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miércoles, 27 mayo, 2026
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Estanislao Bachrach: “El camino del descubrimiento no llega solo, uno tiene que proponérselo”

El doctor en biología molecular y especialista en neurociencia reflexionó sobre su desarrollo personal y los desafíos actuales en la crianza de adolescentes, destacando la importancia de gestionar la frustración.

En una entrevista con LA NACION, el doctor en biología molecular y especialista en neurociencia, Estanislao Bachrach, reflexionó sobre su desarrollo profesional y los desafíos actuales en la crianza de adolescentes. Subrayó la importancia de aprender a gestionar la frustración.

Sobre su desarrollo profesional, Bachrach destacó su camino hacia el descubrimiento personal. “Lo que no creo es que salga solo, uno tiene que proponérselo. En mi caso fue el ‘clásico porteño’: a través de la terapia”, afirmó. En ese sentido, sostuvo: “Es pasar del ‘pensar’ al ‘sentir’, y comenzás a elegir un poco mejor. Lo digo de otra forma: empezás a arrepentirte menos de las decisiones que vas tomando”.

La trayectoria de Bachrach ha estado marcada por una transición desde el rigor académico de la biología molecular hacia un enfoque integral que incorpora la meditación y la respiración. Este camino, incentivado por la cuarentena, le permitió investigar científicamente la relación entre el cuerpo y la mente. “El disparador fue la pandemia, y más que la pandemia, la cuarentena. Ahí empecé a decir: ‘Bueno, mi cuerpo no solo lleva mi cabeza a todos lados, sino que debe tener otras cosas’”, relató.

En cuanto a sus vivencias personales con el dolor crónico, Bachrach destacó una distinción fundamental: “Empecé a darme cuenta, con la ayuda de un terapeuta cognitivo-conductual, que, además de que me dolía mucho, sufría mucho”. Ratificó que la meditación y la modificación de los patrones respiratorios ofrecen evidencia científica sobre la mejora del bienestar general. Al ser consultado sobre el impacto a largo plazo, concluyó: “Se empieza a modificar la estructura y, a veces, la función de ciertas áreas del cerebro. En especial, la atención, porque meditar es llevar la atención a un solo lugar”.

Para el biólogo, las emociones no deben categorizarse como negativas o positivas, sino como parte de una experiencia humana que incluye estados displacenteros. Sostuvo que la formación en la gestión de estas experiencias requiere constancia y esfuerzo, cualidades que, a su juicio, escasean en la vida adulta contemporánea. “La frustración es algo normal, el tema es poder decirlo y buscar ayuda. También es bueno que vean que todo este mundo de las emociones es un mundo normal, no es un mundo negativo, a veces es un mundo displacentero; y entender que en la vida uno no tiene todo lo que quiere cuando quiere”, subrayó.

“Yo no soy experto en adolescencia ni en educación. Lo que observo de los hijos de mis amigos y de mis hijos tiene mucho que ver con el nivel de calidad de presencia. De cuando eran más chicos, antes de ser adolescentes, dónde estuvo el papá y la mamá en esa familia”, relató el especialista. Bachrach señaló que, frente a un mundo que ofrece inmediatez, es vital que los adolescentes comprendan que en la vida uno no tiene todo lo que quiere cuando quiere. Enfatizó que el entorno familiar debe funcionar como un espacio donde la frustración pueda ser verbalizada y trabajada. “El hecho de poder hablarlo –porque saben que el papá no los va a juzgar–, genera otro debate y la posibilidad de trabajar la frustración”, concluyó.

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