El 4 de julio de 1976, cinco religiosos fueron asesinados en la parroquia de San Patricio, en el barrio porteño de Belgrano. El hecho, ocurrido en el contexto de la dictadura militar, fue vinculado a un atentado previo de Montoneros contra la Superintendencia de Seguridad Federal.
El 4 de julio de 1976, cinco personas ingresaron a la casa de los palotinos en la calle Estomba 1942, en el barrio porteño de Belgrano. Según consta en registros históricos, los atacantes hicieron arrodillar a tres curas y dos seminaristas en el living del primer piso, les ataron las manos, les vendaron los ojos y les dispararon 28 veces con cuatro pistolas Browning y una pistola ametralladora.
Antes de retirarse, los agresores pintaron en la puerta del living: “Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal. Viva la Patria”, y en la alfombra: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM”, en referencia al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. También arrojaron un póster de Mafalda sobre el cuerpo de uno de los seminaristas.
La masacre, conocida como la “Masacre de San Patricio”, ocurrió dos días después de la explosión del comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, en la calle Moreno al 1400, que dejó 23 muertos y 110 heridos. Ese atentado fue reivindicado por el grupo guerrillero Montoneros.
Según investigaciones periodísticas y judiciales, el principal objetivo de los atacantes era el seminarista Emilio Barletti, de 23 años, quien militaba en Montoneros. Barletti integraba la Columna Sur de esa organización y formaba parte del grupo Cristianos para la Liberación. Los otros seminarista, Salvador Barbeito, y los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau también fueron asesinados.
El entonces dictador Jorge Rafael Videla, en entrevistas posteriores, afirmó que el hecho fue “un acto de torpeza tremenda” y que “podríamos haberle pedido a la Iglesia que los sacara del país”. Videla sostuvo que nunca se supo quiénes fueron los autores materiales. La Iglesia Católica atribuyó la masacre a sectores de la represión ilegal, en particular al general Carlos Suárez Mason.
En 2005, el entonces cardenal Jorge Bergoglio impulsó la beatificación de los cinco religiosos, pero el expediente quedó trabado en el Vaticano debido a la discusión sobre el vínculo de Barletti con la guerrilla.
