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miércoles, 17 junio, 2026
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Día 919: Argentina, el Mundial 2026 y la instantánea de una época

El Mundial de fútbol de 2026 encuentra a la Argentina en un contexto social, económico y cultural diferente al de Qatar 2022. El artículo analiza los cambios en la sociedad, la política y la figura de Lionel Messi como reflejo de una época.

Los mundiales suelen funcionar como una fotografía emocional de cada época, una instantánea capaz de capturar estados de ánimo, expectativas, temores y aspiraciones de la sociedad. Con el paso de los años, muchas veces se recuerda tanto el contexto histórico que rodeó a cada torneo como los partidos mismos. México 1986 quedó asociado a la recuperación democrática, a las heridas de la Guerra de Malvinas y al gol de Diego Maradona a Inglaterra. Francia 1998 coincidió con el auge de la globalización y el optimismo de los años noventa; Sudáfrica 2010 acompañó el ciclo de expansión económica de América Latina; Rusia 2018 encontró a la Argentina en medio de las dificultades del gobierno de Mauricio Macri; y Qatar 2022 se convirtió en la celebración colectiva tras la pandemia.

En estos cuatro años desde Qatar 2022 cambiaron el Gobierno y las formas en que los argentinos se relacionan con la información, con la autoridad, con las instituciones y entre sí. La Argentina que celebró el Mundial de Qatar todavía salía de la experiencia traumática de la pandemia, cuando predominaba la idea de que los problemas colectivos requerían respuestas colectivas. Cuatro años después, el clima social se ha desplazado hacia el extremo opuesto. El ascenso de Javier Milei puede leerse como el síntoma de una sociedad cansada de las promesas incumplidas y escéptica respecto de las soluciones colectivas.

El fútbol sigue siendo una de las pocas actividades capaces de poner en primer plano el valor de lo colectivo. La selección campeona en Qatar adquirió un significado profundo para millones de argentinos. Lionel Scaloni construyó un ciclo cuya principal fortaleza era una red de liderazgos complementarios, donde convivían el liderazgo silencioso de Messi, la intensidad de Rodrigo De Paul, la seguridad de Dibu Martínez y la energía de jóvenes como Julián Álvarez y Enzo Fernández.

Los festejos de Qatar 2022 representaron el último gran acontecimiento de unidad nacional absoluta. Millones de personas salieron a las calles sin consignas partidarias. Algo que no pasó, por ejemplo, recientemente con la muerte del Indio Solari, más asociado al kirchnerismo. La pregunta inevitable es: ¿Qué significa ser argentino en 2026? La llamada “batalla cultural” de Milei expresa esa transformación. Lo que antes se discutía en términos económicos o institucionales ahora se debate en el terreno de los valores o la moral.

Estados Unidos 2026 encuentra a Javier Milei atravesando las dificultades propias de un tercer año de gestión. Aunque el oficialismo logró consolidar parte de su programa económico y reducir algunos desequilibrios históricos, la recuperación no termina de traducirse en una mejora perceptible para amplios sectores. Los escándalos de corrupción, como el caso Adorni, han comenzado a erosionar la imagen de una fuerza política que llegó al poder presentándose como una ruptura moral con la vieja dirigencia.

Messi, a los 38 años, volvió a demostrar que la experiencia puede ser tan valiosa como la juventud. La Argentina de 2026 parece una sociedad más experimentada, menos ingenua que hace algunos años, consciente de sus heridas y de sus límites. Como Messi, el país parece haber perdido algunas certezas, aunque todavía conserva la voluntad de seguir jugando el partido.

Comparar a Maradona y Messi equivale a comparar dos momentos históricos diferentes. Maradona representó la era de los grandes relatos políticos, las pasiones ideológicas y las figuras rebeldes. Messi encarna el tiempo de la hiperconectividad, las marcas globales y la comunicación permanente. La idolatría que despertaron refleja las transformaciones de la subjetividad colectiva y los modelos de liderazgo admirados en cada época.

Messi, en una época atravesada por la sobreexposición permanente y la polarización constante, construyó su prestigio alrededor de la disciplina, la eficacia y la perseverancia. Es el ídolo de la “sociedad de la transparencia”, como diría Byung-Chul Han. Sin embargo, la fascinación por los individuos extraordinarios convive con una paradoja: ninguna sociedad puede sostenerse únicamente sobre figuras excepcionales. Los países necesitan instituciones, acuerdos y proyectos colectivos capaces de trascender a sus líderes.

Mientras tanto, Messi sigue jugando. Ayer volvió a recordarle al mundo por qué es uno de los grandes deportistas de todos los tiempos. El Mundial de 2026 llega para mostrar cuánto cambió la Argentina desde aquella tarde en Qatar y, al mismo tiempo, cuánto sigue buscando las razones que le permitan sentirse una sola.

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