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Es panadero, tiene 18 empleados y hace 17 días que no tiene luz: “Este país se especializa en joderle la vida al laburador”

Está que se lo llevan los demonios Juan Carlos Balagué, el dueño de la panadería Las Delicias, ubicada en avenida San Martín y Juan B. Justo. Y motivos no le faltan. “Estoy sin luz desde el 26 de diciembre. Volvió un día, se volvió a cortar y el jueves pasado tuve una sola hora de luz y nunca más nada. Llevo más de 17 días, estoy al frente de una pyme y a cargo de dieciocho sueldos, ¿cómo hago, viejo? Tuve que cerrar y mandar a todos de vacaciones imprevistas y no sé cuándo volveré a abrir”.

Está caliente Balagué, saturado y desenfocado, pide disculpas pero dice que no quiere hablar “para evitar barbaridades”. Lo cierto es que esta pesadilla empezó a las 3 de la mañana del 26 de diciembre, hasta que el lunes 10 de enero decidió no abrir.

“Cerramos nuestro negocio por falta de servicio eléctrico. Llevamos 17 días reclamando sin respuesta”, casi que pide auxilio el cartelito pegado en la puerta de vidrio de Las Delicias, la importante panadería en ese difuso límite entre Villa Crespo y Caballito Norte.

Uno de los carteles que colgaron el último fin de semana en la puerta de Las Delicias.

De 62 años, Balagué lleva 35 al frente de la panadería familiar junto a su hermano, su esposa y su hija mayor. “Imaginate lo que significa no tener luz en la semana que más uno espera en esta industria, que es la semana entre Navidad y Año Nuevo. Tuvimos que vender la mercaderia que teníamos a la mitad del precio y devolverle a nuestros proveedores insumos como leche, crema, quesos, manteca, fiambre, porque se nos estaban echando a perder”, describe Juan Carlos visiblemente estresado y tomado de rehén “por una indignación que hace semanas que no se me va”.

“¿Querés que te muestre? ¡Mirá!”, y saca de entre sus papeles todos los reclamos que hizo. “Fijate, mirá, 47 llamados a Edesur, la peor empresa de la Argentina; 45 reclamos al ENRE, organismo que está dibujado y que a esta altura no sabemos para qué sirve, y tengo 3 reclamos a la Defensoría del Pueblo, tres, tres, que fue lo mismo que nada”, enfatiza. “Pero todo muy sensato, eh, y en sintonía porque nadie, ninguno me dio una respuesta digna, una voz humana que te diga: ‘Señor, le estamos enviando una cuadrilla’. Nada de nada. Sólo las jovencitas del call-center de Edesur que, adoctrinadas, repiten como loritos el mismo cuentito”.

Por el prolongado corte de luz, Juan Carlos Balagué no pudo abrir en la semana de las fiestas, la más esperada por los panaderos. Foto Emmanuel Fernández

Hijo de padre panadero, Balagué no recuerda en sus 35 años al frente de Las Delicias una situación parecida. “Llegué a estar seis días sin luz, en los tiempos de Segba, creo que con Menem, no me acuerdo bien… Pero yo no quiero politizar, son todos lo mismo, los delincuentes de siempre, gobierno tras gobierno. Acá estamos hablando de otra cosa, de desidia, de negligencia, de que no importa en absoluto el tipo que labura, que da laburo, como yo, que a mis 62 años estoy desde las 5 de la mañana en el local y no me voy hasta las seis o siete de la tarde. Duele saber que uno no existe“.

Ampuloso y catártico, Juan Carlos está tragando amargura hace días “y me siento para el demonio, porque también veo a mi mujer haciéndose malasangre y no puedo hacer nada para revertirlo. Este país se especializa en joderle la vida al laburador, al que está al día, al que cumple sus obligaciones. ¿Sabés que hizo este boludo ayer? Fui a pagar todas las cargas sociales y los ingresos brutos de mis empleados. Y hace unos días pagué la cuenta de Edesur de $32 mil mangos… Cagate de risa, pero lo hice, porque soy un ciudadano que cumple con sus obligaciones pero no recibe el servicio que corresponde”.

