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jueves, 1 octubre, 2026
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Lacalle Pou habló sobre la estabilidad uruguaya y los límites al poder presidencial

El expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou expuso en el Coloquio de IDEA en Mar del Plata los factores que, según su visión, explican la continuidad institucional de Uruguay y advirtió sobre los riesgos de que la estabilidad derive en apoltronamiento.

MAR DEL PLATA.- El expresidente de Uruguay Luis Lacalle Pou participó este viernes en el Coloquio de IDEA, donde explicó los factores que, según su perspectiva, sostienen la estabilidad institucional de su país. La conversación fue moderada por Gustavo Manríquez, CEO de Banco Supervielle.

Lacalle Pou sostuvo que la estabilidad uruguaya no depende exclusivamente de la economía, sino de un conjunto de elementos entre los que mencionó el papel de los partidos políticos, los límites institucionales al Presidente y la relación entre el gobierno y la sociedad.

El rol de los partidos políticos

El expresidente recordó que el Partido Nacional cumplió 190 años y afirmó que esa continuidad partidaria constituye una diferencia central del sistema uruguayo. “Está la bandera y el abanderado”, resumió, y explicó que las ideas y valores de los partidos funcionan como “un mecanismo de contención” del líder. “No te permiten hacer cualquier cosa”, dijo.

Según afirmó, antes de comenzar una elección, entre el 65% y el 70% de los uruguayos ya sabe a qué partido votará. Reconoció una tendencia hacia una política más personalista, pero sostuvo que persisten pertenencias partidarias que operan como elemento de estabilidad.

La relación con la Justicia

Lacalle Pou se refirió a la independencia judicial y afirmó que “las democracias que empiezan a perder pie” suelen mostrar una intromisión del poder político sobre la Justicia. Sobre su propia experiencia en el gobierno, declaró: “Si yo hubiera osado opinar de un fallo de la Justicia, estaba en serios problemas”.

Admitió que esa separación puede llegar a ser excesiva, pero dijo que prefiere esa situación frente a “la Justicia politizada” y “la judicialización de la política”. Advirtió que si las modificaciones constitucionales o legales permiten que quienes gobiernan elijan magistrados según sus conveniencias, se produce “un tiro en el corazón de la separación de poderes”.

El deber del Presidente

Lacalle Pou definió que “el presidente tiene como deber primario ser factor de unión y no de separación”. Explicó que la obligación de quien gana una elección no termina entre quienes lo votaron, sino que debe gobernar para “el más fanático” de los propios y también para aquel que “no me puede ni ver”.

Mencionó como ejemplo de esa concepción la reunión que impulsó entre dirigentes que habían ocupado lugares enfrentados medio siglo antes. “Esta reunión cotiza en bolsa”, contó que les dijo, y consideró que mostrar a antiguos adversarios en una misma mesa producía un “boost de estabilidad”.

Sostuvo que la estabilidad “no se construye con grandes recetas ni con grandes actos”, sino que se acumula “en dosis homeopáticas”.

Lenguaje presidencial y liderazgo

Relató que durante su primera campaña presidencial, en 2014, vio una pared recién pintada con la frase “Firme con las ideas, suave con las personas”, que dijo lo marcó. Definió su fórmula de gobierno como “Paciencia, prudencia y equilibrio”.

Agregó: “Hay que sentir la humildad de la historia y la responsabilidad del momento”.

Qué compran los inversores

Consultado sobre si ofrecía estabilidad macroeconómica o estabilidad institucional y jurídica, Lacalle Pou respondió: “La estabilidad cotidiana”. Explicó que un gobierno puede firmar un decreto y un ministro puede impartir una orden, pero esa decisión debe atravesar la administración y llegar hasta “la ventanilla” de una oficina pública. Allí aparece la diferencia entre “el país de papel” y “el real”.

“Hay cosas que sólo pasan o se demuestran con el tiempo. Aquí la confianza”, sostuvo.

La advertencia sobre el apoltronamiento

Lacalle Pou introdujo una preocupación que dijo haber comenzado a formularse después de dejar la Presidencia: “Tengo cierta preocupación de que la estabilidad no se convierta en apoltronamiento”. Planteó que la previsibilidad es la base sobre la que puede construirse un país, pero no necesariamente garantiza prosperidad. Si a la estabilidad no se le agrega audacia, advirtió, avanzar en términos de progreso resulta más difícil.

Respecto de los límites del liderazgo presidencial, sostuvo: “Es imposible gobernar contra lo que el país quiere y muchas veces también es más rápido de lo que el país quiere”. Agregó: “Hay un límite que es cuánto sos representante y cuánto sos guía”.

Señaló que “si te eligen también es para que lideres, para que guíes”, pero estableció el límite: “No a contramano”. Para transformar un país, añadió, un presidente necesita generar consenso.

Acuerdos políticos y rol empresario

Lacalle Pou defendió los acuerdos políticos escritos, una herramienta que admitió que puede parecer “un poco pasada de moda”. “El que escribe piensa”, sostuvo. Recordó que la coalición con la que llegó al gobierno uruguayo estaba integrada por cinco partidos de tamaños muy diferentes y que, una vez constituida la mayoría parlamentaria, el partido más pequeño podía tener tanta importancia como el más grande.

Puso como ejemplo una reforma que pretendía avanzar y ante la cual encontró resistencia dentro de su propia coalición. “Tenés que ver cuánto avanzás, cuánto te cuesta ese avance y qué tan efectivo es”, resumió.

Consultado sobre el papel de los empresarios, respondió: “Cumplir la regla. Pedir que se cumpla la regla. No aprovecharse”. Agregó que “una ciudadanía completa no es votar cada cinco años”.

“Me sentí muy poco controlado”

Lacalle Pou afirmó: “Yo me sentí muy poco controlado”. Sostuvo que sindicatos, cámaras empresariales y organizaciones sociales tienen un papel como grupos de presión y que ese “tire y afloje” ayuda a que el gobernante busque un centro con la fórmula que mencionó antes: paciencia, prudencia y equilibrio.

Inteligencia artificial y educación

Sobre el final, se refirió a la inteligencia artificial y advirtió que uno de sus mayores desafíos será la desconexión con los sistemas educativos. El riesgo, sostuvo, no es solamente que la tecnología vuelva obsoletas determinadas tareas, sino que las personas no adquieran las habilidades necesarias para adaptarse. También consideró que es “un momento para optimizar la función del Estado, para acercar el Estado a la gente, para obtener menos burocracia”.

Durante casi media hora, Lacalle Pou respondió por qué Uruguay puede cambiar de presidentes sin empezar nuevamente de cero. Su respuesta incluyó partidos que sobreviven a sus líderes, jueces a los que el Presidente no debería llamar, acuerdos que limitan la velocidad de las reformas y una sociedad que obliga al poder a negociar. Dejó también una prevención: después de construir la estabilidad durante décadas, el próximo desafío es que esa estabilidad no se convierta en la razón para no cambiar nada.

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