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martes, 30 junio, 2026
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La lectura potencia el cerebro más que el ejercicio, el sueño o la cafeína, afirma una nueva investigación

Un estudio del Instituto Max Planck de Psicolingüística sostiene que la alfabetización transforma funciones mentales como la memoria, la atención y el reconocimiento de rostros, superando a otros potenciadores cognitivos.

Un nuevo estudio sobre lectura y actividad cognitiva sostiene que la alfabetización no se limita a descifrar textos, sino que reconfigura funciones mentales como la memoria, la atención, el procesamiento del lenguaje, el razonamiento e incluso el reconocimiento de rostros, según planteó Falk Huettig, investigador principal del Instituto Max Planck de Psicolingüística.

De acuerdo con la investigación, la lectura actúa como uno de los potenciadores cognitivos más poderosos y con efectos cada vez mejor documentados. La alfabetización transforma la manera en que las personas procesan el lenguaje, organizan la atención, usan la memoria, razonan e incluso reconocen rostros.

Huettig sostuvo que la lectura recibe menos atención que otros factores asociados al rendimiento mental, como el sueño, el ejercicio, la nutrición, el manejo del estrés, la cafeína o la neuroestimulación.

El estudio reúne trabajos de psicología, lingüística, neurociencia y educación para ordenar esa investigación en una sola explicación. Su tesis central es que leer y escribir no son herramientas neutrales, sino prácticas que transforman de forma profunda la mente.

Qué cambios cognitivos asocia el autor con la lectura

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio aborda el reconocimiento de rostros. Una idea extendida en neurociencia planteaba que, como la lectura es una adquisición cultural reciente, su aprendizaje podría ocupar parte de redes visuales más antiguas, incluidas las dedicadas a identificar caras.

Huettig rebatió esa hipótesis. Sostuvo que aprender a leer puede afinar esas redes, en vez de restarles capacidad, al aumentar la sensibilidad ante rostros y otras categorías de objetos visuales.

Esa propuesta se apoyó en estudios con adultos alfabetizados y analfabetos en India. Según el investigador, esas pruebas confirmaron que las personas alfabetizadas reconocían mejor los rostros que las analfabetas.

La lectura avanzada exige práctica y textos complejos

El estudio también rechaza la idea de que la alfabetización sea una meta que se alcanza de una vez y para siempre. Huettig afirmó que la competencia lectora sigue desarrollándose después de que una persona aprende a leer con fluidez.

A su juicio, la práctica continuada automatiza y refina esos subprocesos y su coordinación. Esa evolución, añadió, hace que las personas alfabetizadas miren el mundo con un filtro distinto al de quienes no leen o lo hacen menos.

Huettig añadió que solo una minoría alcanza los niveles más altos de lectura crítica en evaluaciones internacionales como las pruebas PISA. También subrayó que el tipo de textos importa, porque llegar a esa lectura avanzada exige contacto regular con materiales complejos y habilidades sólidas de pensamiento crítico y razonamiento.

Qué dice la investigación sobre pantallas y audiolibros

En el debate sobre formatos, Huettig describió un panorama menos tajante. Señaló que metaanálisis previos detectaron una comprensión lectora inferior en pantallas, aunque atribuyó parte de esa diferencia a la autorregulación del lector.

Su explicación es que muchas personas consideran el papel un soporte más apropiado para la lectura seria y, por eso, ajustan su conducta y su esfuerzo mental de otra manera. Aun así, advirtió que la investigación disponible no respalda la conclusión simplificada de que el papel siempre ofrece mejores resultados que lo digital.

Sobre los audiolibros, el investigador reconoció beneficios parciales. Explicó que pueden exponer a vocabulario poco frecuente, construcciones gramaticales complejas y estructuras narrativas elaboradas, pero remarcó que el conjunto completo de ventajas de la lectura solo se obtiene con el texto escrito.

La advertencia educativa y el futuro de la alfabetización

De cara a padres y educadores, Huettig cuestionó la tendencia a simplificar en exceso los textos para adaptarlos a un vocabulario más reducido o a una menor destreza gramatical entre los jóvenes. También alertó sobre una dependencia excesiva de puntuaciones de legibilidad generadas por personas o por inteligencia artificial, así como del autocorrector para buscar palabras o gramática “mejores”.

Su propuesta apunta en sentido contrario: dar prioridad a la buena escritura, a una prosa memorable y a un lenguaje complejo y poco común para sostener y fortalecer la alfabetización. El trasfondo, según planteó, es que está en juego mucho más que una destreza escolar.

El estudio cierra con una advertencia sobre el lugar de la escritura en los próximos años, en un contexto marcado por teléfonos inteligentes, aprendizaje en línea e inteligencia artificial generativa. Huettig comparó el posible destino del texto escrito con medios que pasaron de uso general a interés de nicho.

Si la alfabetización sigue cayendo a escala global, el investigador prevé que también podrían deteriorarse las habilidades que hoy miden las pruebas de inteligencia. Aunque futuras tecnologías lleguen a aliviar parte de esa pérdida, consideró poco probable que compensen por sí solas ese retroceso.

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