado’: si organizamos la Ciudad para que las personas encuentren trabajo, educación, comercio y espacios públicos a 15 o 20 minutos a pie o en bici de su hogar, la gente va a querer vivir acá”, concluyó el ministro.
Sin embargo, Dhan Zunino advirtió que la calidad de vida urbana no depende únicamente de la infraestructura o la cercanía de los servicios. “Si ponés de repente eventos gratis, vas a ver que la gente sí tiene ganas de encontrarse y usar la ciudad. El tema es que si todo va a estar mediado por el consumo, se va a poner muy difícil. Tomar el café no es porque nos gusta el café que nos están sirviendo, es el evento. El café sirve como un lugar de encuentro”, afirmó.
