El local iniciado por Juan Antonio Hernández en 1995 incorporó más de 70 salsas y la ‘lluvia de papas’. Sus hijos continúan el negocio en Chivilcoy 3896.
En diciembre de 1995, Juan Antonio Hernández incorporó panchos con salsas exóticas en un pequeño kiosco ubicado en Nueva York 4010, frente a la plaza Arenales, en Villa Devoto. El local, que entonces tenía unos 25 metros cuadrados, atravesaba dificultades económicas. Gastón Hernández, de 51 años, hijo del fundador, declaró: “Nos estaba yendo muy mal económicamente y mi papá, Juan, se puso un pequeño kiosquito para tener alguna entrada diaria para comer”.
La idea de ofrecer panchos con salsas distintas a las tradicionales mayonesa, kétchup y mostaza derivó en la creación de más de 70 variedades e incorporó la “lluvia de papas”, papas pay sobre el pancho. Según Gastón, su padre dijo: “Los quiero hacer diferentes, que no sean los clásicos con mayonesa, kétchup y mostaza”. Las primeras salsas fueron de pepino y pickles. Para promocionar el producto, Juan regalaba panchos a los jóvenes de la plaza. “Empezó a llamar a los chicos de la plaza para hacerles probar gratis. Hacía eso todos los días. También tuvo mucho éxito con los adolescentes que se acercaban al local antes de ir al boliche a comer un pancho y después volvían a la madrugada por más”, recordó Gastón.
El local fue conocido inicialmente como “Los panchos de Juan”, luego “los panchos de Pedro” por el parecido de Juan con Pedro Picapiedras, y finalmente un hijo propuso el nombre Peter’s. Una noche de tormenta, Juan agregó papas pay a los panchos de los clientes que volvían de bailar y llamó a esa creación “Lluvia de papas”. A partir de entonces la concurrencia aumentó.
De las dos salsas originales llegaron a ofrecer 71 opciones. Actualmente tienen alrededor de 50, entre ellas la salsa criolla y el queso parmesano como favoritas. También ofrecen opciones picantes como jalapeños, mostaza picante y la “Volcánica”, con chiles frescos, tabasco y vinagre. Las salchichas disponibles son de Viena, alemana con piel y una opción vegetariana. El pan es artesanal, amasado a mano por el mismo panadero desde los inicios, con una fórmula entregada por Juan, y se sirve caliente.
El éxito llevó a la mudanza a un espacio más amplio en Chivilcoy 3896, a metros del local original. En el año 2000, según Gastón, las ventas eran altas y el local permanecía abierto muchas horas. “Se vendía muchísimo. No podíamos cerrar. Me acuerdo que muchas veces los clientes nos golpeaban las persianas”, afirmó. Por el negocio pasaron futbolistas, figuras de televisión y Diego Maradona, vecino del barrio y habitué. “Era fanático de nuestros panchos. También venían sus hermanos el Turco y Lalo”, rememoró Gastón. Los micros que trasladaban gente a los boliches de la Costanera paraban en el local de ida y vuelta.
Juan Antonio Hernández falleció hace siete años a los 73. Sus hijos Gastón y Lucas continúan el negocio. La imagen de Juan es el logo de la marca. Gastón sostuvo: “Aunque suene trillado, es la realidad. Panchos hay miles y de mil formas, pero que te lo den con amor, con historia y tratando de darte lo mejor, hay muy pocos”. La familia tiene un proyecto pendiente: “Volver al mismo lugar original o hacer una réplica chiquitita, de cómo era el antiguo local, en el mismo lugar donde se encuentran ahora. Sería increíble”, concluyó.
