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viernes, 31 julio, 2026
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Se conocieron internados y se casaron: la historia de Julieta y Facundo

Julieta (22) y Facundo (25) se conocieron en una institución de salud mental, donde ambos estaban internados con depresión. Cuatro años después, se casaron y cuentan su historia.

Hace cuatro años, Julieta (22) atravesaba una depresión severa. Tras una ingesta excesiva de pastillas, pidió ayuda: «por favor intérnenme porque no me quiero morir», dijo. «Lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo, no me quería morir porque yo amaba a las personas que me rodeaban y sentía felicidad de vez en cuando pero era como ¿cuándo se va a terminar esto?», explicó Julieta.

Facundo (25) atravesaba un cuadro similar desde la pandemia. Ambos presentaban tristeza y autolesiones. Facundo se internó dos días antes que Julieta, llevado por sus padres. «Sus papás estaban un poco más abiertos a eso, en cambio mis papás aprendieron mucho y ahora son otras personas completamente distintas, pero pedirle ayuda, decir que te querés internar cuando lo primero que piensan es qué va a decir la gente fue muy difícil», contó Julieta. «Papá es médico, le costaba mucho verme mal. Creo que era un mecanismo de defensa de ellos», analizó.

Al llegar, Julieta vio a Facundo sentado en una mesa tomando mate cocido. «Yo era muy enamoradiza de chica pero nunca había tenido un novio, ni relaciones, nada. A él lo vi y algo me llamó la atención. En ese momento Facundo tenía un look completamente distinto, una persona que busca demostrar lo que siente adentro a través de su exterior: el pelo teñido, tatuajes por todos lados, piercings. Para mí eso era algo a lo que no estaba acostumbrada porque vengo de un entorno donde todos son empresarios, nadie tiene tatuajes», describió.

Ella se sentó junto a él y le preguntó: «Hola, ¿por qué estás acá?». «En un Hospital psiquiátrico pasa eso, en una cita normal empezás con el nombre, qué haces, tu carrera, edad, acá arrancas con contame tu mayor trauma, qué es lo que te trajo acá», relató.

Compartieron charlas sobre sus dolores y pensamientos. Facundo confesó después que sintió amor a primera vista. Durante la internación, no había celulares, radio ni televisión. Las actividades eran limitadas: comidas, talleres y tiempo libre para conversar.

«Lo elegí a él, y me dije le voy a contar toda mi vida a esta persona porque me encantó, me pareció re contra lindo y me intrigó mucho porque tenía una mirada muy triste. Yo también estaba triste pero lo disimulaba bien, no me permitía poner una cara que mostrara cómo estaba, él a kilómetros te dabas cuenta de que estaba mal. A me me dieron ganas de saber qué le pasaba, cómo podía ayudarlo», dijo Julieta.

Julieta sintió que su misión era ayudar a Facundo a estar menos triste. La conexión fue inmediata y hablaron de temas que no trataba con sus amigas de la infancia. «Hablar de temas como que no quiero existir más en esta tierra pone muy en alerta a las amistades o a tus papás que no lo entienden. La típica respuesta es que tenés una familia y amigos que te aman, que no tenés cáncer. Y yo lo sabía, pero va más allá de eso», explicó.

«Mi entorno es lo más, nunca me hicieron sentir mal pero sí era muy invalidante en el sentido de que no me dejaban sufrir, no lo tenía permitido porque había ido a un buen colegio, a una buena facultad, tenía amigas, tenía todas las aristas. Facundo me entendió desde el momento cero y en ningún momento hizo un comentario para invalidar lo que yo sentía», agregó.

Inventaron un juego de preguntas profundas. A medida que pasaban los días, Julieta se enamoró. «Pensé que no me gustaba esa parte de besar», confesó.

Durante los 15 días de internación, compartieron momentos. Facundo le escribió una carta declarando su amor. Julieta lo buscó para agradecerle y se besaron por primera vez, escondidos de las enfermeras. «Fue hermoso. A mí me incomodaba besarme con gente que no conocía mucho, de hecho pensé un tiempo que no me gustaba esa parte de besar, hasta que lo besé a él y tenía ganas de seguir estando así ochenta horas», dijo.

Sus compañeras de piso le advirtieron que la relación no duraría, pero Julieta sentía una conexión especial.

Al salir, intercambiaron números. Facundo se fue cuatro horas antes. Cuando Julieta volvió a su casa, recibió un mensaje: «Hola princesa, ¿Cómo se siente la realidad?». «Estar internado es como una pausa en tu cotidianeidad, es otro mundo, todas tus preocupaciones y tu vida se ponen en pausa. La primera vez que salís aparecen y te llevan puesto todas de vuelta», admitió.

Julieta lo invitó a su casa en Pilar, sin consultar a sus padres. Le dijo que podía quedarse a dormir. Ella les contó a sus padres que había conocido a un chico en el hospital psiquiátrico. «Tiene el mismo diagnóstico que yo, así que cuidado cómo lo van a juzgar porque todo lo que ustedes digan de él lo están diciendo de mí», advirtió. Sus padres aceptaron.

Cuando lo fue a buscar, Facundo bajó con el pelo teñido de rubio, un sombrero de cowboy, las uñas pintadas de negro, tatuajes y piercings. «Él siempre fue muy auténtico», aseguró.

Conocer a los padres de Facundo fue más sencillo, ya que ellos también han tenido problemas de salud mental. Recibió advertencias de amistades sobre haberlo conocido en una institución mental.

La relación creció y comenzaron a verse seguido. Se pusieron de novios y empezaron terapia psicológica y psiquiátrica. «Empezamos con todo esto y a chocar con la realidad, ¿Cómo hacemos de acá en adelante? porque cada uno tiene sus mambos. Ese era el miedo principal de toda la gente que me rodeaba, si uno está deprimido y el otro también se van a tirar los dos para abajo y van a terminar mal. Pero algo que me pasó siempre con Facu es que, incluso en nuestros peores momentos, cuando uno está mal el otro, de alguna forma está bien para el otro», dijo Julieta.

Al año siguiente, Julieta consiguió trabajo y una rutina. «Esta relación la ayudó muchísimo», afirmó.

Un día, Facundo le propuso matrimonio con un ramo de flores, una carta y un anillo de feria. Julieta entró en pánico, pero aceptó. «Tenía 25 años, sentía que era una adolescente para casarse. Pero le dije que sí y me puse a llorar de la emoción», contó.

No se apresuraron. Se casaron en abril, frente al lago donde tuvieron su primera cita post-internación. «Es una locura, no sé cómo explicarlo, pero cuando conectás desde lo más oscuro y encima después conectas en todo lo otro, todo es luz y felicidad», aseguró.

Julieta comenzó una cuenta de Instagram (@unrotoparaundescocidox) para hablar sobre enfermedades mentales desde la perspectiva del paciente. «Si bien nuestra historia hasta el momento salió muy bien, puede ser que te tires para abajo, que termines teniendo conductas problemáticas si salís con alguien que tiene el mismo problema que vos», aclaró.

Hoy viven juntos y decidieron no tener hijos. «Yo creo que si ya pasamos por un período donde los dos estábamos en recaída y pudimos salir adelante vamos a poder con todo lo que se nos presente. Lo bueno es que tenés a la otra persona que te recuerda que no empezás de cero, que venís veinte pasos adelantados y ya tenés un equipo psicológico y psiquiátrico que te ayuda», dijo Julieta.

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