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jueves, 27 agosto, 2026
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Marine One y un vuelo comercial quedaron cerca tras una falla de comunicación en el aeropuerto Reagan

Una falla de comunicación entre la torre de control y el helicóptero presidencial Marine One generó una proximidad inusual con un vuelo comercial cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan el 4 de agosto.

Una falla de comunicación puso a Marine One y a un avión comercial en una situación de riesgo cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington el 4 de agosto. La torre no recibió el aviso previo que debía activar la interrupción del tráfico aéreo comercial mientras la aeronave que transportaba al presidente Donald Trump despegaba desde la Casa Blanca.

Según el reporte preliminar de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), los controladores no escucharon la llamada reglamentaria de tres minutos previa al despegue de Marine One, un aviso previsto en un acuerdo vigente desde 2013 entre autoridades militares y la Administración Federal de Aviación (FAA).

Esa comunicación tenía un valor operativo. Después del choque aéreo de enero de 2025, en el que murieron 67 personas cerca del mismo aeropuerto, la FAA dispuso que cada vez que un helicóptero atravesara una ruta en conflicto en esa zona se suspendieran despegues y aterrizajes comerciales. El objetivo era evitar que aeronaves militares, oficiales y civiles compartieran al mismo tiempo un corredor sensible por su cercanía con la Casa Blanca, el Pentágono y el aeropuerto Reagan.

El episodio del 4 de agosto ocurrió cuando la tripulación del helicóptero presidencial intentó comunicar su salida al menos dos veces antes de elevarse, pero esos avisos no llegaron con claridad a los controladores. La NTSB indicó además que el personal de Marine One intentó retransmitir ese mensaje por medio de la instalación de helicópteros de la Base Conjunta Anacostia-Bolling, aunque ese mecanismo alternativo tampoco funcionó.

Mientras esa cadena de comunicación fallaba, un avión regional de Envoy Air, el vuelo 3742, recibió autorización para despegar desde el aeropuerto Reagan con destino a Pensacola, Florida. El resultado fue que ambas aeronaves quedaron en el aire dentro de la misma zona durante un breve lapso, un escenario que las restricciones vigentes buscaban impedir. La FAA reconoció que el helicóptero y el avión se aproximaron más de lo habitual antes de empezar a separarse.

El informe preliminar de la NTSB consignó que, en el punto de mayor cercanía, las aeronaves quedaron a poco más de 1,3 kilómetros de distancia lateral y a unos 215 metros de separación vertical. Las reglas federales exigen alrededor de aeropuertos una distancia mínima de 2,4 kilómetros en sentido horizontal o 152 metros en sentido vertical. La combinación registrada aquel día dejó en evidencia una pérdida de separación operativa, aunque las autoridades insistieron en que el presidente nunca estuvo en peligro.

Minutos después, el controlador reaccionó como si no hubiera recibido ese aviso previo. Preguntó a Marine One si procedía “según lo informado” y luego autorizó la maniobra al indicar que no había recibido la advertencia de tres minutos. Ya con ambas aeronaves en movimiento, el controlador alertó al helicóptero sobre el avión comercial que acababa de despegar. El piloto del aparato presidencial respondió que tenía el tráfico a la vista y anunció una demora momentánea hasta que el avión saliera de la zona.

La tripulación del vuelo comercial declaró ante los investigadores que su sistema anticolisión emitió una alerta poco después del despegue. Los pilotos nunca vieron el helicóptero. El avión trepó con rapidez y pasó por encima de Marine One, mientras la aeronave presidencial interrumpió momentáneamente su avance. La maniobra permitió aumentar la distancia entre ambos aparatos en pocos segundos.

(Con información de AP)

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