Un campamento improvisado en el estacionamiento de una farmacia y dos baños para cientos de personas: así sobrevive uno de los muchos grupos de damnificados por los terremotos en el estado La Guaira, Venezuela.
La Guaira (Venezuela), 28 jun (EFE).- Un campamento improvisado en el estacionamiento de una farmacia y dos baños para cientos de personas, así sobrevive uno de los muchos grupos de damnificados que sigue sin protección en el estado La Guaira, cuatro días después de los terremotos que afectaron Venezuela.
En esta zona llamada Catia La Mar, una de las más afectadas por los sismos, los damnificados se organizan para mantener los únicos baños disponibles, que les presta la farmacia cercana.
Este campamento inició de forma espontánea el miércoles después de los terremotos, así que los sobrevivientes se instalaron como pudieron en medio de la emergencia, que deja más de 12.000 familias damnificadas, según cifras oficiales.
Se alimentan gracias a las donaciones de grupos de apoyo, y preparan sus comidas en sus propias cocinas, que algunos pudieron rescatar entre los restos de sus edificios y que pueden encender con fuego gracias a cilindros de gas que han traído.
Sus casas son ahora carpas o sábanas extendidas al aire libre que sirven para protegerse del sol y los zancudos, que abundan en este estado costero, donde el calor y la humedad afecta también las labores de rescate.
«No ha llegado nadie del Gobierno a decir ‘Vamos a ver dónde los podemos ubicar’. No. Los que nos han prestado el apoyo han sido los mismos venezolanos. Nosotros mismos sobreviviendo y guerreando. Estamos como abandonados», dijo Socorro Sánchez a EFE.
Sánchez sobrevive a un segundo desastre en La Guaira, luego del deslave de 1999, récord Guinness por registrar el mayor número de muertes por aludes (entre 10.000 y 30.000, según el libro, aunque especialistas han advertido que las cifras nunca fueron precisas).
«Le doy gracias a Dios. Por algo Dios nos está dando una oportunidad. Pero mi familia me dice: si Dios te está dando tanta oportunidad, vas a tener que salirte de ahí (de la Guaira)», contó.
En La Guaira las personas agradecen haber sobrevivido pese a haber perdido todo, porque los terremotos han dejado al menos 1.450 muertos y miles de heridos, según cifras del Gobierno.
A unos metros, se encuentra otro refugio con otros cientos de damnificados, quienes usan recipientes de plástico y bolsas para sus necesidades. El olor a heces y orina es ineludible.
«Nos hace falta por lo menos un baño, porque tenemos que estar buscando los huequitos y ya no se da abasto. Aunque sea unos baños portátiles. Entiendo que fue muy grande lo que pasó, pero nos hace falta», dijo Yajaira Alvarado, de 75 años, quien subrayó que tiene cálculos en los riñones.
Para asearse, Alvarado pide ayuda a otras personas, quienes extienden sábanas a su alrededor para darle un poco de intimidad mientras ella se vierte agua en su cuerpo con un recipiente de plástico para lavarse, una práctica común desde hace años en Venezuela por fallas en los servicios públicos.
«Esto es horrible. Les pedimos que por lo menos nos manden unos (baños) portátiles. Ya nosotros nos encargaremos de limpiarlos», pidió en entrevista con EFE.
En su refugio no tienen cocinas. Y aunque agradece la comida que llevan los voluntarios, Alvarado extraña preparar su café y su propio desayuno. Y extraña también bañarse, sobre todo bañarse. Como antes: entre paredes.
