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viernes, 24 julio, 2026
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La seguridad en el siglo XXI: dominio del territorio físico y digital

Un especialista en seguridad pública e inteligencia analiza la evolución del concepto de territorio en el siglo XXI, señalando que el control estatal debe abarcar tanto el espacio físico como el digital para garantizar la seguridad.

Un especialista en seguridad pública e inteligencia, con más de mil allanamientos y operativos en su trayectoria, afirmó que la primera regla de la seguridad es el dominio del territorio. Según explicó, durante años ese concepto se limitó al espacio físico: calles, barrios, rutas, fronteras, edificios estratégicos y espacios públicos. Allí, el Estado disputaba el control con quienes buscaban desafiarlo, mediante presencia, información y capacidad de respuesta.

En el siglo XXI, señaló, esa idea sigue siendo válida pero ya no es suficiente. El territorio tiene una segunda dimensión: el territorio digital. Las organizaciones criminales, grupos terroristas, redes de espionaje y actores que buscan influir sobre una sociedad pueden coordinarse mediante aplicaciones cifradas, financiarse con activos digitales, reclutar personas a través de redes sociales, manipular información o atacar infraestructura crítica desde cualquier lugar del mundo.

Millones de ciudadanos desarrollan parte de su vida en ese nuevo espacio: trabajan, estudian, compran, se comunican, administran su patrimonio y construyen relaciones en un entorno digital. Si el Estado solo comprende el territorio físico, sostuvo, inevitablemente llegará tarde.

El territorio físico sigue siendo indispensable. Nada reemplaza la presencia efectiva del Estado. Cuando una fuerza de seguridad recupera un barrio dominado por organizaciones criminales, controla un acceso estratégico o ejecuta un allanamiento exitoso, envía un mensaje inequívoco: la ley volvió a ocupar ese espacio. Allí viven las personas, funcionan escuelas, hospitales, empresas e infraestructura crítica. Sin ese control, no existe seguridad posible.

El territorio digital ya es un espacio estratégico. Cada teléfono celular, cada cámara conectada, cada servidor, cada red social y cada sistema informático forman parte de un territorio donde también se ejerce poder. Allí circulan datos, dinero, información sensible, operaciones de influencia y órdenes criminales.

Las amenazas híbridas combinan ambas dimensiones. Un ataque puede comenzar con una campaña de desinformación, continuar con un ciberataque contra un servicio esencial y generar consecuencias en las calles. La separación entre seguridad física y seguridad digital dejó de existir.

Durante décadas, las instituciones organizaron funciones separadas: quienes patrullaban las calles y quienes trabajaban detrás de una computadora. Hoy, esa división perdió sentido. La inteligencia, la ciberseguridad, el análisis de datos, la videovigilancia, la investigación criminal y el despliegue operativo deben integrarse en un único sistema que trabaje en la prevención sin alterar las libertades individuales.

Dominar el territorio significa comprender qué ocurre simultáneamente en ambos planos y tener la capacidad de actuar con rapidez sobre los dos. No alcanza con tener patrulleros si no se entiende cómo se organizan las bandas en el entorno digital, ni alcanza con desarrollar capacidades tecnológicas si el Estado pierde presencia en la calle.

El especialista concluyó: “Quien domina el territorio, domina la seguridad.” Hoy, ese concepto tiene dos dimensiones: la física y la digital. Si no se abordan ambos, no hay seguridad posible.

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