La diferencia en el tiempo de transmisión entre distintos medios puede alcanzar hasta un minuto, generando desincronización en la visualización de eventos en vivo.
El martes 16 de junio, la Selección Argentina debutó en el Mundial 2026 a las 22 horas. Sin embargo, el partido no comenzó al mismo tiempo en todos los televisores ni en todas las pantallas. Algunos hinchas ya habían visto el primer minuto de juego cuando otros recién escuchaban el pitido inicial.
La falta de sincronía se vuelve evidente cuando un televidente observa una jugada irrelevante, como un saque de meta, y en ese instante escucha a su vecino gritando un gol.
Lo que ocurre “en vivo” no llega al instante. La captura y codificación de la señal en la cancha, su transporte a través de los 9000 kilómetros que separan Kansas City de Buenos Aires, más la decodificación y exhibición en pantalla, requieren tiempo. Cada paso toma milisegundos o segundos, y la suma de esos tiempos puede alcanzar el minuto.
Ese retraso entre el momento real y su emisión se denomina técnicamente “latencia”.
La diferencia en el tiempo de recepción depende del método de transmisión. Primero recibe la señal quien ve el mundial por canales de televisión abierta, que recibe la señal por cable coaxial sin decodificador (entre 2,5 y 8 segundos de latencia). En segundo lugar, quienes tienen servicio de cable con decodificador (entre 5 y 9 segundos). Le siguen quienes reciben la señal por antena satelital (entre 7 y 10 segundos). Por último, los servicios de streaming presentan latencias variables, entre 6 y 60 segundos, aunque tecnologías de baja latencia mejoran estos valores.
Paradójicamente, cuanto más antigua es la tecnología, menor suele ser la latencia. La televisión analógica tenía una latencia de menos de 1 segundo. La señal viajaba por ondas de radio directas, por lo que todo el país veía el gol al mismo instante. El sistema de transmisión más rápido es la radio analógica, que no tiene digitalización, compresión ni procesamiento complejo.
El impacto más claro de la latencia en la vida cotidiana ocurre con las transmisiones deportivas en vivo. Si una persona ve un partido a través de una aplicación de streaming (alta latencia) y su vecino lo ve por televisión por cable tradicional (baja latencia), el vecino gritará el gol unos 20 o 30 segundos antes de que el jugador en la pantalla del primero siquiera patee al arco.
Para eventos informativos o programas de entretenimiento, una latencia alta no afecta la experiencia. Para el deporte en directo o las interacciones en tiempo real, reducir la latencia al mínimo es el mayor desafío técnico de la industria actual.
