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viernes, 8 mayo, 2026
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El trasfondo de la violencia nihilista: una subcultura digital que capta cada vez más jóvenes

Tras el tiroteo escolar en Santa Fe, especialistas analizan el crecimiento de comunidades virtuales que veneran a asesinos en masa y promueven la violencia sin motivaciones políticas o ideológicas.

El lunes 30 de marzo, un tiroteo escolar en Santa Fe conmocionó a la Argentina. Un estudiante de 15 años, identificado como Gino C., ingresó a su colegio, la Escuela Normal Nº40 Mariano Moreno de San Cristóbal, con una escopeta que había robado del armario de su abuelo y mató a un alumno de trece años e hirió a tres más. Al poco tiempo, amenazas de nuevos tiroteos escolares aparecieron en pintadas de colegios de todo el país y en redes sociales, que terminaron con varios adolescentes detenidos y apuntados como los responsables.

Detrás de estas acciones, hay una problemática que no para de crecer: los menores de edad forman parte de subculturas digitales violentas donde se venera a asesinos en masa. Investigaciones de las fuerzas de seguridad argentinas revelaron que Gino C. formaba parte de una comunidad virtual conocida como True Crime Community (TCC), integrada por jóvenes que comparten en internet contenido sobre asesinatos, tiroteos escolares y violencia extrema.

Los especialistas vinculan estos espacios con una corriente digital conocida como “violencia nihilista”: grupos sin una motivación política, religiosa o ideológica definida, donde predomina una visión misantrópica del mundo y la fascinación por la violencia. Se basa en la sustitución de la ideología por la estética: sus miembros se consideran fanáticos de los asesinos en masa, como los tiradores escolares (school shooters), al punto que investigan a fondo y replican sus gestos, vestimenta y gustos.

“Últimamente estamos viendo un aumento de la violencia asociada a estas comunidades. También hay una suba en la participación, en línea con el mayor uso de redes sociales por parte de los jóvenes”, explicó Cody Zoschak, senior manager del Institute for Strategic Dialogue (ISD), a LA NACION. “Pueden llegar a ser inquietantemente jóvenes. He visto chicos de apenas diez años involucrados”, agregó.

Sin embargo, estas subculturas digitales no son nuevas: pueden rastrearse a finales de los ‘80 y su punto más conocido fue en 1999, con la masacre de Columbine, donde dos estudiantes mataron a 12 alumnos y un profesor antes de suicidarse. Tampoco es la primera masacre escolar que se vive en la Argentina: hay dos antecedentes destacados. La masacre de “Pantriste”, donde Javier Romero, de 19 años, mató a un alumno e hirió a otro en una escuela de Rafael Calzada en el 2000 por el acoso escolar que sufría; y la masacre de Carmen de Patagones, donde el alumno Rafael Solich, de 15 años, mató a tres estudiantes e hirió a otros cinco en su escuela en 2004. Tanto Solich como Romero fueron internados en establecimientos psiquiátricos y no cumplieron penas de prisión por ser inimputables.

Si hay antecedentes de tiroteos escolares en la Argentina, ¿cuál es la diferencia entre esa época y ahora? El caso de San Cristóbal activó en el país una sensación de alerta que solía ser desconocida para las comunidades educativas. El bullying y la marginalización en la adolescencia —dos de los principales desencadenantes de la violencia nihilista— existieron siempre. Pero actualmente esa circunstancia de vulnerabilidad es captada por un mundo virtual que la absorbe y la convierte en una forma de odio colectivo.

Aunque autoridades educativas de Santa Fe y los alumnos de la escuela describían a Gino C. como un buen compañero sin problemas de conducta o de relación con otros estudiantes, el joven poseía una vida paralela en internet, donde hablaba en grupos de la TCC a través de la plataforma conocida como Discord. “Esto no es crimen organizado. No hay una estructura donde los jóvenes son peones. Estos grupos lo que buscan es incidir a que uno tome sus propias decisiones, pero en base al odio”, explicó Pilar Ramírez, vicepresidenta del International Centre for Missing & Exploited Children (ICMEC).

Las subculturas virtuales sembraron sus semillas en Internet y florecieron en los últimos cinco años. Los jóvenes tienen acceso a las plataformas que no son monitoreadas, y ya no se sienten aislados porque se encuentran con la misantropía rápidamente. Se trata de un fenómeno que crece constantemente a medida que sus miembros intentan reclutar más víctimas. A diferencia del extremismo violento, que suele requerir de altos niveles de planificación y pasar por un adoctrinamiento ideológico, la violencia nihilista baja la vara: se saltea estos pasos y pasa directo a la acción.

Estas subculturas, cuyos lugares de captación son las esferas más superficiales de la web, cautivan a los jóvenes con un discurso que engloba lo que ellos mismos no pueden describir: que el aislamiento provocado por los traumas que experimentan es, en realidad, una manifestación directa de una humanidad condenada a la maldad y que no merece existir. Así, tras su ingreso a las comunidades, las víctimas se convierten también en perpetradoras.

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