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Juan Carlos González, sobreviviente de la Tragedia de Río Turbio «quién me quita los gritos de mis compañeros muriendo?»

“Pueden pasar 30 años pero quién me quita los gritos de mis compañeros muriendo”, relata con la voz quebrada, Juan Carlos González, uno de los sobrevivientes de la tragedia de Río Turbio que ocurrió hace veinte años y aún sigue impune. Su relato no conoce de eufemismos. Cuenta cómo sobrevivió aquella noche a 400 metros bajo tierra, con la misma brutalidad con la que lo vivió. Se quiebra al recordar los “aullidos desgarradores” de sus compañeros agonizando. Aún siente que los responsables del incendio que se produjo en Mina 5, nunca respondieron ante la justicia.

Cuando se jubiló como minero, Juan Carlos dejó Santa Cruz se instaló en Río Negro. Admite que le cuesta regresar a su tierra natal y sobre todo a la mina de carbón que se convirtió en el cementerio de catorce compañeros. Aún sostiene que aquella tragedia, que lo marcó para siempre, “fue anunciada” y que tanto el Estado como la empresa “son responsables de lo que pasó”.

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Sólo dos ex directivos de Yacimientos Carboníferos Río Turbio fueron condenados. Mirá el documental sobre la tragedia que marcó a dos pueblos de la Patagonia.

Mientras dialoga con Clarín, sostiene entre sus manos curtidas por el carbón la lámpara que se enganchaba a su casco. “Esta lámpara se salvó junto conmigo”, dice sonriente. Habla en un tono calmado y con una cadencia amable que contrasta con lo cruento de su relato.

El lunes 14 de junio de 2004, para Juan Carlos González era un día más de ingreso a la mina de carbón, su lugar de trabajo. Nunca imaginó lo que, pocas horas después, iba a ocurrir.

Los 14 mineros que fallecieron el 14 de junio de 2004, recibieron un entierro masivo. Foto: Clarín.Los 14 mineros que fallecieron el 14 de junio de 2004, recibieron un entierro masivo. Foto: Clarín.

“Fue un día de trabajo, de ir y juntarse con los compañeros de hace tantos años. Yo era electricista de la mina. Atendía los equipamientos electromecánicos. Así que mi función era abrir la energía para las maquinarias. Ese día mi jefe me había dicho que me quedara afuera del socavón porque tenía que hacer un trabajo previo en una máquina tunelera en un galpón, pero mi supervisor del sector de preparación secundaria me llamó y me dijo que tenía que entrar con el turno”, relata.

Juan Carlos se subió al camión que los trasladaba varios kilómetros hasta el lugar donde descendían para llegar al frente de producción, donde está el manto de mineral. Allí, donde todo es oscuridad y sólo los acompañan las luces de sus cascos. Fueron horas signadas por el terror y el dolor.

¿Cómo se enteraron de lo que sucedía?

Estuvimos durante un tiempo trabajando hasta que recibimos una llamada y nos avisaron que teníamos que evacuar. Siempre hacíamos simulacros de evacuación. Así que era una rutina que nadie preguntaba qué está sucediendo. Estábamos en la unión 21 y en el Chiflón 6, también había gente de los frentes largos. Nosotros fuimos los primeros que subimos al camión y una vez que lo completamos comenzamos a recorrer el trayecto normal, hasta que empezamos a sentir un aroma a humo pesado, a goma quemada. Entonces yo abrí la compuerta para ver qué era lo que estaba pasando y entró un una humareda impresionante: nunca en mi vida había visto una humareda tan grande. Una cosa que enceguecía, no se veía absolutamente nada. Ahí perdimos la tranquilidad. Si bien los mineros estamos preparados para esas cosas, nadie estaba preparado para algo así. De repente empezamos a ahogarnos.

El 14 de junio de 2004, 36 mineros lograron salvares. Foto: Télam.El 14 de junio de 2004, 36 mineros lograron salvares. Foto: Télam.

¿Se bajaron del camión?

