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domingo, 30 agosto, 2026
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Jack London: el escritor que convirtió la aventura y la crítica social en literatura

A 110 años de su muerte, se repasa la vida y obra del escritor estadounidense Jack London, desde su infancia en la pobreza hasta su legado literario y su recepción en Argentina.

Jack London, nacido como John Griffith Chaney en San Francisco en 1876, falleció en 1916 a los 40 años. Su vida estuvo marcada por la pobreza extrema, el trabajo infantil y la búsqueda de fortuna en el Yukón, experiencia que luego se reflejaría en su obra literaria.

De niño, London fue repartidor de diarios, marinero y trabajador en fábricas de conservas. También buscó ostras furtivas en la bahía de San Francisco. Más tarde, a los 21 años, viajó al Yukón durante la fiebre del oro, donde pasó un invierno con temperaturas de -40 °C y sufrió escorbuto, perdiendo varios dientes. Regresó sin oro, pero con material para sus futuros escritos.

London se convirtió en uno de los primeros escritores que pudo vivir de su trabajo, escribiendo mil palabras diarias. Publicó novelas como El llamado de la selva (1903), Colmillo blanco (1906) y Martin Eden (1909), además de cuentos como “Encender una hoguera” (1908) y “La ley de la vida” (1901). También fue corresponsal de guerra y fotógrafo documental, registrando la guerra ruso-japonesa, la Revolución Mexicana y la pobreza en el East End londinense.

Su obra incluye títulos distópicos como El talón de hierro (1908) y crónicas sociales como La gente del abismo (1903). En Argentina, su figura fue celebrada por sectores vinculados al socialismo y al anarquismo. Escritores como Horacio Quiroga y Jorge Luis Borges reconocieron su influencia. Borges tradujo y prologó el cuento “Las muertes concéntricas” y lo incluyó en su colección de literatura fantástica.

London también abordó el alcoholismo en John Barleycorn (1913) y la crítica carcelaria en El vagabundo de las estrellas (1915). Murió por una sobredosis de morfina, y aún se discute si fue un accidente o un suicidio. Semanas antes de morir, declaró: “Prefiero ser cenizas que polvo… La función del hombre es vivir, no existir”.

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