Distintas consultoras económicas advierten que, incluso excluyendo rubros como carne, combustibles y tarifas, el índice de precios mantiene una tendencia ascendente, lo que refleja una persistencia inflacionaria.
La inflación de marzo, que alcanzó el 3,4%, generó un análisis detallado por parte de consultoras privadas. Los informes coinciden en que, al excluir el impacto de combustibles, carnes, tarifas y otros componentes estacionales, la suba de precios no solo se aceleró a inicios de 2026, sino que además parece haber establecido un nuevo piso más alto que el registrado en el segundo semestre del año pasado.
Este dato resulta relevante para el equipo económico, que en días recientes atribuyó la dinámica inflacionaria a factores externos y al efecto rezagado de la volatilidad preelectoral. Sin embargo, las consultoras señalaron la reaparición de una inercia inflacionaria que podría complicar el objetivo de reducir el Índice de Precios al Consumidor (IPC) a niveles más bajos.
La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales pero incluye carnes y otros alimentos, ascendió a 3,2% en marzo, superando el 3,1% de febrero y consolidándose por encima de los mínimos de mediados de 2025. La carne fue un factor determinante, con un aumento cercano al 7%, explicando una porción significativa tanto del IPC general como del núcleo.
Para captar la tendencia subyacente, varias consultoras elaboraron mediciones alternativas. Un informe de Invecq, dirigido por el economista Manuel Cerdán, mostró que, excluyendo la carne, la inflación en promedio móvil de tres meses se ubicó en 2,5% en marzo, confirmando una tendencia ascendente ininterrumpida en los últimos cuatro meses. GMA Capital estimó que, sin combustibles y carnes, la inflación de marzo habría sido del 2,8%, mientras que la núcleo sin carnes rondaría el 2,5%. Fundación Capital llegó a una conclusión similar, situando esta medición en torno al 2,5%, luego de haber tocado mínimos del 1,5% a mediados del año pasado.
La consultora Outlier resumió que, incluso excluyendo carnes y educación, la inflación subyacente se mantiene en 2,5% mensual con una tendencia ascendente durante los últimos diez meses. JP Morgan también detectó una moderación menor a la esperada, con su medición preferida de inflación subyacente (excluyendo alimentos) en 2,7% mensual.
Un dato adicional es que la presión inflacionaria ya no proviene solo de bienes específicos, sino también de los servicios, un componente más rígido. Según Econviews, en marzo los bienes subieron 2,99%, mientras los servicios avanzaron 4,15%, acentuándose la brecha entre ambos desde principios de año, lo que reflejaría una inflación más inercial.
Por otro lado, Equilibra señaló que, de haberse implementado la nueva canasta del IPC pospuesta por el Gobierno, la inflación de marzo no habría sido 3,4%, sino 3,65%, acumulando 9,7% en el primer trimestre, dado el mayor peso de rubros como educación y nafta en la nueva estructura.
Para abril, el consenso entre las consultoras proyecta una baja. Econviews estima 2,7%, GMA Capital y Fundación Capital se mueven en la zona de 2,5%-2,7%, mientras que JP Morgan prevé que el segundo trimestre promedie 2,2%. Las razones incluyen una moderación en el precio de la carne, cierto alivio en alimentos frescos y el paso del impacto más fuerte de la educación. No obstante, se advierte que la desaceleración será parcial, ya que persistirán ajustes en transporte, prepagas y telecomunicaciones, y la inflación núcleo se mantendría en niveles elevados.
El Gobierno sostiene que, una vez absorbido el impacto de los shocks puntuales, la desaceleración volverá a imponerse gracias a la política monetaria contractiva.
