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Informe de la Universidad Austral: descenso en el componente verbal de una prueba cognitiva en estudiantes argentinos

Un estudio comparó tres grupos independientes de 849 estudiantes de escuelas privadas de entre 8 y 15 años evaluados en 2013, 2019 y 2023 mediante el K-BIT. El promedio del componente verbal pasó de 99,4 a 91,03 puntos. Las autoras señalan que los resultados no demuestran una pérdida de inteligencia ni permiten identificar una causa única.

Un reciente informe de la Universidad Austral, titulado “Una generación en alerta: el deterioro del aprendizaje y del desempeño cognitivo en estudiantes argentinos”, elaborado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad y la Escuela de Educación, incluye una investigación de Rocío González, Victoria Bein, Cecilia Adrogué, Florencia Daura, Gabriela Krumm y Vanessa Arán Filippetti.

El estudio comparó tres grupos independientes de 849 estudiantes de escuelas privadas, de entre 8 y 15 años, evaluados en 2013, 2019 y 2023 mediante el K-BIT, una prueba breve de habilidades verbales y no verbales. El resultado más llamativo apareció en el componente verbal: el promedio pasó de 99,4 a 91,03 puntos entre 2013 y 2023. El puntaje intelectual total también fue 3,6 puntos menor en el último grupo, controlando la edad, mientras el componente no verbal mostró mayor estabilidad.

Las autoras manifiestan que el estudio no siguió a los mismos chicos, su muestra no representa al conjunto de niños y adolescentes argentinos y tampoco midió el uso individual de celulares o redes sociales como explicación del cambio. Sus resultados, según señalan, no demuestran que las nuevas generaciones estén perdiendo inteligencia ni permiten identificar una causa única.

En PISA 2025, seis de cada diez estudiantes argentinos evaluados quedaron por debajo del nivel básico de lectura. Esa prueba mide desempeños de adolescentes de 15 años, no notas escolares de Lengua ni coeficiente intelectual.

El informe de la Austral considera sus resultados compatibles con el efecto Flynn, el aumento histórico de los puntajes en pruebas de inteligencia entre generaciones sucesivas, que en algunos países se ha desacelerado o revertido. No obstante, estudios recientes encontraron mejoras cognitivas en Austria y en niños japoneses al comparar distintas cohortes. Son pruebas y poblaciones diferentes, anteriores a la pandemia.

El texto sostiene que la divulgación responsable debería conservar esas diferencias. Un resultado de lectura y una prueba cognitiva no describen lo mismo. Tampoco la coincidencia temporal entre un descenso y la expansión de las tecnologías digitales demuestra que uno haya causado al otro.

El autor, director del Observatorio de la Convivencia Escolar (Centro de Investigaciones Cuyo-Conicet) y referente de Argentinos por la Educación, define la defensa cognitiva como el cuidado de las condiciones que permiten leer, prestar atención, conversar, recordar, razonar y comprobar la información. Señala que esas capacidades se desarrollan en “la arquitectura invisible de la educación”: las relaciones, los tiempos y las oportunidades que acompañan a cada estudiante dentro y fuera de la escuela.

Menciona que falta la voz de los propios estudiantes. “Si queremos comprender qué está sucediendo con su atención, su lectura, sus vínculos y el uso de las tecnologías, necesitamos preguntarles y escucharlos”, afirma.

En el ámbito familiar, enumera el sueño, la conversación, el acompañamiento y las oportunidades de leer y jugar, pero también los horarios de trabajo, el cansancio y la disponibilidad de adultos. En la escuela, propone propuestas que inviten a pensar, tiempo para leer con profundidad, normas claras y un clima en el que se pueda preguntar sin miedo.

El autor sostiene que las oportunidades para desarrollar capacidades cognitivas no se distribuyen por igual. Menciona la educación inicial, el acceso a libros y bienes culturales, el acompañamiento de las trayectorias escolares, la formación y las condiciones de trabajo docente y las políticas que protegen el desarrollo infantil como parte de la defensa cognitiva.

Respecto del mundo virtual, indica que las redes compiten por tiempo y atención, pero también permiten conversar, crear y pedir ayuda. Señala que los estudiantes ya utilizan inteligencia artificial y que regular dispositivos puede ser necesario, como también enseñar a comprobar fuentes, reconocer sesgos y errores, proteger los datos, declarar la ayuda recibida de una IA y sostener una idea propia.

El texto concluye que los resultados de la Universidad Austral son una señal que sería irresponsable ignorar, pero también sería irresponsable convertirlos en un diagnóstico definitivo sobre una generación. Plantea comprender qué está cambiando y actuar sobre las condiciones que se pueden mejorar.

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