La historia de Hollywood está plagada de casos de ascensos fulgurantes y caídas estrepitosas. Uno de los más oscuros es el de Skylar DeLeon, cuyo nombre pasó de los créditos de una serie infantil a las páginas de crónica policial por un doble homicidio que lo llevó al corredor de la muerte.
De los Rangers al crimen
En 1994, con solo 14 años, John Julius Jacobson Jr., conocido como Skylar DeLeon, apareció en el episodio 55 de «Mighty Morphin Power Rangers». Su paso por la televisión fue breve y su carrera actoral no prosperó. Tras un intento fallido en la Marina de los Estados Unidos, del que fue expulsado, su vida tomó un rumbo delictivo.
El plan macabro
En noviembre de 2004, DeLeon, junto a su esposa Jennifer Henderson y otros cómplices, contactó a Tom y Jackie Hawks, una pareja de Arizona que vendía su yate «Well Deserved». Bajo la falsa premisa de ser un comprador interesado, DeLeon los citó en Newport Harbour Beach, California.
Una vez a bordo, la pareja fue atacada, obligada a firmar los documentos de transferencia de la embarcación y luego arrojada al mar amarrada a un ancla. Sus cuerpos nunca fueron recuperados. El testimonio de uno de los implicados fue clave para reconstruir los hechos.
Condena y revelaciones
En 2008, un tribunal de Santa Ana condenó a Skylar DeLeon a la pena de muerte por los asesinatos de los Hawks y también por el de otro hombre, Jon Jariv, ocurrido en 2003. Su esposa recibió cadena perpetua.
Durante el proceso y en entrevistas posteriores, DeLeon realizó impactantes declaraciones. En 2009, admitió no sentir remordimiento y reveló su lucha con la identidad de género, mencionando un intento de automutilación. En 2024, confirmó mediante una carta que se había sometido a una cirugía de afirmación de género y que su nombre legal era Skylar Preciosa DeLeon, solicitando ser trasladado a una prisión de mujeres.
Un final alejado de la fama
El caso de DeLeon permanece como un recordatorio sombrío de cómo una promesa temprana puede derivar en tragedia. Mientras espera su ejecución en la prisión de San Quentin, su historia continúa generando debate sobre los caminos inesperados que puede tomar una vida tras los reflectores.
