Un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), realizado en colaboración con Edenred, expone una problemática creciente en el ámbito laboral del país. El estudio indica que el 83,5% de los asalariados sufre algún tipo de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada de trabajo, lo que se traduce en saltarse comidas o consumir alimentos de baja calidad nutricional por razones económicas.
Un factor de riesgo más allá de los cascos
Mientras la seguridad laboral tradicional se centra en elementos de protección física, los médicos especialistas alertan sobre un riesgo menos visible pero igual de crítico. «Un trabajador con una nutrición deficiente tiene sus capacidades cognitivas y físicas disminuidas», explica Federico Martín, director médico de Praevida. «La fatiga, la falta de concentración y un tiempo de reacción más lento son consecuencias directas, y en un entorno laboral, una fracción de segundo puede marcar la diferencia entre un incidente y un accidente grave».
El vínculo con los accidentes de trabajo
Las estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), que registró cerca de 360.000 accidentes laborales y enfermedades profesionales durante 2024, no desglosan las causas específicas. Sin embargo, los expertos coinciden en que un estado de salud precario, agravado por una mala alimentación, genera un terreno propicio para que ocurran siniestros. La conexión entre bienestar físico, alerta mental y seguridad en las tareas es innegable.
¿Qué soluciones se plantean desde las empresas?
Frente a este escenario, el estudio de la UCA señala que el 80,4% de los trabajadores encuestados se mostró a favor de recibir un aporte específico de su empleador para la alimentación. Esta demanda abre la puerta a intervenciones estratégicas que van más allá de la asistencia social.
Medidas concretas para un cambio
Los especialistas proponen un abordaje integral. En primer lugar, realizar un diagnóstico de la situación nutricional de los empleados mediante evaluaciones médicas. En segundo término, implementar programas de educación sobre la importancia de una alimentación adecuada para el rendimiento y la seguridad. Finalmente, garantizar infraestructura básica en el lugar de trabajo, como espacios con heladera y microondas, dado que el estudio revela que entre quienes no tienen acceso a estos recursos, el salto de comidas asciende al 72%.
La vulnerabilidad alimentaria ha dejado de ser percibida únicamente como un problema social para convertirse en un asunto central de la salud y seguridad laboral. Comprender que una nutrición adecuada es una inversión estratégica en el capital humano es el primer paso hacia entornos de trabajo más seguros, saludables y, en consecuencia, más productivos.
