Aunque la recepción efusiva de un perro suele interpretarse como una muestra de alegría, especialistas advierten que puede ser síntoma de un trastorno de conducta.
Para la mayoría de las personas que conviven con un perro, ser recibidos con saltos, ladridos y lengüetazos al cruzar la puerta representa un momento de conexión emocional. Sin embargo, expertos en veterinaria y etología clínica señalan que esa efusividad extrema puede ocultar un cuadro de malestar psicológico.
Cuando un perro reacciona de forma desproporcionada, como corriendo en círculos, llorando, jadeando o miccionando por excitación, no necesariamente expresa alegría pura, sino una descarga de tensión acumulada. Durante las horas de ausencia de sus tutores, muchos animales experimentan dificultades para gestionar la soledad. Al reencontrarse, la angustia contenida se libera en conductas hiperactivas, según especialistas consultados.
Este comportamiento está vinculado al Trastorno de Ansiedad por Separación (TAxS), una patología de conducta frecuente en perros. Según el sitio web de AniCura, donde se detalla la ansiedad por separación en perros, sus síntomas y tratamiento, los expertos aclaran que esta conducta no debe interpretarse como venganza, manipulación o exceso de mimos, sino como una respuesta emocional intensa asociada a angustia real. El informe advierte que el estrés crónico no abordado puede derivar en conductas autolesivas, destrucción de objetos del hogar, anorexia y problemas gastrointestinales.
Ignorar estas bienvenidas desmedidas puede tener consecuencias físicas. Los picos de sobreexcitación elevan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que resulta crítico para perros mayores o con cardiopatías. Además, la ansiedad puede manifestarse en ausencia del tutor mediante ladridos persistentes, destrucción de objetos o automutilación por lamido excesivo.
Los especialistas sugieren desmitificar las salidas y entradas. Al salir, se deben evitar despedidas largas y melodramáticas. Al regresar, recomiendan ignorar al animal hasta que sus cuatro patas estén firmes en el suelo y sus constantes vitales se hayan normalizado, momento en el cual se le debe brindar atención y afecto.
No todos los casos de hiperactividad o destructividad corresponden a ansiedad por separación. Un perro puede mostrar esos comportamientos por aburrimiento, falta de activación mental, déficit de estimulación física, patologías médicas subyacentes, fobia a ruidos fuertes, intolerancia al confinamiento, frustración generalizada, juego efusivo o falta de aprendizaje en conductas de eliminación. Por ello, el diagnóstico veterinario personalizado es indispensable para aplicar el tratamiento correcto.
