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miércoles, 15 abril, 2026
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La profesionalización del creador de contenido digital en Argentina: nuevas vías de monetización

La actividad del creador de contenido digital en Argentina ha evolucionado hacia un oficio profesional que combina múltiples habilidades y se diversifica en modelos de trabajo, con programas de afiliación y demanda de UGC como impulsores del crecimiento del sector.

La figura del creador de contenido digital ha superado el estereotipo inicial asociado a influencers en redes sociales. En la actualidad, esta actividad integra producción audiovisual, estrategia digital, análisis de métricas y gestión de relaciones con marcas, consolidándose como una capa concreta del trabajo digital en Argentina.

Un indicador de esta evolución es la expansión de programas de monetización, como el de afiliados que Mercado Libre amplió en el país. Este sistema permite a personas mayores de 18 años generar ingresos recomendando productos mediante enlaces personalizados, con comisiones de hasta el 15% del valor de la venta, acreditadas directamente en Mercado Pago. Según datos de la compañía, el volumen de ventas generado por afiliados en Argentina creció más de un 800% entre el tercer y cuarto trimestre del año pasado.

La profesionalización del sector modificó la naturaleza del oficio. Hoy, crear contenido no se limita a publicar posteos, sino que implica diseñar piezas para campañas específicas, dialogar con audiencias y cumplir objetivos que van desde el posicionamiento hasta la conversión comercial. Los creadores pueden trabajar para su marca personal, para terceras marcas, agencias, plataformas de afiliación o generar UGC (contenido generado por usuarios) para que las empresas lo utilicen en sus propios canales.

Ariana de la Fuente, especialista en creación de contenido y estrategia digital, destaca la multifuncionalidad del rol: «Al comenzar, hacés absolutamente todo sola: recibís las propuestas de las marcas, pensás la creatividad, grabás, editás y, una vez validado, lo publicás». Además, subraya la importancia de la gestión administrativa posterior, como la facturación y el cobro, aspectos que evidencian la necesidad de orden y conocimientos de gestión.

La evolución del sector también se observa en el cambio de valoración económica. «Al principio este trabajo estaba muy poco valorado y muchas colaboraciones eran por intercambio», recuerda De la Fuente. En contraste, actualmente se reconoce que es posible vivir de esta actividad y que el tiempo y trabajo de los creadores tienen un valor económico claro para las marcas.

El crecimiento del UGC ha facilitado el ingreso al mercado sin la necesidad previa de construir una comunidad masiva o una identidad pública como influencer. Julián Ocampo, fundador de la primera escuela de creadores UGC en Latinoamérica, explica la diferencia: mientras un influencer cobra por el contenido y el acceso a su audiencia, un creador de UGC presta un servicio de producción para que la marca utilice el material en sus canales. En este esquema, el activo principal no es la cantidad de seguidores, sino la capacidad de generar contenido verosímil, claro y alineado con los objetivos de la marca.

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