Carlos González Valdez relata las circunstancias que lo llevaron a dejar Argentina a principios de los 90 y cómo construyó una nueva vida en Madrid, destacando la adaptación y la percepción de los inmigrantes argentinos.
A fines de la década de 1980, Carlos González Valdez vivía con su familia en el oeste del Gran Buenos Aires. El contexto de hiperinflación, inseguridad y un futuro incierto marcaba la vida cotidiana. Tras una visita de dos meses a España en 1989, el contraste con la realidad argentina se hizo evidente. La decisión de emigrar se consolidó tras sufrir un robo en su domicilio apenas dos días después de regresar de ese viaje.
Con su título de abogado recién obtenido, Carlos voló solo a Madrid en abril de 1990 para tantear el terreno, dejando temporalmente a su esposa e hijo en Argentina. Arribó sin los papeles en regla, pero con la determinación de comenzar de nuevo. Los primeros meses vivió en casa de su madre, hasta que consiguió un empleo que le permitió traer a su familia en junio de ese mismo año.
Carlos destaca el impacto positivo que le produjo la calidad de vida, la alegría de la gente y la sensación de crecimiento que encontró en España, un contraste marcado con la situación en su país de origen. En sus reflexiones, menciona que la decisión de emigrar, tomada hace más de 36 años, fue acertada y que hoy considera a España su lugar en el mundo. También expresa su preocupación por un contexto global que, a su juicio, menosprecia a la persona.
La historia de Carlos se enmarca en una larga tradición migratoria argentina hacia España. Su relato personal ilustra los motivos económicos y de seguridad que impulsaron a muchas familias durante períodos de crisis, y el proceso de adaptación e integración en la sociedad de acogida.
