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sábado, 25 abril, 2026
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De la escasez a la producción regional de vacunas en América Latina

La pandemia de Covid-19 evidenció la dependencia de la región en la compra de vacunas. Hoy, la producción local crece y se consolida como una estrategia clave para la seguridad sanitaria.

Las imágenes de 2021 aún resuenan: largas filas en América Latina esperando vacunas contra el Covid-19 mientras los países con mayor poder adquisitivo ya las tenían. La pandemia no solo causó millones de muertes, sino que expuso una fragilidad estructural: la dependencia casi total de proveedores externos y un limitado poder de negociación en un contexto de competencia global por las dosis.

Desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se impulsó un enfoque pragmático para cerrar esa brecha: ampliar la producción regional de vacunas y tecnologías sanitarias. No se trata de que cada país fabrique todo de forma aislada, sino de priorizar áreas donde la capacidad local o compartida permita resolver problemas concretos de suministro, costos o respuesta rápida, avanzando hacia sistemas de salud más autosuficientes y sostenibles.

Hoy, ese camino ya da frutos. Antes de la pandemia, en 2020, los mecanismos de compra conjunta de la OPS, los Fondos Rotatorios Regionales (FRR), adquirían apenas el 1,5% de sus vacunas a proveedores de la región. En 2025, ese porcentaje alcanzó el 23%, y se sigue avanzando para superar el 40%. Producir en la región significa previsibilidad: tiempos de entrega más cortos, menor exposición a interrupciones globales y capacidad de respuesta rápida ante emergencias. También impulsa la innovación, genera empleo calificado y fortalece las economías, además de reducir el impacto ambiental al acortar viajes intercontinentales.

Un primer hito es la vacuna antineumocócica conjugada 20-valente (PCV-20). Gracias a un acuerdo entre los FRR, Pfizer y Sinergium Biotech, de Argentina, esta tecnología estará disponible para la región desde 2026, permitiendo a países de ingresos medios acceder más rápidamente a una innovación que antes dependía del exterior. Otro ejemplo es la estrategia para la producción de vacunas contra la influenza. En 2025, alrededor del 10% de las compras a través de los Fondos provenían de productores regionales; para 2026, esa proporción alcanzará el 65%, con un rol clave de Sinergium y del Instituto Butantan de Brasil. Argentina pasó de cubrir el 8% al 50% de la demanda regional y redujo el precio unitario en un 15%.

Nada de esto sería posible sin un ecosistema sólido. La producción regional requiere autoridades regulatorias fuertes, políticas industriales coherentes, talento especializado e incentivos estables que atraigan inversión. Ese es el rol de la Plataforma Regional de Innovación y Producción de la OPS, que impulsa la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y las alianzas entre países, gobiernos y sector privado. Un ejemplo concreto es el trabajo en capacidades en ARN mensajero: la plataforma apoyó a Bio-Manguinhos, en Brasil, a establecer su propia plataforma y facilitó la transferencia de tecnología a Sinergium, hoy aplicadas más allá del Covid-19, en prioridades como la leishmaniasis y la preparación ante futuras pandemias.

En 2025, en respuesta a las solicitudes de los países, los Fondos Rotatorios entregaron 234 millones de dosis de vacunas y otros insumos, alcanzando a 85 millones de personas. Los precios fueron, en promedio, 50% más bajos para vacunas y entre 60% y 90% más accesibles en medicamentos de alto costo, incluidas terapias oncológicas. En apenas dos años, este modelo ha demostrado su eficacia. Comenzamos con vacunas porque son la herramienta más poderosa frente a emergencias, pero el potencial va mucho más allá.

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