El analista Pablo Knopoff expuso en un programa radial su lectura del vínculo entre la sociedad argentina y el presidente Javier Milei, utilizando la imagen de ‘abrazar al cactus’ para describir la aceptación del dolor económico. También se refirió a los miedos de distintos sectores políticos.
Este viernes, en el programa de las mañanas de Perfil, el fundador de Isonomia y titular de la cátedra de Opinión Pública y Medios de Comunicación en la Maestría de Marketing Político de la Universidad de El Salvador, Pablo Knopoff, sorprendió con una metáfora que explica la relación doliente de la sociedad con el Presidente bajo la expresión “abrazar al cactus” de una mayoría de ciudadanos convencidos de que había que transitar dolor.
A la pregunta de por qué no se perciben reacciones sociales, respondió que hay “emociones positivas y negativas, pero además emociones de alta y baja energía. Las emociones de alta energía son las que sacan de la casa: la ira, el enojo, la bronca. Las emociones negativas de baja energía que dejan en la casa son preocupación, tristeza, dolor (…) “El argentino sabe que en 2001 el que más perdió fue él y dice: ‘Yo quiero un 2003, no un 2001’”.
Recordó que Aníbal Fernández recientemente dijo que no tocaría nada, porque le hicieron pasar mucho dolor al pueblo argentino. Y se pregunta: “¿Qué es esto? Es la inversión”, el dolor invertido, para pronosticar: “El argentino se va a resistir al péndulo como tal, porque en el péndulo pierde su esfuerzo” (…) “Están sobreinvertidos en este proceso, le dieron tanto a este proceso que sería un mal negocio irse”.
Acerca de la oposición, sostuvo que “tiene un problema de narración y de narradores; de narración, porque le cuesta explicarse en el posmileísmo y tiene un problema de narradores porque cuando lo hacen, la gente dice: ‘Está bueno lo que dicen, pero no le creo a quien lo dice’ (como en el caso de Aníbal Fernández). Lo que hará presidente el año que viene es aquello que más respete el esfuerzo del argentino promedio”.
Agregó que fue “un proceso de reelección el que Milei pasó el año pasado, después del último triunfo contra el kirchnerismo le dicen: ‘Bueno, ahora viene la segunda parte’. Los ciclos se acortaron (y) tiene un gran desafío que es hacer crecer no solo a la Argentina, sino a los argentinos (…) No es fácil gobernar en Occidente hoy: nunca fue tan fácil tomar el poder y nunca fue tan fácil también perderlo”.
Luego desarrolla su hipótesis de que Milei no podrá satisfacer la segunda demanda con una metáfora geométrica: los liderazgos anteriores eran poliedros con múltiples caras adaptables a las diferentes necesidades; los liderazgos actuales son cilíndricos, especialmente el de Milei, de una única forma. Y concluyó sosteniendo que “los siperistas son los argentinos que más crecieron en el último tiempo. Los que le dicen que sí al modelo de Milei y tienen objeciones. Dicen: “Sí, pero los jubilados no; sí, pero ¿te parece gritar así?”.
Y quizás el momento más revelador de su aguda exposición fue cuando se refirió a los miedos de cada sector: los libertarios, más que miedo a que vuelva el kirchnerismo, tienen miedo a que esto no funcione: “Eso les dolería en el alma”. El kirchnerismo, más que miedo a que esto funcione, “tienen miedo de no tener otra cosa que el pasado para poner adelante, porque podría ser su final”. Finalmente, el miedo de los ‘siperistas’, quienes se preguntan: “¿Soy perdedor en este modelo o soy perdedor en todo modelo? Y si soy perdedor en todo modelo, ¿para qué seguir votando?”.
Toro mecánico. Asocié este excelente estado del arte del mapa político argentino trazado por Pablo Knopoff con una conversación privada con un exfuncionario de altísimo rango también esta semana, quien sostenía que lo mejor que podría hacer Javier Milei era no presentarse a la reelección, porque lo que sabía hacer ya lo hizo y lo que es necesario hacer en el futuro no es su expertise.
A la metáfora de “abrazar al cactus”, con igual claridad expositiva antepuso la del toro mecánico como ejemplo del sillón presidencial. El toro mecánico es el dispositivo que se utiliza como entretenimiento, donde la intensidad, giros y corcoveos del toro se adaptan al nivel del participante y después de un comienzo donde quien lo monta cree haberlo dominado, se aumenta la velocidad de sus movimientos hasta que inevitablemente quien está sentado en él es eyectado de la montura. Lo que sucede con todos los presidentes, aun los más exitosos, que pasan de héroes a villanos en cuestión de tiempo, por lo cual, saber retirarse antes y especialmente aquellos que consiguieron realizar lo que había prometido, sería la más sabia decisión.
Mauricio Macri contó la anécdota del rabino con supuestas capacidades adivinatorias que le pronosticó el triunfo en su reelección de 2019 y en 2020 lo llamó desde el exterior para decirle: “Vio, Macri; ganó”. El expresidente contestó: “¿Cómo que gané?”. Y rabino remató: “Claro que ganó; imagínese si le hubiera tocado presidir la Argentina con pandemia”.
La metáfora del toro mecánico es muy ilustrativa para todo presidente, el dispositivo –la presidencia– de hacer creer a todo domador que él sí podrá controlarlo porque al comienzo todos lo controlan, por lo menos los primeros dos años, algunos, tres, otros cuatro, pero después de una reelección, todos fracasan en esa etapa y terminan retirándose vapuleados.
Aun aquellos que están plenamente convencidos de lo que denominan “rumbo” –un conjunto de ideas y valores que trascienden a la reducción del déficit fiscal y la inflación–, la idea de que para garantizarlo es necesario que Milei sea reelecto debería repensarse y considerar que lo mejor sería que la dirección fuera continuada por otro presidente de un campo político diferente.
Milei debería prestar atención a su valorada Margaret Thatcher, quien decía que el triunfo en política es que su opositor terminara adhiriendo a sus ideas. Y también a las estadísticas: un estudio de McKinsey sobre gobernadores norteamericanos encontró que el 78% terminó su segundo mandato con una aprobación inferior a la que tenían al comenzarlo.
La llamada “maldición del segundo mandato” tiene explicaciones lógicas: el primer mandato está regido por “el bono de la esperanza” y hasta el beneficio de la duda, mientras que en el segundo se produce la fatiga del electorado, expectativas más altas, pérdida de novedad y conflictos dentro de la propia coalición. Puede mirar a Donald Trump y recordar que en Latinoamérica el patrón es aún más marcado que en Estados Unidos por la mayor volatilidad económica aun en el éxito.
Pablo Knopoff desarrollo el doble concepto de mandato, como duración: primero o segundo mandato presidencial, y como encargo: el mandatario responde a un servicio. El de Milei, ¿se estará cumpliendo?
