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domingo, 10 mayo, 2026
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La inteligencia se pone de moda: del ‘geek chic’ a los clubes de lectura de celebridades

Contra los clichés que asocian belleza con superficialidad, la moda y el espectáculo abrazan la cultura. Desde Dua Lipa hasta Taylor Swift, pasando por las colecciones de Dior y Miu Miu, la tendencia ‘smart sexy’ conquista las redes y las vidrieras.

Contra todo pronóstico y a contracorriente de cualquier cliché, la inteligencia se puso de moda. Celebridades que muestran sus lecturas en las redes sociales en lugar de vestidos o maquillaje. Cantantes que estructuran una obra en cada disco, con toda clase de citas que remiten a la tradición clásica. Etiquetas fashion que convocan a comprar libros en lugar de carteras. Y looks que remiten a la universidad y las bibliotecas y ocultan el cuerpo bajo varios metros de tela. La moda todo lo toca y el capitalismo todo lo absorbe. Y ahora le llegó el turno a la cultura.

Tal vez no se trata tan sólo de una tendencia que parece profunda pero es tan superficial como cualquier otra. Hace unos días, un artículo del diario inglés The Guardian reflexionaba sobre la movida “smart sexy” atribuyendo sus señales a una necesidad social de combatir el anti-intelectualismo de las nuevas derechas, representadas en las ideas de Donald Trump. Ignorar a los pensadores, boicotear a las universidades, reírse de los pronósticos sobre el cambio climático es parte de un discurso que ha transformado a la cultura en un despreciado territorio de la izquierda. Pero más que al contexto político, también podríamos atribuir estas manifestaciones culturales ligadas al mundo del show y la moda a un interés genuino de los creadores dentro de ese ámbito por la historia del arte y la literatura. Desde Karl Lagerfeld a Pablo Ramírez, sobran los ejemplos.

Un antiguo cliché es el que supone que si te fascinan los vestidos, no puede gustarte el cine de autor o los ensayos de Judith Butler. ¿Otro cliché? Si sos linda no podés ser inteligente. Si desfilas por una pasarela no es probable que entiendas a Borges. Y si cantás trap no hay chance de que te interese visitar el Louvre. Empezaron hace tiempo con celebrities que mostraban lo que leían en Instagram. Dua Lipa, Reese Whitherspoon y Sarah Jessica Parker fueron las pioneras. Hoy todas tienen clubes de lectura y, para escándalo de muchos, Parker fue miembro del jurado de uno de los premios literarios más importantes del mundo, el Booker Prize. Este galardón distingue en el Reino Unido a la mejor novela del año anterior escrita en lengua inglesa.

En vista de la constante caída de las cifras de lectores en el mundo, el apoyo de los famosos no le viene nada mal a la industria editorial. Pero las celebrities también escriben. Por ejemplo, la modelo Emilia Ratajkowski vendió miles de ejemplares de su libro de ensayos “Mi cuerpo” y, entre nosotros, Oriana Sabatini acaba de debutar en la literatura con su novela “Podría quedarme acá”, publicada por Sudamericana. En otros ámbitos del showbiz, las composiciones de Taylor Swift sorprenden por su arquitectura, ligada a los proyectos poéticos de largo aliento y también las de Rosalía, inspiradas en grandes piezas de la música clásica y en las imágenes del Renacimiento y el Barroco.

En cuanto al estilo intelectual o “geek chic”, su presencia en las vidrieras es evidente. En él confluyen el “quiet luxury” que estuvo de moda en los últimos años y que proponía prendas muy clásicas, de máxima calidad, sin estridencias ni excesos, y el “oversize” que mostraron las colecciones de casi todo el mundo. Los trajes masculinos, los anteojos de pasta, las camisas grandes y hasta accesorios con reminiscencias del siglo XIX (también llamado “poet look”) están presentes en las calles de la mayoría de las ciudades ahora mismo.

Las marcas, siempre atentas a los fenómenos sociales, no tardaron en sumarse a esta tendencia. Dior, por ejemplo, creó una línea de tote bags con el título de grandes obras literarias estampado en el frente: “Madame Bovary”, “Las relaciones peligrosas”, “Bonjour, tristesse”, “Drácula” y “Las flores del mal”, fueron algunos de los textos citados. El valor: entre 2500 y 4000 dólares según el tamaño. También la marca estadounidense de accesorios Coach creó unos charms o dijes del estilo de los Labubu, pero en forma de libro, para colgar de bolsos y carteras. La etiqueta Miu Miu no solo diseñó una colección con la imagen de mujeres de los ’60 vestidas con el estilo intelectual de la época, además creó un gran club de lectura que se reúne para debatir temas en profundidad. En la última edición en Milán, el tópico fue la sexualidad y el consentimiento a partir de textos de Annie Ernaux y Ama Ata Aidoo. Vuitton, por su parte, ilustró su última colección con una imagen de la actriz Jennifer Connelly posando sobre varias pilas de libros. La famosa etiqueta italiana Bottega Veneta, en manos de la diseñadora británica Louise Trotter, convocó a la escritora Zadie Smith y a la escultora Barbara Chase-Riboud, de 90 años, como imagen de la marca. Y la tienda Sézanne de Nueva York convirtió su local directamente en una librería.

Los jóvenes de la generación Z son los grandes protagonistas de esta tendencia. Los mismos que agotaron ediciones de “Cumbres borrascosas” y “Orgullo y prejuicio” al ritmo de las películas y las series basadas en los libros de Emily Brontë y Jane Austen. También son cli

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