El mercado de barrios cerrados en Argentina ofrece opciones para todos los presupuestos, desde lotes accesibles en Canning hasta terrenos premium en zona norte. Especialistas detallan las zonas más dinámicas y los factores clave a considerar.
Vivir rodeado de verde dejó de ser un lujo para convertirse en una prioridad para muchos argentinos. Este fenómeno, que tuvo su auge durante la pospandemia con una fuerte migración hacia barrios cerrados, continúa vigente aunque con compradores más selectivos. Según Alice Pfeiffer, broker inmobiliaria en Achaval Cornejo, «la vorágine de la pandemia frenó, pero las personas siguen eligiendo los barrios por estilo de vida».
La oferta de barrios cerrados no para de crecer, con propuestas cada vez más completas: canchas de pádel, fútbol, juegos infantiles, piletas, caballerizas, gimnasios, lagunas, supermercados, colegios y universidades. «La demanda se volvió mucho más selectiva, exigente y racional», señala Soledad Ramos, directora sucursal Nordelta en L.J.Ramos.
La zona norte del Gran Buenos Aires —con Pilar, Tigre y Escobar como protagonistas— agrupa gran parte de las opciones. «El crecimiento sigue concentrándose en el corredor norte, con zonas como Escobar y Tigre muy dinámicas», declara Alan Flexer, gerente de la sucursal San Isidro en Narvaez. También emerge un nuevo eje en Campana y Exaltación de la Cruz, con gran demanda según Lucas Flores, coordinador de Emprendimientos en Toribio Achával.
En el sur, Canning se posiciona como «el Pilar del Sur», con más de 60 urbanizaciones y lotes desde US$25.000. «Los terrenos rondan los 600 metros cuadrados y van desde US$25.000 hasta US$400.000», explica Claudia Madrid, gerente de Plataforma Canning en Toribio Achával.
El perfil del comprador es principalmente mayores de 40 años con hijos pequeños, que buscan seguridad y tranquilidad. También hay mayores de 60 años con «nido vacío» que priorizan calidad de vida. El 70% de las compras son de usuarios finales y el 30% inversores, aunque se espera que este último grupo crezca porque «el ladrillo siempre fue visto como resguardo de valor», agrega Ramos.
Entre los factores a considerar están las expensas, que varían según amenities pero no suelen ser determinantes. «En la Ciudad también se pagan si vivís en un edificio», compara Pfeiffer. El valor de los lotes depende de ubicación, orientación, cercanía a la guardia, topografía y arbolado. En San Isidro van desde US$200.000 hasta más de US$1.000.000; en Nordelta, barrio Carpinchos desde US$300.000 y en el Yacht a US$675.000. En Canning, las opciones arrancan en US$25.000.
