Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos, impugnó ante el tribunal de Río Gallegos el informe de inspección que evaluó las condiciones del submarino antes de su pérdida en 2017.
En el marco del juicio por el hundimiento del submarino ARA San Juan, el excomandante de la Fuerza de Submarinos, Claudio Villamide, brindó una ampliación de su declaración indagatoria ante el Tribunal Oral Federal Criminal de Río Gallegos. Durante más de dos horas, Villamide cuestionó el informe realizado en 2016 por el entonces Inspector General de la Armada, contraalmirante Eduardo Pérez Bacchi, calificándolo de «impreciso e inexacto».
Villamide, quien fue destituido de la Armada en un juicio militar y se encuentra procesado, presentó documentación para respaldar sus dichos. El excomandante sostuvo que el informe de la Inspección General de la Armada (ISGA) representaba una «fotografía» desactualizada que no reflejaba el estado del submarino en octubre de 2017, fecha de su última zarpada.
Uno de los puntos centrales de su declaración fue rebatir aspectos técnicos mencionados por Pérez Bacchi en una audiencia previa. Villamide afirmó que, para febrero de 2017, la fuerza ya contaba con las radiobalizas que el ARA San Juan llevaba al zarpar, y que problemas como el ingreso de agua por los cables ya estaban resueltos. Respecto a la falta de pirotecnia señalada en el informe, explicó que el submarino contaba con radiobalizas, un equipo considerado más moderno.
El excomandante también cuestionó el momento en que se realizó la inspección de Pérez Bacchi, señalando que ocurrió cuando él y gran parte de la Armada estaban embarcados en la búsqueda del submarino desaparecido. «El informe presentaba ciertas imprecisiones porque no contó con submarinistas, los que no fueron a bordo», afirmó.
Villamide expresó ante el tribunal sentirse escuchado en esta oportunidad, a diferencia de años anteriores. Relató que durante su primera declaración indagatoria observó cajas de evidencias de allanamientos «sin abrir y con fajas selladas», sugiriendo que probablemente no habían sido analizadas.
El contraalmirante Eduardo Pérez Bacchi había declarado previamente que una auditoría sobre el submarino dictaminó que las fallas encontradas en su equipamiento operativo dificultaban su capacidad para cumplir con los planes navales, y que el buque operaba con «fallas de seguridad no subsanadas».
