Bajo la consigna principal de «Memoria, Verdad y Justicia», la marcha por el 48º aniversario del último golpe de Estado cívico-militar reunió a una multitud diversa este 24 de marzo. Organizaciones de derechos humanos, partidos políticos de la oposición, sindicatos y agrupaciones sociales confluyeron en el acto central frente a la Casa Rosada, en un escenario marcado por la polarización.
Una conmemoración en un contexto político adverso
El tradicional acto, que año a año rinde homenaje a las víctimas de la última dictadura, se desarrolló en un clima inédito de confrontación con el gobierno nacional. Desde temprano, columnas de manifestantes comenzaron a llegar a la Plaza de Mayo, portando banderas y carteles que, junto a los reclamos históricos, expresaban un fuerte descontento con la gestión de Javier Milei. La consigna «Nunca Más», emblema de la fecha, se mezcló con críticas a las medidas económicas y al discurso oficial.
La plaza como termómetro del malestar
Observadores políticos y analistas coinciden en que la dimensión de la convocatoria superó las expectativas y se transformó en una muestra palpable del descontento social acumulado. La avenida de Mayo y las calles aledañas permanecieron colmadas durante horas, con una participación que incluyó a varias generaciones. La presencia de figuras históricas de organismos de derechos humanos, junto a dirigentes opositores, le otorgó a la jornada un peso simbólico y político significativo.
Reacciones y balance de una jornada intensa
Mientras los discursos desde el escenario principal enfatizaban la defensa de la democracia y los derechos conquistados, desde el gobierno se minimizó el alcance de las protestas. La jornada transcurrió con un amplio operativo de seguridad y no se registraron incidentes graves. Para muchos asistentes, la marcha representó un punto de inflexión, demostrando que el rechazo a la dictadura y la preocupación por el rumbo actual del país son dos ejes que, en esta ocasión, se potenciaron mutuamente en el espacio público.
