El sociólogo sueco y experto en ética de datos, Carl Öhman, advierte sobre los riesgos de concentrar los datos póstumos en manos de gigantes tecnológicos y propone repensar la gobernanza digital.
El investigador y autor del libro Dioses de los datos, Carl Öhman, sostuvo en una entrevista que la inteligencia artificial (IA) puede generar vidas más eficientes, pero a costa de la autonomía humana. Öhman, sociólogo de formación y experto en ética digital, abordó temas como la gestión de datos de personas fallecidas, el poder de las grandes tecnológicas y la regulación de la IA.
Öhman señaló que, hacia 2017, durante su doctorado en la Universidad de Oxford, comenzó a considerar los datos póstumos como un problema social de primer orden. “No es solo una cuestión filosófica y ética, sino uno de los mayores problemas sociales del siglo XXI”, afirmó. Junto a un colega científico de datos, realizó proyecciones sobre la cantidad de datos que dejarán atrás las personas fallecidas en redes sociales en las próximas décadas.
El investigador explicó que los datos digitales no son eternos: “Tus datos solo existen mientras haya alguien dispuesto a pagar para que existan en ese servidor”. Destacó que el almacenamiento es costoso y que los centros de datos pertenecen a empresas privadas. “Monopolizamos el acceso a nuestro pasado colectivo en manos de un puñado de gigantes tecnológicos”, dijo, y advirtió que esas empresas no siempre actúan en beneficio del bien común.
Sobre la regulación europea de protección de datos (RGPD), Öhman señaló que excluye a los fallecidos. “Los muertos no votan”, afirmó, y agregó que los políticos no invierten en temas que no atraen votantes. También alertó sobre el riesgo de que, si una plataforma quiebra, los datos de millones de usuarios fallecidos sean subastados sin control legal. “Es posible que todos los datos de Facebook sean subastados a una empresa china o rusa”, dijo, y mencionó que líderes políticos tienen rastros digitales previos a su llegada al poder, lo que abre oportunidades de chantaje.
Öhman comparó el resurgimiento de la interacción digital con los muertos con prácticas premodernas. “Con la IA, hay oportunidades de hacer que los muertos permanezcan vivos a través de bots”, indicó, pero advirtió que el problema no es la tecnología en sí, sino el sistema económico que la explota. “Si se convierte en un negocio donde la gente es manipulada emocionalmente, eso es poco ético”, sostuvo.
En cuanto al uso de IA en política, el investigador mencionó la campaña de Hillary Clinton en 2016, que usaba simulaciones para optimizar decisiones. “Estamos delegando el comienzo político y reemplazándolo por una dominación del pasado”, afirmó, citando a Hannah Arendt. Consideró que esto abandona los ideales democráticos de autogobierno.
Consultado sobre el enfoque del gobierno argentino de organizar el Estado en torno a la IA, Öhman dijo que suena a “una palabra de moda”. Preguntó: “¿En qué se diferencia eso de cualquier Estado que usa datos y algoritmos para tomar decisiones?”. Sobre la desregulación digital, respondió: “Quien tenga más capital decidirá qué datos se preservan, comercializan o desaparecen”.
Finalmente, Öhman se refirió a la propuesta del presidente Javier Milei de crear una ley para empresas gestionadas por IA sin responsabilidad humana. Lo calificó como “una jugada trampa”. Además, señaló que Milei, al afirmar que “el capitalismo y el mercado son la expresión de Dios”, realiza una transposición de mecanismos religiosos al mercado, similar a la crítica marxista original.
