Una familia mexicana en Norwalk, California, acumuló multas por US$3000 al vender carnitas sin licencia, pero logró regularizarse gracias a una nueva ordenanza del condado de Los Ángeles.
Carnitas “El Bigotón”, el comedor casero de una familia mexicana en la ciudad de Norwalk, ubicada en el condado de Los Ángeles, enfrentó multas acumuladas por US$3000 luego de vender platos típicos de Jalisco sin licencia. El proyecto funcionaba los fines de semana dentro de una vivienda y ganó popularidad tras la difusión de un video en redes sociales.
El comedor comenzó como una propuesta para vecinos del área. Lizbeth Montes, nuera de la dueña del local, explicó a Univision que publicó un video en TikTok y señaló que ahí fue cuando “se hizo viral”. La mujer también recordó que, después de la difusión en redes sociales, empezó a ir “mucha gente” y aseguró que las filas llegaban “hasta la esquina”.
Por su parte, Roberto Preciado, hijo de Leonilla (la dueña), contó que durante varios años le insistieron a su madre para iniciar el proyecto y le repetían frases como “anímate”, hasta que finalmente hace cuatro años decidió abrir el puesto. El problema fue que la popularidad de Carnitas “El Bigotón” hizo que las autoridades identificaran el negocio y lo multaran por operar sin permiso sanitario.
La familia explicó que primero recibió una sanción de US$200, después otra de US$500 y finalmente una de US$1000. Las penalidades acumuladas alcanzaron US$3000 y generaron dificultades económicas para el emprendimiento. Sin embargo, ahora cuentan con autorización para funcionar gracias a una ordenanza aprobada en 2024 en el condado de Los Ángeles, que permitió que este emprendimiento y otros negocios similares accedieran a permisos del Departamento de Salud (DPH, por sus siglas en inglés).
Leonilla señaló que la licencia les permite ofrecer “hasta 30 platillos todos los días”, aunque precisó que mantienen la atención únicamente los sábados y domingos. En la casa de la familia Preciado, la sala fue adaptada como parte del espacio de trabajo y solo quedó la mesa del comedor, que cada viernes funciona como espacio de preparación de comida. Roberto describió cómo se organizan las tareas y explicó que Leonilla es la encargada de la cocina, mientras su padre prepara las “carnitas” y los chicharrones. A su vez, señaló que otros integrantes ayudan con las verduras, atienden mesas o sirven los pedidos a los clientes.
Además, sostuvo que sueñan con “tener un restaurante” y poder decir que empezaron “en una casa”. Su madre afirmó que le genera satisfacción escuchar que “la comida está buena”.
La normativa vigente para el Área Metro de Los Ángeles establece que las familias que preparan y venden comida desde sus viviendas en zonas residenciales deben funcionar bajo la figura de Unidad Comercial Accesoria (ACU, por sus siglas en inglés). La ordenanza define a las ACU como actividades comerciales subordinadas al uso principal de la propiedad, es decir, la residencia. Estos espacios pueden operar dentro de la casa, estar conectados a ella o instalarse en una estructura separada ubicada en el mismo lote. La regulación contempla este modelo para pequeños negocios abiertos al público, entre ellos panaderías, restaurantes y establecimientos de comida, incluidos los servicios para llevar. La figura también se diferencia de los llamados “complejos de cocina compartida”. Mientras esos sectores solo permiten preparar alimentos para venta externa y prohíben la atención directa al público, las ACU sí habilitan recibir clientes dentro de la propiedad residencial. Para obtener permisos bajo esta categoría, la disposición exige cumplir estas condiciones:
