La actriz Emilia Mazer y su hija Uma, de 18 años, abren las puertas de su hogar para hablar sobre su relación, los desafíos de la crianza y el futuro artístico de la joven.
Emilia Mazer (60) comenzó su carrera actoral a los 19 años con la película Los chicos de la guerra, un hito en el regreso de la democracia en Argentina. Hoy comparte escenario con Julio Chávez en La Ballena, presenta el unipersonal Las de siempre y dicta clases de teatro. Su hija Uma (18) supo desde pequeña que su futuro estaría en el escenario: a los 15 viajó a Nueva York para estudiar en GO Broadway y, tras terminar el secundario, ingresó a la Escuela de Música Contemporánea. Además, toma clases de teatro con su madre, quien próximamente la dirigirá en la obra Alta en el cielo.
—Uma, ¿cuándo supiste que querías cantar?
—¡Desde que nací!
Emilia: Literalmente, estaba en la sala de neonatología y lloraba con mucha intensidad, con un tono muy agudo, y el neonatólogo me dijo: “¡Qué voz tiene!”. A los 3 años me dijo: “Mami, quiero cantar en televisión”. Le expliqué que no era tan sencillo y que debía estudiar. A los 7 años comenzó a prepararse.
Uma: Recuerdo que un productor de Tinelli me llamó para un programa de canto, pero como querían que cantara temas que no me gustaban, no acepté. Prefiero construir mi carrera musical por otro camino, no a través de un reality.
Madre e hija viven en un PH antiguo, lleno de colores, instrumentos musicales y una perra caniche que las acompaña desde hace años. Emilia fue madre a los 43, tras varios tratamientos de fertilidad junto a su entonces pareja, el empresario Juan Leguizamón.
—¿Tu papá apoya tu camino artístico?
Uma: ¡Totalmente! Le gusta que cante, que actúe, que me exprese. Él se enamoró de mi mamá y decidió tener una hija con ella, así que no le sorprendió que yo quisiera ser actriz. Le fascina todo lo que hago mientras lo haga con respeto, humildad y madurez.
—Emilia, ¿cuándo notaste que Uma se había convertido en una mujer que va por lo que quiere?
Uma: Creo que ella todavía me ve como una niña. (Risas).
Emilia: Es cierto, a veces pasa. Pero en la preadolescencia me asusté mucho porque de repente dejó de darme besos y abrazos, siendo que siempre fue muy cariñosa. Me resultó chocante. Pero aprendí a acompañarla. Cuando me voy de gira o ella va a la casa de su papá, veo los cambios. A veces una actitud me hace sentir que hay una mujer enfrente. Siempre le di la posibilidad de expresarse. Me encuentro con una mujer que aún es adolescente, pero disfruto mucho las charlas profundas que tenemos.
—En una entrevista anterior dijiste que eras un poco idishe mame.
Emilia: No son tiempos fáciles. Conozco padres que controlan la ubicación de sus hijos por el celular. Yo nunca ejercí ese control. Queremos evitarles obstáculos, pero recuerdo que cuando era adolescente les decía a mis padres: “Me lo podrán evitar, pero lo tengo que vivir”. Mi tarea es prepararla para el mundo, no solo académicamente sino también emocionalmente.
—¿Cuál fue la discusión más fuerte que recuerdan?
Uma: Hay varias, pero no se pueden contar públicamente. (Risas).
Emilia: Uno de los conflictos más grandes fue el UPD (último primer día del secundario) en casa. ¡Casi me muero! Eran como cuarenta chicos y algunos no los conocía. Los amigos de ella vienen desde chicos, este es el lugar de encuentro. Seré una de las madres más grandes, pero saben que soy piola.
Uma: ¡Sí! Para mis amigos es “la” madre canchera.
Emilia: Canchera, pero pasé cinco días limpiando el desastre.
—Uma, ¿qué es lo que más admirás de tu mamá?
—Que es una mujer que se reinventa constantemente. Cada obstáculo lo toma como impulso para seguir adelante. No es una carrera fácil la de actriz en este país, y ella logró vivir de su pasión y comprar la casa donde vivimos.
—¿Y qué le criticás?
—Quizás la extrema sensibilidad de los actores. Todo le pasa por el cuerpo: un ruido la afecta como una bala; si algo es lindo, es la más feliz; si es triste, lo peor.
—Emilia, ¿qué te cuesta entender de Uma?
—Que no necesite hablar de ciertas cosas. Para mí hablar alivia, acerca, descarga. Ella tiene otros tiempos. A veces en el auto me decía: “No quiero hablar”, y me cortaba.
Uma: Le gusta hablar todo. (Risas). Ahí está la intensidad.
—¿Qué aprendés de tu hija?
—Muchas cosas. Tengo pensamientos algo machistas, patriarcales, propios de una mujer criada en la dictadura. Sé que hay cosas que no puedo decir, no solo por lo políticamente correcto, sino porque debo modificar ese pensamiento. Mi hija es mi maestra en ese sentido. Creemos que educamos a los chicos, pero ellos nos traen el presente y nos muestran cómo cambiar.
—Hace un tiempo que no estás en pareja… ¿Te gustaría volver a enamorarte?
—Para enamorarme hay que darme varios sartenazos en la cabeza. (Risas). Son tiempos complejos, tengo una edad compleja, pero tengo fe. Me interesa más enamorarme que estar en pareja.
—Uma, ¿te gustaría que tu mamá se enamore?
—¡Sí! Soy hija única y estaría bueno que tenga a alguien con quien compartir.