No en ese momento. El chofer, de apellido Rebollo, se quedó a ciegas y como no había radio de giro para el camión, tomó una decisión valiente, porque sabía que si él se quedaba ahí o volvía para atrás, íbamos a morir todos. Siguió conduciendo hacia adelante y eso nos salvó la vida a treinta y seis personas. El chofer siguió hacia adelante hasta que chocó porque el camión se ahogó con el gas, el humo. Ahí empezó la desesperación por el humo, el calor, el no tener oxígeno fue terrible.

¿Qué sentiste?

Desesperación. No había oxígeno, había puro humo de goma quemada. Cuando bajé del camión tanteé hasta encontrar el pasamano y me orienté. Había un silencio estruendoso porque la gente no podía ni respirar: tenía que estar callada para no ahogarse. De repente sentí como que yo solo estaba ahí. Parecía una pesadilla y me entró a agarrar desesperación, empecé a pensar en mi familia, en todo. Creí que no iba a salir con vida.

¿Cómo te orientaste si no podías ver nada?

Empecé a tocar el camión, fui hacia el frente y me di cuenta de que era la cabina. Abrí la puerta para ver si había alguien. Nadie. Entonces cerré la puerta, toqué por última vez el camión y dije “este iba saliendo”, así que seguí hacia esa dirección. Al estar desorientado caía seco al piso, me reventaba la nariz contra el suelo y cuando ya no tenía aire hacía un hueco en la tierra, escupitaba para tratar de humedecer la tierra y así encontrar aire. Empezaba a respirar en la tierra, filtraba un poco el humo, agarraba fuerza de vuelta, me volvía a levantar y seguía caminando.

Juan Carlos González, durante sus años de minero en Río Turbio. Foto: Clarín.Juan Carlos González, durante sus años de minero en Río Turbio. Foto: Clarín.

¿Te encontraste con alguien en ese trayecto?

Yo iba caminando con los brazos abiertos por si agarraba a alguien y de repente choqué con alguien que se venía caminando hacia atrás, se venía entregando a la muerte. Lo abracé y lo apreté bien. Era grandote el hombre, agarré mi lámpara y traté de alumbrar su vestimenta o algo para identificarlo. Yo creo que era un hombre chileno, Oyarzo, que salvó su vida también, gracias a Dios. Lo abracé y lo llevé durante un buen tiempo y cuando yo no daba más, agarré y le dije “vas bien, salvate”, y le pegué el empujón para que siga. Por la fuerza que hice y por hablar, caíal piso y con mi último aliento volví a escupitar. En ese momento sentí que no iba a poder salir con vida, ya estaba pensando en entregarme, pasó toda mi familia por la cabeza pasa todo.

¿Cuándo te diste cuenta que había más gente dentro de la mina?

Hasta ese momento, al no escuchar nada, era como que todos estaban salvados y que yo era el único que estaba ahí. Pero comencé a escuchar los gritos de mis compañeros, atrás mío, y me di cuenta que no era el último, que había gente que estaba agonizando y que no podía hacer nada ¿Qué iba a hacer? No podía volver. En ese momento yo no sabía quién estaba muriendo, sólo escuchaba los gritos y me imaginaba que eran muchos.. Solamente podía escucharlos, gritos, aullidos, gente grande pidiendo por su madre.

Pasaron muchos años pero yo todavía me acuerdo de ese momento y no lo puedo olvidar, fue algo que me marcó la vida.

Juan Carlos González es uno de los 36 sobrevivientes de la Tragedia de Río Turbio. Foto: Matias Arrascoyta.Juan Carlos González es uno de los 36 sobrevivientes de la Tragedia de Río Turbio. Foto: Matias Arrascoyta.

Y lograste salir…

En ese momento me levanté e hice todo lo posible por vivir. Me paré. Saqué fuerza de donde no tenía y empecé a correr. Yo pensaba que iba corriendo pero mis compañeros que me vieron llegar, dicen que yo era una marioneta, totalmente desarmado, los brazos muertos, las piernas me tiritaban, no tenía fuerza. Empecé a escuchar gritos que me decían: “por acá, por acá” y detrás oía a mis compañeros que se estaban muriendo.

