El diseñador mallorquín relata en una entrevista su paso de una alta remuneración a una situación económica delicada, y defiende su independencia creativa.
Miguel Adrover, diseñador de moda nacido en Calonge (Mallorca), pasó de percibir unos 40.000 euros mensuales como director creativo de la firma alemana Hessnatur durante ocho años, a vivir actualmente con ingresos cercanos a los 800 euros. Así lo declaró en una entrevista publicada por El País Semanal, con motivo del lanzamiento de su monografía autoeditada “Miguel Adrover, autorretratos”.
En la entrevista, Adrover explicó que, aunque su situación económica es delicada, valora la independencia que tiene sobre sus decisiones, horarios y obra. “Soy el dueño absoluto de mi tiempo”, afirmó.
El libro, de 432 páginas y 365 fotografías, fue preparado durante siete años y financiado sin el respaldo de una editorial. Según Adrover, su producción costó 65.000 euros. Para realizarlo, el diseñador volvió a usar prendas de sus colecciones, incluidas piezas femeninas de tallas pequeñas, y llevó a cabo gran parte del proceso fotográfico de manera individual.
Adrover considera el libro como un archivo y una declaración de autoría. “Es mi legado”, resumió. La obra reúne piezas, imágenes e ideas desarrolladas desde su irrupción en Nueva York a finales de los años noventa, donde presentó colecciones que convertían objetos cotidianos y materiales descartados en comentarios sobre desigualdad, migraciones y poder.
Su carrera ascendió rápidamente, pero la estructura empresarial de su marca se derrumbó después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Posteriormente trabajó en Hessnatur, donde obtuvo el salario más alto de su carrera. Aunque recibió propuestas de otras compañías, decidió no regresar de manera estable al circuito corporativo.
Adrover señaló que su alejamiento se debe a su rechazo a ser utilizado únicamente para vender. La precariedad actual, según sus declaraciones, es consecuencia de haber rechazado contratos y de haber perdido la licencia turística con la que alquilaba parte de su casa.
Pese a las dificultades, defiende la posibilidad de crear sin someterse al calendario de colecciones, campañas y alfombras rojas. Puede interrumpir una serie fotográfica y retomarla cuando cambie la luz o su estado de ánimo. Frente a una industria que exige presencia constante, reivindica la desaparición voluntaria como una forma de resistencia.
Al reflexionar sobre el precio que otros diseñadores pagaron por permanecer en la cima, Adrover declaró: “Yo elegí sobrevivir”. Su vida actual tiene menos estabilidad y menos dinero, pero conserva la propiedad de su obra, de sus decisiones y de su tiempo.
