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miércoles, 10 junio, 2026
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La historia de la Copa Jules Rimet: robos, hallazgos y destrucción

La Copa Jules Rimet, trofeo original del Mundial de Fútbol, fue robada en 1966 en Londres y hallada por un perro; posteriormente, en 1983, fue robada nuevamente en Brasil y fundida por un joyero argentino.

El domingo 27 de marzo de 1966, David Corbett paseaba a su perro Pickles por Londres cuando el animal encontró un paquete envuelto en periódicos bajo un árbol. Dentro estaba la Copa Jules Rimet, que había sido robada diez días antes del Central Hall Westminster. Scotland Yard desplegó un centenar de agentes sin éxito; el hallazgo ocurrió por casualidad.

La copa fue creada por el escultor francés Abel Laffleur, representaba a la diosa Niké y medía 30 centímetros, pesaba 3.800 gramos de plata esterlina enchapada en oro. Fue bautizada en honor a Jules Rimet, presidente de la FIFA que organizó el primer Mundial en 1930.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el dirigente italiano Ottorino Barassi la escondió bajo su cama para protegerla de los nazis. Luego pasó a manos de Alemania y Brasil, que la ganó en 1958 y 1962. En 1966 llegó a Londres para el Mundial que Inglaterra organizaba.

El 18 de marzo de 1966 fue colocada en una vitrina del Central Hall Westminster. Al día siguiente, el guardia se ausentó para tomar café y la copa desapareció. Tras diez días de investigación sin resultados, Pickles la encontró. El dueño cobró 6.000 libras de recompensa y recibió comida gratis para el perro por un año. Pickles murió ahorcado en 1970 al engancharse su correa mientras perseguía un gato.

Inglaterra ganó el Mundial de 1966. Brasil obtuvo su tercer título en 1970, lo que le permitió quedarse con la copa de forma definitiva según las reglas de Rimet. El trofeo fue trasladado a la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) en Río de Janeiro.

La noche del 19 de diciembre de 1983, dos hombres se escondieron en el baño de la CBF, redujeron al sereno y desarmaron la vitrina por detrás para robar la copa. El plan fue ideado por Sergio Pereyra Alves, empleado bancario, y ejecutado por José Luiz Vieira da Silva y Francisco José Rocha. La copa fue entregada al joyero argentino Juan Carlos Hernández, quien la fundió para vender el oro en lingotes, según la policía brasileña.

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