Carla Villa, residente de Milán, cumplió 101 años y compartió detalles de su vida cotidiana, sus recuerdos de la guerra y su visión sobre la muerte en una entrevista con Il Corriere della Sera.
Carla Villa, residente de la vía San Marco en Milán desde enero de 1927, cumplió 101 años. En una entrevista publicada por Il Corriere della Sera, Villa describió su rutina diaria: se levanta entre las 7:30 y las 8:00 de la mañana, desayuna café con leche y galletas, no almuerza y cena pollo con verduras o pescado. Ocasionalmente, consume un helado de café que le acerca su hijo Thomas.
Villa reside en el mismo barrio donde su familia regentaba la droguería ‘Villa’, un establecimiento que, según relató, era visitado por periodistas y figuras públicas como Indro Montanelli. «Todo el mundo venía a la tienda de mi padre», recordó Villa. Sus hermanos abrieron después el local ‘El Tombon’.
La centenaria cuenta con la compañía de su familia, la asistencia de su ayudante Lolita y el apoyo de personas enviadas por el ayuntamiento para las tareas diarias. «Siempre he hecho lo que he querido», afirmó Villa. Sobre su vida, señaló: «Vivimos con tan poco que nunca me he planteado si algo se podía o no».
Villa también se refirió a sus recuerdos de la Segunda Guerra Mundial. Su hermano Aldo falleció en la batalla del Don durante la campaña de Rusia. Su madre, afectada por la pérdida, falleció poco después. «Mi madre, enferma, se dejó morir de pena», contó Villa.
En el ámbito laboral, Villa trabajó en una tienda de antigüedades con una amiga y, más tarde, en un comercio de vestidos de novia cuando superaba los setenta años. Diseñó sus propios vestidos y mantuvo un estilo personal a lo largo de las décadas.
La maternidad en solitario fue uno de los episodios que Villa destacó. «Cuando supe que estaba embarazada, la relación con el padre de Thomas ya había terminado. Me preguntó si era suyo. Lo negué. No me creyó, pero yo quería a Thomas», relató. Su familia aceptó la situación y su hermana apoyó en la crianza del niño.
En cuanto a su movilidad, Villa indicó que ya no camina bien, pero que sale a pasear por el barrio cuando el clima lo permite. Sobre la muerte, expresó: «Si Thomas no estuviera aquí, no me preocuparía. Al final, hay que morir. Pero no digo: ‘Qué maravilla, voy a morir pronto'».
