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Tras la carta, Alberto Fernández vuelve a poner en juego su liderazgo interno en medio de las negociaciones con el FMI

Después de la carta pública de Cristina Kirchner del sábado en la que eligió resaltar un pasaje del discurso presidencial del último 9 de julio, Alberto Fernández vuelve a poner en juego su liderazgo e independencia política de cara a diciembre, un mes clave para su gestión por el envío al Congreso del plan plurianual en el marco de las negociaciones con el Fondo Monetario y la discusión en torno al Presupuesto 2022 que todavía reposa en la Cámara baja.

“Alberto está bien, hay que dejarlo tranquilo y no presionarlo”, razonó este domingo ante Clarín uno de los principales colaboradores del Presidente que aún analizaba el sorpresivo texto de la vicepresidenta, para Fernández y su entorno abismalmente menos dañino en el frente interno que el del jueves post PASO.

El jefe de Estado, de hecho, lo retuiteó en redes sociales. A diferencia del escenario posterior a las primarias, ahora es Cristina Kirchner la que está expectante a ver cómo se desenvuelve el Presidente. En especial, tal como puntualizó en la carta, en la negociación con el FMI.

En ese sentido, Fernández terminará de aprobarle a Martín Guzmán en los próximos días el programa económico plurianual, cuyos detalles se mantienen guardados bajo siete llaves en el Ministerio de Economía. Su envío al Parlamento está previsto para las primeras semanas de diciembre, en paralelo al debate por el Presupuesto que ya había generado tensiones entre el bloque de Diputados, liderado por Máximo Kirchner, y el funcionario.

Ratificado por el mandatario, a Guzmán todavía le carcome el ego la fallida salida de Federico Basualdo, el subsecretario de Energía Eléctrica que el ministro no pudo echar, una jugada que fue bisagra en su relación con el kirchnerismo.

Máximo Kirchner con Kicillof. El diputado está en tensión con el Presidente.

Para la Casa Rosada, el plan que escribe Guzmán mientras negocia con el FMI es vital: el puntapié inicial, explican, del acuerdo con el organismo cuyo programa de ajuste genera fricciones internas, y un paso clave en la “nueva etapa” del Gobierno que el jefe de Estado busca capitalizar para los dos años restantes de mandato.

Fernández necesita, además, el apoyo de la oposición que mira de reojo sus movimientos y los de su vicepresidenta.

Este sábado, por ejemplo, cuando Elisa Carrió pidió en el aniversario de la Coalición Cívica acompañar el acuerdo con el Fondo -la escuchaban Mauricio Macri, Mario Negri, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, entre otros-, la ex mandataria aún no había publicado su carta. “Si ella (por la vice) no se compromete, ¿por qué se van a comprometer los dirigentes nuestros del sector duro?”, remarcaba en estas horas un legislador que participó del agasajo.

Fernández, juran sus colaboradores, está decidido a tratar de recomponer su liderazgo. Una tarea titánica. El texto de este sábado de Cristina Kirchner llevó cierta zozobra al staff de colaboradores que respalda al jefe de Estado. El género epistolar y sorpresivo general malhumor, aunque reconocen que, por el contenido, podría haber sido mucho peor.

La ex Presidenta subrayó, de todos modos, que la derrota electoral fue contundente. Hasta ahora, el Presidente y sus colaboradores habían tratado de maquillar el resultado con la remontada bonaerense.

El Presidente sigue cómodo con sus secretarios y ministros más leales: Julio Vitobello, Gustavo Béliz, Vilma Ibarra, Juan Manuel Olmos, Juan Pablo Biondi -sin cargo formal-, Santiago Cafiero, Matías Kulfas, Claudio Moroni, Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis y Guzmán. La mayoría de ellos pidieron, después de las PASO, independencia total de CFK. Primó la cordura. El jefe de Gabinete, Juan Manzur, tiene juego propio. “Es un rinoceronte, va para adelante”, dicen.

Cristina Fernandez de Kirchner escribió una carta el sábado en la que habló del FMI y de la derrota en las elecciones. Foto Presidencia.

Respaldado por los movimientos sociales y la CGT, y parte de los intendentes del PJ del Gran Buenos Aires, el vínculo con Eduardo “Wado” de Pedro, el gerente de la vicepresidente y de La Cámpora en Casa Rosada, por el contrario, nunca volvió a ser igual. Una relación que varios en el entorno presidencial se encargan de horadar a diario: aún no digieren la estampida de renuncias masivas, 72 horas después de las primarias, inaugurada por el ministro del Interior desde el despacho principal del Senado.

Pero no es solo De Pedro. Es, en especial, su socio Máximo Kirchner, el jefe de La Cámpora con el que Fernández atraviesa tal vez sus peores días de convivencia

El que más busca equilibrio en esa suma de tensiones es Andrés Larroque: tiende puentes, según trasciende, con todos los sectores. Es el más convencido de la unidad.  

“El Cuervo”, por caso, participó en la noche del sábado del festejo de cumpleaños del publicista Enrique “Pepe” Albistur, que hace equilibrio entre su amigo Fernández y el kirchnerismo, en la casona de Grand Bell, en La Plata, que comparte con Victoria Tolosa Paz. No fue el Presidente. La foto de Olivos, en plena pandemia, todavía le da culpa. 

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