La especialista en Terapia Transformacional Rápida (RTT) abordará el tema de las etiquetas que limitan y la construcción de la identidad en el Bienestar Fest, que se realizará el 24 de octubre.
La frase “Soy lo que soy”, popularizada por Sandra Mihanovich, se relaciona con las definiciones que las personas construyen sobre sí mismas y cómo esas definiciones pueden fijar y limitar la conducta, según la experta en Terapia Transformacional Rápida (RTT) Paula Echeverría.
Desde la infancia, las personas construyen una historia sobre quiénes son a partir de experiencias, comentarios de otros y vivencias significativas. Esta narrativa permite ordenar el mundo y reconocerse, pero puede convertirse en una limitación cuando se la considera una definición permanente en lugar de un relato modificable.
Echeverría señaló que existe una diferencia entre expresiones como “tengo asma” y “soy asmático”. En el primer caso se describe una condición; en el segundo, se transforma el rasgo en parte de la identidad.
El cerebro necesita continuidad para sentirse la misma persona a lo largo del tiempo, por lo que selecciona características y recuerdos que se ajusten a la historia personal. El problema surge cuando esa historia se vuelve rígida y limita la posibilidad de cambio.
El lenguaje cumple un papel central. Frases como “voy al baño cada dos días” difieren de “soy constipado”; “tengo sobrepeso” difiere de “soy gordo”; “atravieso una etapa de ansiedad” difiere de “soy ansioso”. Las primeras describen situaciones modificables; las segundas se presentan como esencias inmutables.
Cuando una característica se incorpora a la identidad, puede modificar expectativas. Por ejemplo, quien se define como “sedentario” podría evitar oportunidades de actividad física; quien se define como “asmático” podría evitar ciertos ejercicios anticipando dificultades.
Las etiquetas impuestas por otros también influyen. Un niño repetidamente llamado “distraído” o “tímido” puede terminar asumiendo esas descripciones en su propia narrativa, no porque sean falsas, sino porque, repetidas, pueden volverse una explicación anticipada de sus comportamientos.
La especialista aclaró que esto no implica negar la realidad ni sostener que todo depende de la voluntad. Condiciones como asma, migrañas o composición corporal pueden implicar limitaciones reales y requerir tratamientos. El punto, según Echeverría, es que una condición no debe definir la totalidad de una persona.
En otros ámbitos, las personas también utilizan etiquetas como “soy periodista”, “soy emprendedor” o “soy malo para vender”. Las profesiones y habilidades pueden ser parte de la identidad, pero no son inmutables: se cambia de trabajo, se aprenden nuevas capacidades y se atraviesan etapas diferentes.
Como alternativa, Echeverría propuso reemplazar definiciones por descripciones: en lugar de preguntarse “¿cómo soy?”, preguntarse “¿qué me está pasando?”, “¿qué hago habitualmente?”, “¿qué aprendí hasta ahora?” o “¿qué quiero modificar?”. Estas preguntas no ofrecen respuestas definitivas, pero dejan espacio para el cambio.
“La identidad no tiene por qué ser una sentencia. Ayuda a anclarnos, pero a la vez puede ser una historia en construcción”, afirmó Echeverría. Reconocerlo no implica desconocer quiénes se es, sino aceptar que hay una parte de la persona que aún no se conoce.
La experta sugirió dejar de decir “soy esto” cada vez que se encuentra una característica que describe, y preguntarse cuánto de esa característica pertenece a la esencia y cuánto es una fotografía de un momento de la vida.
Paula Echeverría participará en el Bienestar Fest el 24 de octubre, donde profundizará sobre estos conceptos.
