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jueves, 9 abril, 2026
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Renovación histórica en las Catacumbas de París: preservación y accesibilidad para un sitio único

Las famosas Catacumbas de París, un osario que alberga los restos de millones de personas, reabren tras una importante renovación centrada en la conservación y la mejora de la experiencia de visita, manteniendo su atmósfera solemne.

Las Catacumbas de París, un vasto laberinto subterráneo que alberga los restos óseos de aproximadamente seis millones de personas, han sido sometidas a un extenso proyecto de renovación. El trabajo, desarrollado durante los últimos cinco meses, tuvo como objetivo principal la preservación de este sitio histórico único, mejorando sus sistemas de iluminación y ventilación, restaurando las paredes de huesos y actualizando las audioguías para los visitantes.

La red de túneles, que se extiende por cientos de kilómetros bajo la ciudad, tiene su origen en antiguas canteras de la era romana. En el siglo XVIII, ante el colapso de los cementerios parisinos, se decidió trasladar los restos a estos subterráneos, creando el osario municipal. Fue en 1809 cuando, bajo la supervisión de Louis-Étienne Héricart de Thury, el espacio se organizó con pilares y paredes decorativas de fémures y cráneos, abriéndose oficialmente al público.

Isabelle Knafou, administradora del sitio, explicó que el desafío central de la renovación fue equilibrar la accesibilidad con la conservación del carácter solemne y respetuoso del lugar. «La primera prioridad es, sobre todo, preservar el sitio y mantener un equilibrio entre la visita y la conservación de los restos», señaló. Se reemplazó un sistema eléctrico que databa de 1974 y se abordaron problemas de humedad y dióxido de carbono acumulados por dos siglos de visitas.

El equipo de trabajo, compuesto por arquitectos, técnicos y albañiles, enfrentó condiciones laborales exigentes, trabajando a 18 metros de profundidad en espacios estrechos y húmedos. Mélissa Cayralat, arquitecta principal del proyecto, destacó la dificultad de encontrar personal dispuesto a trabajar en ese entorno. Los albañiles especializados, como Loïc Dollet y Florent Bastaroli, restauraron las paredes recolocando manualmente los huesos, sin usar cemento, en el patrón tradicional que alterna fémures y cráneos.

Florian Robin, técnico en iluminación que también participó en la restauración de Notre-Dame, describió el proyecto como una forma de «devolverlas a la vida», mejorando la exhibición del espacio. La sección visitable, de aproximadamente un kilómetro y medio, reabre sus puertas al público, ofreciendo una experiencia que, según los responsables, invita a la reflexión sobre la mortalidad, lejos de cualquier sensacionalismo.

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