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lunes, 11 mayo, 2026
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Renunció a su trabajo para viajar por el mundo y ahora reflexiona: ¿qué cambia realmente con este tipo de experiencias?

Fernando Caíno dejó su empleo en tecnología y su vida en Mendoza para recorrer el mundo. Tras meses de viaje por España, Marruecos, India, China y otros países, comparte sus reflexiones sobre el impacto real de estas aventuras.

Cierto día, Fernando Caíno perdió la brújula. Con un buen trabajo remoto en el área de tecnología, se había mudado desde Buenos Aires a Mendoza junto a su expareja con la idea de empezar una vida juntos. Creía que todo se hallaba encaminado, pero, tras ocho años de relación, su historia de amor llegó a su fin y Fernando no supo qué hacer: “Quedé medio descolocado. Ya no me sentía cómodo en Mendoza y volver a Buenos Aires lo veía como un retroceso personal”, cuenta al rememorar aquellos días.

Deseoso de encontrar un cambio y la felicidad perdida, Fernando decidió que era tiempo de viajar, algo que siempre le había encantado, pero a lo que no le dedicaba el tiempo suficiente. Ahora, sin pareja y sin responsabilidades a su cargo, decidió renunciar y lanzarse a la aventura. A nadie le llamó la atención su decisión; lo único que generaba intriga era saber hacia dónde iba a ir. Pero, en el fondo, era otra la pregunta que había comenzado a entretejerse en su historia: ¿qué cambia realmente con este tipo de viajes?

Empezó con un clásico: España en modo turista, aunque con la idea de hallar un rincón que lo enamorara y lo impulsara a quedarse. Durante un mes recorrió varios puntos del país ibérico, y si bien quedó prendado de Granada y Barcelona, sintió que debía seguir, e incluso sumar un desafío de la mano de su pasión por el trekking. Decidió rescatar un viejo sueño y realizar el Camino de Santiago completo. Dejó la idea del arraigo de lado y se lanzó a esa experiencia, que resultó magnífica y donde todo lo demás pasó a un segundo plano: “Lo único que importaba era llegar al próximo pueblo al día siguiente. El pasado y el futuro quedaron relegados, y fue mi manera de conectarme con el presente”.

“Me encantó la experiencia, y además me permitió conocer gente de todo el mundo, cada uno con su propia historia detrás y con experiencias que yo también quería hacer”, cuenta. Tras culminar el Camino de Santiago, las revelaciones fueron varias; entre ellas, que todavía no era tiempo de parar. Fernando optó por cruzar a Marruecos, siguió camino a Italia y pasó Año Nuevo en Dubái, para luego lanzarse hacia un mundo más extraño aún dentro de Asia y la Ruta de la Seda. Pasó tiempo en India, Sri Lanka y Nepal, luego siguió desde China hacia Turquía, pasó por Mongolia, Asia Central y el Cáucaso. En su aventura combinó el transporte local, ir a dedo y mucho trekking, en especial en el Himalaya, Nepal, Kirguistán y Georgia, donde se sumergió en verdaderos paraísos.

De todos aquellos destinos, hubo uno que lo impactó de sobremanera. Cuando llegó a la India, Fernando se preguntó cómo hacía ese país para avanzar y no desmoronarse entre tantas millones de personas con grandes desigualdades y realidades conviviendo al mismo tiempo. Como a tantos otros, no lo dejó indiferente con sus religiones en tensión, ciudades caóticas, ruido constante, suciedad y diversidad de lenguas. “En lo social vi temas sensibles. La homosexualidad sigue siendo bastante tabú. Varias veces se me acercaron jóvenes a preguntarme si me gustaría tener algo con ellos. Me decían que cuando ven a un extranjero solo suelen animarse porque no está el riesgo de ser juzgados por su comunidad. En general, me contaban que nadie en su familia sabía y que solían usar las apps de citas para tener encuentros con extranjeros. Por otro lado, los matrimonios arreglados todavía son comunes, especialmente en algunas regiones del sur, y muchos jóvenes lo ven como algo normal; es más, me decían que a ellos les daba fiaca andar buscando y que sus padres iban a saber mejor que él o ella quién les convenía”. “Pero al mismo tiempo, tienen aspectos que hace imposible no quererlos; la hospitalidad de la que tanto se escucha es verdad, sumado a la espiritualidad presente en la vida diaria. Personas con las que hablé tan solo unos minutos me invitaron a comer, me llevaron a pasear, me preguntaban de Argentina, de Messi, de mis estudios y mi vida. Son muy curiosos y sociables. Sumado a la rica historia que tienen como país, a la comida deliciosa, a los paisajes diversos, India se terminó ganando un lugar entre mis favoritos”, revela.

“China, por otro lado, me encantó; fue, probablemente, el país que más me sorprendió y uno de los que más disfruté. Siento que están varios años adelante en muchos aspectos, incluso comparado con Estados Unidos y Europa. Para mí, el presente y futuro pasa por acá”, continúa. “Además, llegué con ciertos prejuicios basados en experiencias previas con los chinos de Argentina y la realidad fue muy distinta. Me encontré con gente sumamente amable, sociable, curiosa y abierta a interactuar con extranjeros. Más de una vez, cuando decía que era de Argentina, además de mencionar a Messi, surgía el tema de las Islas Malvinas. Lo tienen bastante presente porque lo comparan con el caso de Taiwán, y eso generaba cierta empatía en las conversaciones”.

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