Después de un rato se me aclaró todo, vi a un montón de gente tirada en el piso que eran sobrevivientes y gente parada ahí agarrando a los que salían del humo. Cuando llegué me tiraron al piso y me empezaron a tirar agua: el dolor que uno siente en el pecho y en la espalda es terrible porque uno está intoxicado.

Ahí empiezo a ver cómo revolotea el humo negro, espeso, tremendo. Y empiezo a ver compañeros que salían en cuatro patas. Todo salían negros, como si se estuviesen quemando.

¿Cuándo te diste cuenta que tus compañeros no iban a sobrevivir?

Estaba internado con un compañero de apellido Zuleta, teníamos máscara de oxígeno, nos venían a ver a cada rato porque tomábamos aire y vomitábamos. No podíamos respirar bien, no podíamos ver claro, veíamos humo. Al rato entró un médico y me dijo que no habían salido aún los muchachos, le pregunté la hora y me dijo que eran las dos de la mañana, entonces me di cuenta que ya estaban muertos. Si yo estuve a minutos de morir, no podían estar vivos. Aparte yo conozco toda la mina, el aire entra por una galería y sale por otra. No había posibilidad alguna, el calor era terrible, estamos hablando de más de cuarenta y cinco, cincuenta grados, más el humo, más el fuego, más las piedras que caían.

¿Fue una tragedia anunciada?

Sí, fue anunciada porque los gremios habían denunciado en la época de (Sergio) Taselli la falta de inversión en materia de seguridad. También hubo una decisión de automatizar unas cintas y sacar unos botoneros que estaban en cada cabezal de la cinta, ellos no sólo la ponían en marcha sino que la paraban, limpiaban la descarga para que no se amontone el carbón y este incendio fue por un carbón que se embancó en una descarga, entonces si hubiera estado un botonero jamás hubiera sucedido. Así que fue anunciada y lo que decimos los sobrevivientes es que la empresa tuvo la responsabilidad.

El entierro de los 14 mineros fue masivo y enlutó a las ciudades de Río Turbio y 28 de Noviembre. Foto: Clarín.El entierro de los 14 mineros fue masivo y enlutó a las ciudades de Río Turbio y 28 de Noviembre. Foto: Clarín.

Después de veinte años ¿Creés que hubo justicia?

No. Nosotros demandamos al Estado y en la causa civil nunca se nos tuvo en cuenta, como en la penal. A nosotros nos abandonaron, porque las atenciones médicas, psicológicas a la familia, los gastos en medicamentos, fue un tiempo nomás que el Estado se hizo cargo, después el resto nos dejaron solos. Estuvimos un año entrando y saliendo de los hospitales. Y la empresa mandó una nota diciendo que nosotros no queríamos trabajar mientras estábamos, la mayoría, internados. Muchos quedamos dañados, porque pueden pasar treinta años pero ¿quién me saca los gritos de mis compañeros muriendo? ¿Quién te devuelve a la tranquilidad? Yo yo tuve años para salir de mi casa, me separé, perdí a mi familia. Me levantaba a las seis de la mañana gritando, porque tenía miedo, hasta que me hicieron tratar con psicólogos.

¿Cuándo volviste a ingresar a la mina?

La primera vez, a los meses, llegué sólo hasta la boca de mina, fue una experiencia traumática, porque empecé a escuchar los gritos. Llegué hasta la entrada, veía la oscuridad de la mina y escuchaba a mis compañeros gritando. Esa vez pegué la vuelta y me volví. La segunda vez ingresé con unos jefes porque me pidieron asesoramiento sobre una maquinaria. Esa vez tenía que ingresar a la mina y entré por Unión 9, que es donde fallecieron mis compañeros. Veía la galería donde yo me arrastré pero ahora todo ese camino estaba iluminado, nosotros lo hicimos a oscuras.

¿Qué significa YCRT para vos?

YCRT significa mi familia, mis vecinos, es lo único. Porque si hubiera otra industria sería distinto. Pero no hay. Y que se cierre o que se privatice, siempre va a ser lo mismo. Los políticos nunca hicieron nada. Nunca crearon más industrias.

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