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Escapadas: viñedos, restaurante y hotel rural en una vieja fábrica abandonada

“De ruinas sólo queda renacer” reza el mural pintado sobre las paredes descascaradas de la exfábrica de ladrillos Corinema en Altamira, partido de Mercedes, un pequeño pueblo a tan solo 100 km de Buenos Aires que crece de la mano del turismo en ese océano de pasto que es la pampa bonaerense. La frase del reconocido muralista Tano Verón alberga una semilla de esperanza.

Nueva Corinema se llama este proyecto único de viñedos, bodega, restaurant de estilo italiano dedicado a los fuegos y el vino, y un hotel rural de 12 habitaciones recicladas y nuevas, en este viejo edificio que conserva una riqueza arquitectónica única. Sus ruinas de hormigón, ladrillos y metales son bellísimas: en este lugar encantado aún se mantiene en pie uno de los dos hornos Hoffman que existen en la Argentina, patentado en Alemania en el siglo XIX. Que se suma a los misteriosos túneles de la década del 40, de 75m de longitud, junto con la chimenea, de 25 metros de altura, declarada de interés patrimonial, de esta fábrica fundada en 1947 y cerrada en 1994. Se trata de una de las pocas iniciativas en Sudamérica de una fábrica que se restaurará con fines turísticos y gastronómicos en un pueblo rural.

A pocos metros del edificio abandonado un bar ostenta sus parroquianos acodados en las mesas de la puerta, un viejo almacén de campo abre sus puertas los fines de semana y más allá, los terrenos auguran un posible loteo. Las vías abandonadas en la semana acarician la capilla Nuestra Señora de Fátima cuyo ventanal da al campo.

Mañana de sol enorme y llameante, en el puñado de manzanas que es Altamira: de calles aún teñidas de rojo del polvo de ladrillos que ya no están, gallinas que cloquean a perros flacos y algún que otro duraznero perdido que promete dar frutos a los niños que aún juegan en sus calles. A dos cuadras, la estación del ferrocarril Belgrano Carga volvió a sentir el calor de sus rieles puestos a morir en 1977 cuando Ferrocarriles Argentinos dispuso el cierre de la estación, al ser puesto en marcha el tren turístico que une las estaciones de La Trocha, Mercedes y Tomás Jofré los domingos, una experiencia para toda la familia.

Altamira es un pequeño pueblo en el partido de Mercedes a tan solo 100 km de Buenos AiresAlejandro Guyot

“Vi los túneles, el hormigón, la chimenea y pensé qué hermoso todo esto, cuánto laburo, pero se puede convertir en algo bueno. El encuentro con antiguos trabajadores nos permitió reconstruir el funcionamiento real de este lugar único: los túneles se convertirán en salas de degustación de nuestros vinos, habrá lugar para comer al aire libre y dormir en las habitaciones del futuro hotel. Y también un museo, por eso el encuentro con los antiguos empleados”, cuenta Ariel Achilli, uno de los apasionados emprendedores de este proyecto familiar cuya dirección técnica está a cargo del arquitecto José María Yanes. Su padre, Franco Achilli, fue el encargado de retirar 200 camiones de desperdicios acumulados a lo largo de los años de abandono y saqueo: sus tareas continúan. En etapas, las ruinas se irán despertando de su letargo: eventos, degustaciones de vinos, encuentros de empresas y grupos de turistas ya tienen lugar, siempre con reserva previa. Ya se plantaron 6 variedades de uva: Malbec, Marselan, Merlot, Cabernet Franc, Pinot Grigio y Sauvignon Blanc. Se calcula que la apertura final tendrá lugar a fines de 2024.