Balaguer está tan amargado que no quiso ir a la panadería. Un empleado la abrió para Clarín y, junto a un vecino, mostró la desolación de las heladeras y vitrinas vacías. Foto Emmanuel Fernández

Durante las primeras dos semanas en penumbras, Balagué trabajó a medialuz gracias a un generador de energía que para que funcione “hay que invertir unos 10 mil pesos de nafta diarios. Yo trabajaba poco y nada, porque la gente cuando está por entrar a una confitería a oscuras duda, desconfía y se termina yendo, es lógico. Entonces para laburar, con 18 empleados en distintos turnos, pagando más plata por el generador de energía que la que entraba por ventas, dije ‘chau’, y bajé la persiana”.

“¿Me encadeno frente a la Casa Rosada? ¿Incendio gomas y corto la avenida San Martín? Podría hacerlo para llamar la atención, para que los medios vengan, pero la verdad es que no es mi forma de actuar, yo no sé hacer otra cosa que laburar. Mandé a todos de vacaciones, por suerte mis empleados están comprometidos con la situación y entienden que esto es un tema que a mí me excede. Pensé en irme dos días a Chascomús para desenchufarme, pero me bajé… Con la mufa que tengo, para estar pendiente las veinticuatro horas del teléfono, ¡qué me voy a ir!”.

Casi como una miscelánea y esbozando casi una sonrisa dramática, recuerda que “el 3 de enero, con la panadería casi a oscuras llegó una inspectora del Gobierno de la Ciudad para pedirme la habilitación de una pequeña marquesina. ¿Vos podés creer? ¿Te das cuenta el nulo sentido de la oportunidad, la poca empatía de esta gente? Imaginate mi reacción, yo estaba en un momento de alta tensión e irrumpe esta situación de la nada. Me la quería comer cruda… se dio cuenta, por suerte, y me pidió disculpas”.

¿Cuándo va a reabrir Las Delicias? Depende de Edesur. Balagué ya hizo cien reclamos. Foto Emmanuel Fernández

Respira hondo, mira al cielo Juan Carlos, quizás buscando a su padre, de quien heredó el oficio. ¡Sabés cómo mandaría todo al carajo… ! ¡Sabés cuántas veces lo pensé! Pero no puedo dejarme llevar por los sentimientos, que ahora son de profundo enojo. Yo, como cabeza de grupo, tengo la obligación de tomarme unos segundos para no estallar porque de mi comercio dependen 18 familias, incluida la mía”.

Después de tanto insistir, logró conseguir un turno para presentar una queja presencial en Edesur. “¡Vamos, al fin me lo dieron -exclama con profunda ironía-, ¿sabés para cuándo? Para el 26 de enero, para dentro de doce días… ¿y para qué? Para que me tomen los mismos datos que ya brindé 47 veces. Son unos sinvergüenzas. Creo que, a esta altura, me duele más el destrato que el corte de luz”, hace saber Balagué, que en medio de este interminable sinsabor, se pescó el Covid. “Por suerte fue leve, pero encima de todo lo que estaba atravesando tenía que estar encerrado”.

La panadería Las Delicias tiene 18 empleados. Foto Emmanuel Fernández

Mirando para adelante, Juan Carlos se siente atado de pies y manos. “¿Qué te puedo decir? Lo que les dije a mis empleados: hay que esperar. Esto es pura incertidumbre. Yo sólo quiero laburar, encender los hornos y volver a producir pan, facturas y atender a nuestro público que nos acompaña hace más de treinta años. A esta altura, hasta prescindo de ventiladores y aire acondicionado. Sólo quiero eso, quiero laburar en una Argentina que se ponga los pantalones, que invierta como corresponda y termine con el ‘lo atamo’ con alambre”.

NS

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