El autor sostiene que en las sociedades donde los valores del mercado se imponen, los vínculos humanos se convierten en transacciones comerciales. Menciona dos medidas del gobierno argentino: la venta de tierras y la propuesta de otorgar pasaportes a extranjeros a cambio de una inversión.
En su libro Lo que el dinero no puede comprar, el filósofo político Michael J. Sandel afirma que en una sociedad en la que todo está en venta, la vida resulta difícil para las personas con recursos modestos. Según Sandel, en esa sociedad, quien no puede comprar no puede vivir, y la brecha de desigualdad se profundiza día a día.
Sandel, titular de la cátedra Justicia en la Universidad de Harvard, cuyos cursos a cielo abierto llegaron a convocar a 14.000 personas en una sola clase, es autor también de Justicia, ¿hacemos lo que debemos?, La tiranía del mérito y El descontento democrático, entre otras obras. Es considerado un referente en temas de ética y derecho.
Crítico del libertarismo y de la ideología de mercado, Sandel sostiene que en las sociedades que se rinden ante esta, los vínculos y las relaciones humanas se convierten en simples transacciones comerciales. Los valores mercantiles, que no son inocuos, reemplazan entonces a los valores y principios no mercantiles, que merecen ser protegidos.
Los mercados se imponen, dice Sandel, cuando la política se vacía de todo contenido moral y espiritual. Tanto las personas como las cosas dejan de importar por sí mismas y solo se aprecian por su valor de compra y venta. Esta es la ideología que, según el autor, guía al gobierno libertario y que lo impulsa a convertir a la Argentina en un país en el que todo está en venta, desde el territorio hasta la identidad nacional.
En el primer caso, la Corte Suprema le dio vía libre al gobierno para poner en liquidación las tierras del país. En el segundo caso, el ministro de Economía anunció que pronto el pasaporte argentino estaría a disposición de cualquier extranjero dispuesto a pagar por él una suma disfrazada de inversión. Es el mismo pasaporte cuyo costo resulta inaccesible para compatriotas de bajos recursos.
Estas son iniciativas de un gobierno que, según el texto, alardea de defender una soberanía (la de Malvinas) que nunca fue su preocupación hasta que las encuestas y la economía se le volvieron en contra, mientras pone en la mesa de ofertas tanto la soberanía del territorio continental como la ciudadanía.
Entre estos dos ejemplos, abundan los que muestran la imposición de los valores del mercado que, como sostiene Sandel, llegan a introducirse en cada aspecto de las actividades humanas, a carcomerlas y a desvirtuarlas. Bajo esa óptica, la cultura, la educación, la salud y la ciencia se consideran no rentables, se desprotegen y abandonan, aumentan la pobreza, la indigencia y el desempleo, cierran industrias y comercios.
Es obvio que esto le baja el precio a un bien en venta, como es en este caso el país, aunque aún así no parece por el momento atractivo para inversores o compradores. Acaso se deba a que el vendedor no resulta del todo confiable debido a conductas y discursos que podrían ser indicios de patologías que van más allá de la política y la economía y que también deben tomarse en cuenta.
Señala Sandel que la sanción moral es esencial para que, con su avasallamiento, los valores del mercado no terminen convirtiéndose en normas de vida, y que para eso es necesario elevar los principios y valores morales de la sociedad. La atonía y la pasividad de la sociedad argentina (con algunas honrosas excepciones personales y grupales) frente a la mercantilización obscena de cuestiones esenciales para la vida actual y el futuro colectivo son síntomas que merecen atenderse. Hablando de costos y beneficios, fingir demencia nunca es gratis.
*Escritor y periodista.
