Un estudio de la UNAM advierte que los cabezazos repetidos en el fútbol pueden causar alteraciones cerebrales acumulativas, especialmente durante los entrenamientos.
Los cabezazos en el fútbol pueden provocar alteraciones en el cerebro cuando se repiten durante años, y el mayor riesgo no estaría en los partidos sino en los entrenamientos, donde un jugador puede acumular 30 o más impactos por sesión, de acuerdo con un texto difundido por UNAM Global con declaraciones del doctor Fructuoso Ayala Guerrero, jefe del Laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Psicología de la UNAM.
El umbral que más preocupa aparece en la exposición acumulada. El especialista de la UNAM citó un estudio del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York que encontró una mayor probabilidad de alteraciones en la sustancia blanca del cerebro en futbolistas que realizaban alrededor de 885 cabezazos o más al año, hallazgo detectado mediante resonancia magnética.
En un partido de 90 minutos, explicó el académico, un jugador suele hacer cerca de 12 cabezazos. La diferencia está en las prácticas: ahí la repetición sistemática eleva la carga de impacto y convierte a los entrenamientos en el principal espacio de exposición.
La resonancia magnética detectó cambios en memoria, atención y regulación emocional. La preocupación científica ya no se limita a lesiones inmediatas. Según el especialista de la UNAM, la evidencia apunta a procesos acumulativos que pueden manifestarse años después y afectar el funcionamiento del sistema nervioso.
Resonancias magnéticas han permitido observar cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Con esas herramientas se han identificado alteraciones en regiones vinculadas con la memoria, la atención y la regulación emocional, dijo el académico citado por el medio universitario.
La investigación también se ha extendido al plano neuroquímico. Un texto reportó cambios en compuestos como la colina, el mioinositol y el glutatión, evaluados mediante espectroscopia por resonancia magnética. Esos hallazgos son consistentes con procesos de neuroinflamación y con alteraciones del metabolismo celular. El punto central, según la publicación, es que el daño potencial no solo afecta la estructura cerebral, sino también su funcionamiento interno a escala microscópica.
Los estudios post mortem en cerebros de exfutbolistas también han confirmado lesiones neurológicas que no siempre eran evidentes en vida. Esa línea de investigación reforzó la hipótesis de que el cabeceo repetitivo puede dejar secuelas de largo plazo incluso sin una conmoción cerebral diagnosticada.
Exfutbolistas profesionales mostraron 3.5 veces más riesgo de muerte por enfermedades neurodegenerativas. Investigaciones de la Universidad de Glasgow encontraron que los exfutbolistas profesionales presentan aproximadamente 3.5 veces mayor riesgo de muerte por enfermedades neurodegenerativas que la población general, incluida la demencia.
Uno de los casos más citados en esta discusión es el del inglés Jeff Astle, reconocido por su juego aéreo. Tras su fallecimiento, los estudios a su cerebro mostraron un deterioro neurológico comparable con el de una persona de alrededor de 90 años, aunque murió a los 59. Ese caso marcó un punto de inflexión en la discusión científica y deportiva sobre los efectos del cabeceo repetitivo.
Entre las respuestas técnicas están los balones fabricados con materiales más impermeables, diseñados para absorber menos agua. El peso de la pelota puede aumentar con lluvia o nieve, y eso incrementa la fuerza del impacto sobre la cabeza del jugador. La tecnología deportiva también ya permite medir la velocidad del balón, su trayectoria y la intensidad del golpe. Incluso existen sistemas que simulan esos impactos para estimar cuánta energía se transmite al cerebro, dato que sirve para entender mejor los mecanismos de lesión.
UEFA y federaciones europeas recomiendan limitar el cabeceo en categorías infantiles. La prevención se ha vuelto el eje de las recomendaciones actuales. Según el texto divulgado por UNAM Global, organizaciones como la UEFA y las federaciones inglesa y escocesa han establecido medidas para reducir la exposición al cabeceo, sobre todo en etapas formativas. Entre esas medidas están limitar los cabezazos en entrenamientos infantiles y sustituir ciertos ejercicios por alternativas técnicas que desarrollen las mismas habilidades sin impacto en la cabeza. Cuando el cabeceo es necesario, también se recomienda enseñar una técnica correcta: usar la frente y fortalecer la musculatura cervical.
También se plantea reducir el número total de repeticiones, usar balones adecuados para categorías infantiles y aplicar protocolos estrictos ante sospechas de conmoción cerebral. Eso incluye la salida inmediata del juego y una evaluación médica obligatoria.
