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martes, 18 agosto, 2026
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La sobreabundancia de opciones puede generar ansiedad e insatisfacción, según expertos

Investigaciones en psicología del comportamiento indican que la proliferación de opciones en la vida moderna puede provocar ansiedad, indecisión y menor satisfacción con las decisiones tomadas.

La vida moderna ofrece una amplia variedad de opciones en distintos ámbitos, desde la elección de prendas de vestir hasta la selección de series para ver. Sin embargo, científicos del comportamiento señalan que la abundancia de alternativas puede generar el efecto contrario al esperado.

Barry Schwartz, profesor emérito de psicología en el Swarthmore College y autor de «The Paradox of Choice: Why More is Less» (La paradoja de la elección: por qué más es menos), afirmó: «Cientos de estudios han demostrado que lo bueno en exceso puede ser perjudicial». Según Schwartz, la creciente avalancha de opciones puede provocar ansiedad e indecisión, y paradójicamente, hacer que las personas se sientan menos satisfechas con lo que eligen.

Schwartz ofreció ejemplos de situaciones donde más opciones resultan contraproducentes. En el caso de los planes Medicare Parte D en Estados Unidos, quienes viven en estados con mayor variedad de opciones son menos propensos a elegir alguna. De igual forma, en los planes de jubilación 401(k), entre más planes ofrece una empresa, menor es la probabilidad de que los empleados se inscriban, incluso con contribución equivalente del empleador.

Un estudio citado por Schwartz demostró que los clientes de una tienda de productos gourmet compraban más frascos de mermelada artesanal cuando se les ofrecían seis sabores en lugar de 24. En otro estudio, los estudiantes mostraron mayor disposición a completar una tarea con crédito adicional cuando podían elegir entre seis temas en vez de 30.

«En lugar de sentirse liberado por tantas opciones, uno queda paralizado», explicó Schwartz. «Puede hacer cualquier cosa, pero no logra dilucidar cuál de todas esas opciones elegir». Además, una mayor cantidad de opciones implica más resultados potencialmente negativos, y una vez que se decide, la persona puede sentirse menos satisfecha por temor a que existiera una alternativa mejor.

Schwartz señaló que el problema de la satisfacción es especialmente agudo para quienes buscan siempre lo mejor, denominados maximizadores. «Las personas que son maximizadoras sufren especialmente con la proliferación de opciones», apuntó. No obstante, esta tendencia no se aplica a todas las personas ni en todas las situaciones; por ejemplo, los entusiastas de los automóviles disfrutan explorando una oferta casi ilimitada al comprar un vehículo nuevo.

Daniel Willingham, profesor de psicología e investigador de neurociencia en la Universidad de Virginia, explicó que el cerebro está diseñado para evitar el pensamiento. Resolver problemas requiere más energía que recurrir a la memoria, un hecho con raíces en el instinto evolutivo de supervivencia. «Otra forma de decirlo es que, si usted está pensando, es que las cosas no van bien», añadió.

Schwartz manifestó que la proliferación de opciones también se ha entrelazado con la identidad en la era de las redes sociales, donde es fácil comparar las propias elecciones con las de los demás. «Cuando sólo se tiene para elegir entre Lee’s y Levi’s, nadie espera que los jeans que compra le queden perfectos», destacó. «Cuando hay 2.000 opciones… bueno, ahí sí que, maldita sea, claro que espera que le queden perfectos».

David Epstein, autor de «Inside the Box: How Constraints Make Us Better» (Dentro de la caja: cómo las limitaciones nos hacen mejores), relató que tras su investigación empezó a limitar sus decisiones, como comprar diez camisetas iguales en distintos colores. Siguió el ejemplo de Herbert Simon, psicólogo y premio Nobel de Economía en 1978, quien tenía tres conjuntos de ropa y comía prácticamente lo mismo todos los días. Simon acuñó el término «satisfaciente» —combinación de «satisfacer» y «ser suficiente»—, que consiste en establecer criterios suficientemente satisfactorios para decidir y pasar a lo siguiente.

Epstein aplica reglas de «satisfaciencia» en sus compras en línea, centrándose en el objetivo de la compra. «Cuando encuentro un producto que cumple su función, lo compro en lugar de leer todas las reseñas y dejarme tentar por la idea de que ‘bueno, pero este otro tiene todas estas funciones adicionales'».

Willingham y Schwartz sugirieron delegar algunas decisiones. Para comprar un celular nuevo, recomendaron preguntar a un amigo satisfecho con el suyo y comprar el mismo modelo. En decisiones de mayor importancia, como la planificación financiera, confiar en la experiencia profesional de otra persona puede aumentar la satisfacción. «Si piensa: ‘Bueno, yo soy una persona inteligente y puedo dilucidar eso yo mismo’, creo que nueve de cada 10 veces se está engañando», agregó Willingham.

Schwartz reconoció que cambiar hábitos de decisión es complicado, pero sostuvo que vale la pena. «Lo que ocurre con el tiempo es que le resulta más fácil tomar decisiones, acaba más satisfecho con las decisiones que toma y, de pronto, cuenta con dos horas adicionales cada día», expresó.

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