Según una crónica de Clarín, la producción legislativa fue sensiblemente menor a la prometida, con apenas cinco leyes sancionadas. El Gobierno enfrenta una agenda densa de reformas pendientes.
El Poder Ejecutivo había anunciado que el Congreso sería el más reformista de la historia argentina, con un envío torrencial de proyectos. Sin embargo, los datos del primer semestre muestran una realidad diferente. Según una crónica de Benjamin Guyorini publicada en Clarín, el Congreso apenas logró aprobar cinco leyes: la reforma laboral, el régimen penal juvenil, la Ley de Glaciares —clave para la actividad minera—, el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la autorización para pagar más de 100 millones de dólares a dos fondos buitre.
La agenda acumulada que el Gobierno pretende empujar de aquí en adelante incluye la Ley de Tierras —cuyo tratamiento en el Senado volvió a abortarse—, la reforma del Banco Central, el Presupuesto y el Super RIGI, un régimen de superpromoción para grandes inversiones. También se evalúa implementar un mecanismo de shutdown inspirado en la práctica presupuestaria de Estados Unidos, que impide gastar sin presupuesto aprobado.
Con el horizonte posmundial, la negociación política se centra en la reforma electoral, especialmente el futuro de las PASO: si se eliminarán, pasarán a ser no obligatorias o si el oficialismo cederá ante el reclamo de los gobernadores para habilitar las listas colectoras.
Además, los senadores nacionales volvieron a aumentarse sus dietas, elevándolas a 12 millones de pesos mensuales, en contraste con la baja producción legislativa.
