La economista e investigadora explica el concepto de ‘monopolio intelectual’ y su influencia en la planificación de la innovación, la relación entre empresas tecnológicas y Estados, y las dinámicas de dependencia en países como Argentina.
En una entrevista, la economista e investigadora Cecilia Rikap desarrolló el concepto de ‘monopolio intelectual’, distinguiéndolo de los monopolios de mercado tradicionales. Según Rikap, un monopolio intelectual es una empresa con la capacidad sistemática de apropiarse de diversas formas de conocimiento o bienes intangibles, como datos, conocimiento científico o marcas, para luego monetizarlos. Esta dinámica, afirma, no necesariamente elimina la competencia, sino que la subordina, creando ‘esferas de control más allá de la propiedad’ que dan una ilusión de competencia donde en realidad unas pocas empresas marcan la agenda.
Rikap sostiene que estos monopolios planifican esferas enteras del capitalismo global, concentrando la dirección de la innovación. Esto modifica la relación entre el poder corporativo y el de los gobiernos. En el caso de países como Argentina, señala que el Estado se vuelve dependiente, para su propia operatoria, de tecnologías que le venden ‘a caja cerrada’ estas empresas, tecnologías que en parte se nutren de conocimiento producido colectivamente, incluso por instituciones públicas financiadas por el propio Estado.
La investigadora también aplica el marco de la teoría de la dependencia para analizar el rol de actores locales en América Latina. Menciona que, junto a las oligarquías tradicionales, ahora se suman empresas tecnológicas locales (denominadas ‘unicornios’ o ‘campeones nacionales’) que, si bien están en la frontera del conocimiento, dependen críticamente de servicios de gigantes de la nube como Amazon, Microsoft y Google. Esta dependencia, argumenta, orienta su actividad no necesariamente hacia el desarrollo del país, sino hacia la apropiación de valor.
Finalmente, Rikap introduce el concepto de ‘totalitarismo epistémico’, refiriéndose a la capacidad de estos monopolios intelectuales de influir en la producción del conocimiento mismo, marcando agendas de investigación en instituciones públicas y financiando organizaciones que dan forma a narrativas dominantes, más allá de solo producir tecnología.