“Propuse el proyecto Nueva Corinema en 2017: lo visualicé y hoy, felizmente, es una realidad. Contempla el emplazamiento de un complejo donde la gastronomía, la hotelería y el viñedo nuevo convivan con la naturaleza, junto con la preservación y conservación de la historia del inmueble fabril abandonado. La idea es revitalizar Altamira, ofreciendo no solo un descanso rural sino también aportando nuevas ofertas laborales para los habitantes del pueblo”, cuenta el arquitecto José María Yanes, visiblemente emocionado por la magnitud del sueño que se concretará en etapas, sin apuro de acuerdo a la ideología del pueblo que “no quiere convertirse en un nuevo Tomás Jofré”, aclara.

Se plantaron nuevas vides con seis variedades de uvaAlejandro Guyot

Un poco de historia

La fábrica empezó a funcionar como horno de ladrillos en septiembre de 1947. La principal producción fue de ladrillos de pared, de loza y tejas. Al principio contaba con dos carros volcadores tirados por dos yeguas, los cuales se utilizaban para ir a buscar la tierra colorada y se cargaban a pala. Luego eran transportados hasta la amasadora donde se preparaba el barro para hacer el ladrillo. En ese entonces no había luz eléctrica por lo que el trabajo de amasado se hacía en una fosa donde existía un sistema con poleas que activaban el mecanismo en forma manual

Altamira nació con la llegada del tren, en 1908. La estación y la producción frutihortícola eran las principales actividades económicas de sus ciudadanos hasta que, a mediados de la década del 50, Corinema generó una gran cantidad de fuentes de trabajo. El emprendimiento fue creciendo hasta llegar a tener más de 100 empleados. Cerró sus puertas definitivamente en 1994, dejando a todas estas familias sin trabajo por lo que comenzaron a emigrar.

Hoy, la esperanza se renueva de la mano del turismo. Los bodegones, cabañas y productores ofrecen una alternativa para sumar a esta gran apuesta. El Bodegón Lo de Puri es una construcción de 1930 que conserva la misma fachada de entonces. Con paredes y piso de ladrillo, mesas y sillas de madera, una balanza antigua en el interior, su menú ofrece picadas, empanadas, pizzas, sándwiches de bondiola y choripanes. Por su parte, Lo de Curly asoma en una esquina de más de cien años con ladrillos a la vista, frente a Corinema. Siempre funcionó como almacén de ramos generales, tenía una carnicería, peluquería y galpón de soda y ofrece comidas al disco, entre otras especialidades de campo.

Se pueden adquirir quesos de cabra y productos orgánicosAlejandro Guyot

La tercera generación de la familia López continua con la plantación y comercialización de duraznos, una de las actividades económicas principales del pueblo antaño, por eso aún quedan durazneros en sus calles de tierra. El pionero fue Manuel Rosello, quien llegó desde Italia en el 1900. Hasta ese momento, el fuerte era la siembra de legumbres. Hay también productores de dulces, verdura orgánica, quesos de la familia Fagunde o salames de la familia Ravasa o Sirello, entre muchos otros: todos estos productos agroecológicos pueden adquirirse en la feria Altamira Produce, los fines de semana.

Atardece en el corazón de Altamira. Alguna oveja distraída recorre el camino de tierra que, si llueve, se vuelva un magma barroso. Un gallo. Alguna vaca flaca e inmóvil muge su desdicha. Un galgo. Una liebre se escabulle por el potrero lindero, chumbada por perros que jamás la alcanzarán. El disco rojo, ensangrentado, se oculta rápidamente. Deja paso a la negrura de los cielos estrellados de este pueblo, paisaje familiar que resurge de sus ruinas encantadas.

Altamira

Cómo llegar

Hay que tomar el acceso Oeste y después ruta 5 en dirección a Mercedes. Luego tomar la salida 91 hacia Tomás Jofré y seguir por dos kilómetros más.

Nueva Corinema

Hasta la apertura, consultar el Calendario de Degustaciones y visitas guiadas.

Tren Turístico

Domingos en tres horarios, partiendo de Mercedes a las 10.30, 13 y 16.20.

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