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viernes, 24 abril, 2026
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Actividad económica en Argentina: ¿cuánto debería crecer para que los próximos 18 meses sean los mejores?

El EMAE de febrero mostró una caída del 2,6% mensual. El Gobierno mantiene el optimismo, pero consultoras y especialistas analizan si es posible alcanzar la meta de crecimiento proyectada.

Esta semana, el INDEC difundió el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a febrero de 2026, que mostró una caída del 2,6% mensual, en términos desestacionalizados, similar a la registrada en diciembre de 2023. El dato contrasta con el optimismo del Gobierno: “Los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”, aseguró el ministro de Economía, Luis Caputo. En ese marco, surge la pregunta sobre cuánto debería crecer la actividad para que esa proyección se concrete, una cuestión que ya analizan consultoras y especialistas.

De acuerdo con el EMAE, solo cuatro sectores lograron crecer en la comparación interanual durante febrero: Intermediación Financiera (+6%), Agro (+8,4%), Minería (+9,9%) y Pesca (+14%). En conjunto, estos rubros aportaron apenas 1 punto porcentual al crecimiento, insuficiente para compensar las caídas del resto de la economía. Entre los sectores más afectados se destacó la industria manufacturera, que retrocedió 8,7% interanual y acumuló su octavo mes consecutivo en baja. También el comercio mostró un deterioro significativo, con una caída del 7%, duplicando el ritmo de contracción previo. Por su parte, la construcción, que había mostrado una mejora en enero, volvió a terreno negativo en febrero, con una baja del 0,6%.

En este contexto, la economista Florencia Fiorentin, de Epyca Consultores, señaló que “los períodos de mayor crecimiento sostenido ocurrieron hace al menos 15 años y se asociaron con dinamismo en industria, empleo registrado y salarios reales, que son exactamente los sectores y variables que hoy están rezagados”. La especialista estimó además que “la economía tendría que crecer alrededor del 12% en esos 18 meses próximos”, una meta que luce exigente considerando que se parte de “una caída acumulada de 0,2% en el primer bimestre”. En ese sentido, advirtió que “el modelo actual no parece tener los instrumentos para cerrarla: los sectores que lideran el crecimiento tienen bajos encadenamientos productivos y parte de su buen desempeño responde a factores circunstanciales, no al modelo en sí”.

En la misma línea, la consultora Labour, Capital & Growth (LCG) sostuvo que, incluso con el crecimiento de enero y el arrastre estadístico positivo dejado por diciembre (1,9 puntos porcentuales), no se esperaba un fuerte repunte de la actividad en 2026. Según sus proyecciones, la economía crecería por debajo del 3% anual promedio, impulsada por pocos sectores, con un derrame limitado hacia el resto. Además, advirtieron que el dato del INDEC “implica que la demanda interna no logra consolidar una recuperación, afectada por el bajo poder adquisitivo y la retracción del crédito”.

Por su parte, el Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC) puso el foco en el deterioro del entramado productivo. “La industria manufacturera se contrajo 8,7% interanual y el comercio 7%. Son sectores clave porque generan gran parte del empleo, así que la alerta laboral está más que encendida”, señalaron. La entidad dirigida por Leo Anzalone agregó que “otra vez, el crecimiento depende de los recursos naturales, no del mercado interno”, y consideró que “el dato es flojo y el año arranca débil”, en un contexto de recuperación desigual, “atada al agro y la energía, mientras el consumo, la industria y el empleo siguen sin reaccionar”.

En este escenario, algunos economistas caracterizan la dinámica actual como una recuperación en “K”, donde conviven sectores en expansión con otros en retroceso. El economista y director de la consultora Sistémica, Federico Poli, explicó que por un lado se ubican “los sectores primarios de ventajas comparativas naturales, a los que se les otorgaron potentes beneficios para la inversión, son proveedores de divisas y muestran un dinamismo creciente”. En contraste, señaló que “los sectores de transformación manufacturera” están siendo “fuertemente afectados por precios relativos distorsionados, la apertura externa y problemas estructurales históricos, en un mercado recesivo”. Según su análisis, estos sectores —clave para el empleo y el desarrollo tecnológico— atraviesan un proceso de reestructuración “a golpes de mercado”, que implica destrucción de capital y puestos de trabajo. A esto se suma la debilidad de la demanda interna, impactada por el ajuste fiscal y monetario.

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