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domingo, 9 agosto, 2026
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Un estudio sobre conductores revela una tendencia a sobreestimar la propia habilidad al volante

Investigaciones realizadas desde 1981 documentan que la mayoría de los conductores se considera más hábil y segura que el promedio, un fenómeno conocido como ‘efecto mejor que el promedio’.

Un fenómeno documentado en psicología, denominado ‘efecto mejor que el promedio’, indica que la mayoría de los conductores se autoevalúa por encima de la media en habilidad y seguridad al volante. Este patrón fue observado en estudios realizados desde 1981.

El primer trabajo relevante fue publicado en 1981 por el psicólogo sueco Ola Svenson en la revista científica Acta Psychologica. Svenson encuestó a 81 estudiantes estadounidenses y 80 participantes suecos, quienes compararon su habilidad y seguridad al conducir con la del resto del grupo.

Los resultados mostraron que el 93% de los estadounidenses se ubicó por encima del promedio en habilidad y el 88% en seguridad. En el grupo sueco, los porcentajes fueron del 69% y 77%, respectivamente. Dado que la mediana del grupo implica que la mitad queda por debajo, estos porcentajes resultan estadísticamente incompatibles.

El estudio no concluyó que todos los participantes fueran malos conductores, sino que evidenció una distorsión en la evaluación relativa de las propias capacidades.

En 2023, un equipo liderado por el investigador Gilad Feldman realizó una reproducción prerregistrada del experimento con 1203 participantes. Los resultados se mantuvieron consistentes en tres escalas diferentes, con la mayoría de los sujetos calificándose como más hábiles y seguros que el conductor promedio.

Los investigadores atribuyen este fenómeno a la falta de una medida única y objetiva de la conducción. Factores como la velocidad de reacción, la prudencia, el estacionamiento o el conocimiento de las normas permiten que cada conductor priorice el aspecto en el que se considera más competente.

También interviene el sesgo de autosuperación, que lleva a evaluar favorablemente las propias capacidades en atributos deseables. En el tránsito, cada persona conoce las circunstancias de sus propios errores, pero solo observa los resultados de los demás. Una maniobra propia puede justificarse por una distracción, mientras que la misma conducta en otro puede interpretarse como falta de habilidad.

Una investigación publicada en Accident Analysis & Prevention señaló que los conductores reconocen que otros podrían no compartir su alta autoevaluación, pero este reconocimiento no elimina el sesgo. La sobreestimación de la propia capacidad puede reducir la percepción del riesgo. La experiencia tampoco garantiza una evaluación objetiva. La conclusión de los estudios es que no es posible que la mayoría de los conductores maneje mejor que el promedio al mismo tiempo.

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