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Los mapuches en agenda, el Congreso de Cristina y la tensión opositora

No me ayudás, no te ayudo

Una de las características de la cúpula del Gobierno es que el objetivo de cada uno es que al otro le vaya mal. Es un modelo muy peronista de construcción negativa de fuerza: el crecimiento de una se alimenta de la caída del otro. Eso explica la suerte de un peronismo que es primera minoría, gobierna en la mayoría de las provincias, tiene el gobierno nacional, y pierde las elecciones. No es magia, todo hecho en política tiene su racionalidad. Cristina ordena sesionar y con eso le traba la trituradora de documentos – hallazgo verbal de Gustavo Menna, diputado por Chubut -que es la aprobación de los DNU.

Cristina cree que ni Alberto la ayuda a sacarse el corsé judicial de encima. Le responde con la demora en aprobarle los DNU. La réplica de Olivos es prorrogar las sesiones ordinarias hasta fin de año para dejar agenda abierta a alguna sesión.

Sacame a los mapuches del escenario

El oficialismo aprovecha la fuerza que le queda en el Congreso hasta el 10 de diciembre para poner los papeles en orden. Avisó en las dos cámaras que no habrá sesiones esta semana. Evitará que en Diputados la oposición le monte un escenario en contra con el proyecto de prórroga de la ley de aborígenes. Tenía dictamen para ir al recinto, pero Olivos prefirió sacar del debate un asunto que el voto del 14 de septiembre mostró que le produce más daños que beneficios.

Alberto Fernández firmó el mismo jueves un DNU con la prórroga que evita desalojos, cuando una comisión de la cámara le daba dictamen para su tratamiento. El peronismo recibió una paliza en las elecciones de las provincias de la Patagonia, en donde quedó identificado con la tolerancia a las ocupaciones violentas de organizaciones que se legitiman en el reclamo de derechos ancestrales.

Este martes vence la norma que suspende desalojos. El peor escenario para el oficialismo sería que se precipitasen más reclamos justo cuando el rechazo al “mapuchismo” le costó la derrota.

Venganzas en la cúpula

La suspensión de sesiones en el Senado disgusta más en Olivos que a los socios del presidente en la trifecta presidencial. El paquete de DNU que firmó Alberto durante la peste ya tiene dictamen. La comisión, citada a pocas horas de la derrota electoral, le dio dictamen a 116 DNU, y ya son 171. El promedio son 86 por año; la marca de Menem no superaba los 50. Es explicable el interés de Olivos por validarlos antes del 10 de diciembre. Su gobierno llegó al poder en 2019 con el apoyo del 48% del voto. En las legislativas de hace dos semanas, ese apoyo se redujo al 32%. El oficialismo entra en un desfiladero legislativo, con un Senado sin quórum propio y con números ajustadísimos en Diputados.

Esta nueva relación de fuerzas pone en riesgo los DNU porque dejaría abierta la posibilidad de que el Congreso impugne alguno y le complique la vida al Presidente. Es el interés de Alberto, pero no el de sus socios Massa y Cristina.

Territoriales también contra la lista única de Cristina

La postergación de las elecciones durante el año, está demorando los preparativos para el nuevo Congreso. La justicia ya comunicó de manera informal que las elecciones en varias provincias van a terminar en la Cámara Nacional Electoral y en la Corte. Hay disputas por bancas en todas las categorías.

En el Senado ya se habla de que el 29 de noviembre no habrá jura de nuevos legisladores, según dicta el reglamento. En categorías subnacionales, por ejemplo en Buenos Aires, se espera que el escrutinio definitivo esté recién en la primera semana de diciembre, a pocas horas de la asunción de los electos. Al amparo de estas prisas, todos se acomodan a la nueva realidad con cambios de piel de variada textura.

El peronismo territorial prepara una reunión de los gobernadores del llamado Norte Grande. Son distritos en donde le fue mejor al oficialismo y que tienen a Jorge Capitanich de presidente pro tempore. El chaqueño es el promotor de una reforma partidaria que consagre una mesa federal para la conducción del Frente de Todos, como una marca institucional de la cual el PJ sea sólo una porción.

Va en línea con la reunión del martes pasado en San Juan de un grupo de gobernadores que acompañaron a Sergio Uñac en un examen despiadado de las responsabilidades del peronismo del AMBA en la derrota del 14 de septiembre.

Se suma a estos movimientos el rechazo de Alberto a la estrategia de lista única que aplicaron Cristina y Maxi Kirchner en Buenos Aires. Pidió que haya primarias en serio para candidatos el 2023. Capitanich va más allá en esa reforma. Reconoció que la estrategia de la oposición de promover la competencia fue exitosa. “Las PASO les han servido más a ellos que a nosotros”, dijo el lunes. “Hemos ponderado estrategias de menor participación relativa. Hay que ir a distintas listas”. De pasó se anotó como postulante.

“El Norte Grande – imagina – tiene un importante espacio de incidencia en el país y debería tener un candidato a las PASO en 2023”. Estos movimientos de los federales son la peor noticia para el peronismo del AMBA. Para Cristina significa que la derrota se la facturan también hacia dentro del partido.

“Juntá las firmas”, es el lema en la oposición

En la oposición esta semana es decisiva para la facturación del resultado electoral en lo que más importa, que es el mando en los bloques del nuevo Congreso, en donde Cambiemos mejora su representación. En las dos cámaras se impone la llamada “regla Negri”, que se traduce en el lema “Juntá las firmas”. Es la respuesta a quienes pretenden posiciones de mando en los bloques e interbloques de Cambiemos.

