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sábado, 30 agosto, 2025
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Caputo, entre el ciervo y la liebre, con tasas al 75% y vencimientos explosivos

Dos máximas pueden explicar la complicada hora económica y financiera que vive el país, los dos escenarios donde más estabilidad y equilibrios parecía traer en el período preelectoral. Y donde más votos se pensaba que se le aportaría a la comandancia libertaria. La primera máxima pertenece a la ciencia política y reza lo siguiente: la economía sigue a la política, y no al revés. En consecuencia, no se le puede pedir a la economía (o a las finanzas) que funcionen y acompañen a un gobierno, cuando este se encuentra en medio de un tembladeral político interno, fruto de, en el mejor de los casos, mala praxis fáctica de la cosa pública. La segunda máxima pertenece a la ciencia que estudia los mercados (si es que esa disciplina existe en verdad). Dice que el dinero tiene la valentía de un ciervo y la velocidad de una liebre. La metáfora explica que ante cualquier tipo de ruido de alerta, el capital tenderá a resguardarse y no enfrentar con valentía los peligros. Por otro lado, si tiene la oportunidad, se irá de ese mercado inestable, a la espera de momentos más sólidos y confiables.

Quizá quien haya interpretado mejor que nadie estas máximas aplicadas a la realidad argentina de estos tiempos haya sido el JP Morgan, que, en el ya muy famoso informe a sus clientes internos y externos del 30 de junio pasado, recomendó salir de los pesos, ir a dólares, hasta que las autoridades económicas vuelvan a dominar la situación financiera y monetaria. Y, por otro lado, más importante, las incógnitas políticas sobre el resultado de las elecciones del 26 de octubre se despejen. Pensar que la gran banca internacional hizo estos augurios antes de conocerse la fuerza de las embestidas del Congreso para bombardear el superávit fiscal del Ejecutivo, para eventualmente llevar de nuevo a la Argentina al reino del déficit de caja. Y aún más importante, el JP Morgan lanzó las recomendaciones varios meses antes del estallido del escándalo surgido por la aparición de los audios de Diego Spagnuolo y la teoría del encarecimiento del 3% en los peajes de las ventas a la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis).

Todo esto explica la mala hora que deben afrontar Luis “Toto” Caputo y su equipo financiero. Es verdad que desde el Palacio de Hacienda hay responsabilidades directas por no haber comprado dólares para las reservas en mayo y junio. También por haber aplicado un fallido esquema de ataque 4-4-2 en la operación de desmantelamiento de las Lefis (letras fiscales de liquidez) de mediados de julio pasado, un instrumento destinado para que los bancos descansaran sus excesos de liquidez, y que el Gobierno (aparentemente por orden directa de Javier Milei) decidió desarmar pensando en tranquilidades financieras que nunca aparecieron. Sin embargo, ni Caputo ni su equipo de colocación y canje de deuda, comandados por el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, son responsables de la saga Spagnuolo y sus grabaciones explosivas. Es aquí donde se cruzan las máximas: la economía sigue a la política, esta vive inestabilidades complejas que provocan miedo en el capital, que elige luego huir hacia posiciones más conservadoras. El ciervo y la liebre.

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Termina así un mes donde para evitar un alza del dólar que espante votos el 26 de octubre y presione además sobre la inflación, desde el Palacio de Hacienda hubo que negociar unas algo humillantes tasas del 75% anual. Y con un diseño de vencimientos de deuda que caerán como un balde de agua fría antes de ir a votar. En consecuencia, habrá que volver a negociar antes de las elecciones una nueva tasa de interés. Quizá más alta. Pero seguramente muy poco más bajas. Pagando el precio, además, de una economía estancada, imposibilitada de crecer sostenidamente con tasas de interés para cualquier proyecto de una pyme sin Veraz, por arriba del 120%. Y siendo cliente confiable de un banco público. Ni hablar de aquellas familias que no pueden cumplir con el pago total de las tarjetas de crédito, y ven cómo los intereses de más de 2005 de castigo (pese a que la inflación permanece controlada por debajo del 30%) van formando una mochila de piedras duras que en algún momento podrían ser insostenibles de llevar. Todos esos deudores también votan.

En consecuencia, terreno minado. Hasta las elecciones.

Saben Caputo y su fiel Pablo Quirno que lo que viene no será cómodo. Y que habrá que transpirar la camiseta en el cronograma de vencimientos de septiembre y octubre, para, al menos, sostener el 75% que se pagó en la licitación del miércoles pasado. Terreno minado.

Como ya mencionó este medio, solo en septiembre vencen unos $ 24 billones, mientras que en octubre el monto asciende a $ 18 billones. De acuerdo con el cronograma del Ministerio de Economía, las licitaciones del mes que viene se llevarán a cabo el miércoles 10 y el viernes 26. En el caso de octubre, tendrán lugar los miércoles 15 y 29. En dólares al cierre de la semana, se trata de unos 18 mil millones. Si se tiene en cuenta que la mitad de ese dinero está en poder de diferentes entidades del sector público, habría unos US$ 9 mil millones en pesos, que de no renovarse presionarían la compra de divisas. U obligarían al Gobierno a seguir ampliando encajes (dinero inmovilizado en bancos), pese a que en la actualidad de cada 100 pesos, unos 53 deben quedar en las arcas públicas, bajo colocación de bonos artesanales diseñados en Economía.

El Gobierno insiste en que este panorama de altas tasas continuará hasta el 26 de octubre, y que un día después, en el caso de que haya victoria del oficialismo en las elecciones legislativas, las tasas comenzarán a bajar y el riesgo país nuevamente a estacionarse por debajo de los 400 puntos básicos.

El problema es llegar hasta esa fecha. Más si se tiene en cuenta que el Ministerio de Economía tendrá que volver a batallar con los bancos en septiembre y la primera quincena de octubre para renovar deuda.

Ante este panorama donde la política no guía con solidez el seguimiento de la economía y las finanzas, donde el ciervo está muy asustado y la liebre ya sabe cómo correr y hacia dónde (siempre que la dejen), Caputo tiene que diseñar una estrategia para todo septiembre y los primeros 24 días de octubre.

Mientras tanto, pacientemente, Gran Hermano mira atento. Preocupado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) observa cómo se desarrollan los hechos de este segundo semestre y analiza algo resignado los vaivenes más políticos y económicos de estos tiempos en la Argentina. Sabe que más allá de algún que otro informe que se deslice para conocer su opinión, deberá esperar hasta después de las elecciones para poder volver a desembarcar en Buenos Aires y dar advertencias, consejos y algún reto. Está tan comprometido con el futuro del Gobierno en las urnas como los propios candidatos que completaron (no sin dificultad) las listas del oficialismo en todo el país. En definitiva, Argentina sigue siendo el principal cliente del organismo. Y depende de la salud del Gobierno luego de octubre para coordinar la manera en que continuará vigente el Facilidades Extentidas vigente.

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