En Diputados, Negri cuenta ya con las firmas para seguir al frente del bloque y, de rondón, del interbloque. Ha ejercido con éxito esas dignidades en los últimos años. Las pretenden radicales del AMBA y porteños como Emiliano Yacobitti, lunga manu de Enrique Nosiglia. Le responden con la regla Negri: juntá las firmas. Desde el PRO, Patricia Bullrich busca controlar el bloque a través de algún diputado de su observancia que se anime a desplazarlo a Cristian Ritondo. Le aplican la misma regla. Juntá las firmas. Bullrich, como presidente del PRO, llamó para el próximo jueves a reunión de lo que llama “Mesa Diputados”, en sus oficinas de Av. de Mayo 953, piso 3º.

Hasta este domingo había reclutado 8 firmas en total. Ese sello seguirá siendo un grupo de WhatsApp porque Ritondo ya juntó las firmas de todas las bandas del PRO, empezando por las que responden a Macri y a Larreta.

Juego de puercoespines

La regla Negri la aplican también en el Senado. Nadie discute a Humberto Schiavoni en el bloque PRO. Entre los radicales hubo que decirle Alfredo Cornejo “juntá las firmas”, porque la mayoría respalda a Luis Naidenoff. Cornejo, presidente de la UCR, reclama “Quiero tener una voz”. Es razonable porque es autoridad partidaria en un ciclo virtuoso de la coalición, si se mira el resultado nacional y el de su provincia. Le han indicado el camino más útil, que es reclamar la vicepresidencia de la Cámara que ejerce hoy Martín Lousteau. Que se las arreglen entre ellos.

Lousteau es socio con acción de oro de la administración porteña de Larreta, que preguntó en estas horas a quienes debía preguntar: “¿Cómo va lo de los bloques? ¿Hago algo?”. No te metás, le dijeron. Pese a su relación especial con Lousteau, ha dicho que en Diputados el bloque y el interbloque deben seguir en manos de Negri. Lo mismo han afirmado Macri, Carrió y quienes les responden.

En el debate de los cargos hay dos doctrinas. La que rige hoy, que dice que bloque e interbloque tienen que estar en manos de la misma persona. La otra, que promueven Cornejo y Lousteau, es que se pueden desdoblar y estar a cargo de personas diferentes. La experiencia avala el primer formato. Pero el final depende de cómo negocien los integrantes de la mesa de Cambiemos antes del 10 de diciembre.

En el oficialismo los dramas son propios de una fuerza derrotada que busca recomponerse. En la oposición festejan el triunfo colgados del alambrado. No hay quien los baje, por ahora. Un juego de puercoespines.

Lula ante asesora de Alberto: hay que saber perder

En la puerta giratoria de la embajada de Ricardo Alfonsín en Madrid se habrán cruzado en estas horas Gerardo Morales con Cecilia Nicolini, ex secretaria del Grupo de Puebla, cargo que ahora tiene Fernanda Cornejo, hija de su padrino político, el candidato a presidente de Chile Marco Enríquez-Ominami. La asesorísima presidencial Nicolini hizo acto de presencia el jueves pasado en el lanzamiento internacional de la campaña de Lula da Silva en la Casa de América de Madrid. Fue en un seminario del Common Action Forum, un grupo de interés que difunde “valores progresistas”, donde ella hizo triunfalismo como si las elecciones argentinas no hubieran ocurrido.

Coincidió con otro lanzamiento que no se conocía: el del ex premier José Luis Rodríguez Zapatero. Lula saludó ese retorno a la política del dirigente socialista con una reflexión sobre las derrotas. Recordó que su primera elección a gobernador de San Pablo en 1982 resultó una derrota. “Juntábamos multitudes en las calles, pero las encuestas me daban 4° lugar, con el 10%. Y saqué apenas el 10%. Comprendí que en las elecciones y en la minería, los resultados se conocen después de los hechos, no antes.”

Se rieron con melancolía con algunos invitados del entorno íntimo de Lula, como Celso Amorim. Nicolini tomó nota (para alimentar el breviario de derrotados que construye su presidente) del reto de Lula a su jefe. “¿Por qué Trump – se preguntó Lula – tuvo el coraje de aumentar la base monetaria en trillones para resolver el problema del Covid, por qué la Unión Europea también aumentó su base en billones para cuidar del Covid? ¿Y por qué Alberto Fernández no lo hizo? Porque [Argentina] pidió dinero al FMI, porque si tuviera dinero (no se entiende) se iba a deber ahora más, y lo iban a estorbar y a decirle que tiene que pagar con lo que no tiene”.

Asesora no actualiza la agenda de campaña

Nicolini repitió el rap oficial sobre la épica vacunatoria y avanzó algunas casillas en el debate sobre la reforma de salud. Hay de democratizar la industria farmacéutica, cantó. Es el centro de la principal pelea dentro del gobierno, entre los cubanos de Kicillof-Gollán y Ginés González García. Este perdió el primer round por lo que cree fue una cama urdida por quienes quieren estatizar el sistema de salud, que lo identificaban a él con las obras sociales y los laboratorios. Ganan los cubanos – lograron tumbarlo a Ginés -, pero sus adversarios están representados nada menos que por el jefe de gabinete Juan Manzur. Es una guerra que no ha terminado. Nicolini enarboló el lema que hundió al gobierno en las elecciones: “No hay libertad sin salud”. Habló del gobierno en primera persona del plural – “asumimos”, “nos tocó”, “hicimos”, etc. como si hubiera militado el voto. Si lo hubiera hecho, entendería que el voto del 14 de noviembre hundió al gobierno por apoyarse en dos banderas con las que el votante no se identificó: poner la salud por encima de la libertad, y repetir el lema ochentista de que el FMI es el culpable de todo. La campaña iba por un lado, la gente por el otro.

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