un-ano-sin-diego-maradona:-la-historia-detras-del-abrazo-del-hincha-de-river-y-el-de-boca-que-recorrio-el-mundoSociedad 

Un año sin Diego Maradona: la historia detrás del abrazo del hincha de River y el de Boca que recorrió el mundo

El reloj marca las 12 y una modesta pizzería de Tigre se prepara para recibir a sus clientes. Luis Manrique (72) limpia las mesas para juntar algunos pesos, hasta que un llamado lo interrumpe y el trapo cae al piso. En otra parte de Buenos Aires está Damián Juárez (43), a quien la misma noticia lo obligó a cerrar su taller. Ninguno sabe que, en cuestión de horas, sus nombres se volverán historia.

El 26 de noviembre de 2020, cuando miles y miles de argentinos se movilizaron hasta Plaza de Mayo para despedir los restos de Diego Maradona, Luis y Damián dieron el presente: un hincha de Boca y otro de River, que hasta ese momento eran dos desconocidos, protagonizaron un abrazo del que aún hoy, casi un año después, habla todo el mundo. Y, tras meses sin verse, volvieron a encontrarse por Clarín.

Aquel día, Luis eligió cambiar el recorrido y dejar a un lado el trabajo que lo ayuda a reunir fondos para viajar hasta Estados Unidos a acompañar a su hija. A medida que el saldo de la SUBE se agotaba entre boletos de trenes y colectivos, su dolor crecía. Tenía puesta una camiseta de Boca que, al llegar hasta el Obelisco, ya se había humedecido con tantas lágrimas involuntarias.

Damián, quien la mañana previa al velatorio había ido a comprar repuestos para su negocio de aberturas de aluminio, entendió que abrir las puertas de su local no estaba en mente. “Me fui solo y mi familia decía que estaba loco, que me iban a matar si iba vestido de River. Pero no me importó ni un poco”, le cuenta a este diario un año después.

El otro abrazo del alma. Damián y Luis no se conocían, pero el dolor y el amor por Diego los unió en un abrazo conmovedor. Foto Juan Ignacio Roncoroni / EFE

Nunca se habían cruzado y, detrás de la emblemática pirámide de 19 metros que está ubicada en el centro de la plaza, tuvieron su primer encuentro. “Yo estaba en la fila escuchando la radio y, cuando me vio al lado, me dijo: ‘Vamos a entrar juntos’. Y desgraciadamente no pudimos, pero nos volvimos a ver a la salida”, rememora el fanático del Xeneize.

Mientras estaban en la fila, un hombre fiel al club de la Ribera repartía flores para ofrecerle a Maradona: Luis recibió una, pero a Damián se la negaron por los colores de su ropa. “Él se tomó el atrevimiento de hablar con esta persona, que después se acercó con una rosa y me pidió disculpas. Esa es la que le dejé cuando entré“, cuenta el más joven del dúo.

El deseo del hincha de River era ofrecerle su camiseta, un diseño furor las temporadas 1996-97, en el ataúd donde descansa Diego. “Abajo -reconstruye- tenía la camiseta de la Selección Argentina porque no iba a quedarme con el torso desnudo. Cuando entré me descompuse, porque fue una imagen muy fuerte. Vinieron a asistirme, me dijeron que circulara y yo pedí que me permitieran dejarle la camiseta”.

En cuestión de segundos, su plan quedó hecho trizas: “Uno de los que me asistió, que era de seguridad, me dijo que llevara la camiseta porque Maradona ya tenía muchas que le había dejado la gente. Salí, me senté en un banquito que estaba cerca de la entrada, y me pregunté en dónde estaría Luis. Así que me quedé a esperarlo“.

Otro abrazo hoy. Damián y Luis agradecieron el reencuentro gestionado por Clarín. Foto Francisco Argerich

Durante ese rato, Damián inundó sus retinas con recuerdos en los que Pelusa, su ídolo de toda época, fue protagonista. Evocó de inmediato la tarde en la que, con apenas ocho años, se acercó hasta ese lugar de la mano de su mamá para celebrar el Mundial. Y no pudo evitar volver a sentir el sabor de aquel jugo que bebía en Av. Belgrano y Av. Paseo Colón cuando vio pasar el micro con los campeones.

El momento del abrazo

Minutos más tarde apareció Luis, también conmovido por el instante en el que despidió para siempre al abanderado de sus días más felices. “¡Luis, acá estoy!”, gritó el hincha del Millo. El dolor, de tan grande, no les permitía intercambiar más que palabras sueltas que se volvían agudas por sus voces ya quebradas.

A lo lejos, el monumento en el que se encontraron varias horas antes presumía una pantalla con cientos de episodios que interpretó Maradona. Desde las fotos de sus inicios hasta los goles más emblemáticos, pasando por sus frases y los hitos de su vida. “De a ratos me emocionaba yo, y en otros le pasaba lo mismo a él. Por eso nos propusimos acompañarnos desde el primer momento”, cuenta Damián.

Con las camisetas de Diego, en la Plaza de Mayo, un año después de su velatorio. Foto Francisco Argerich

Cuando decidieron irse, el fanático de River rompió en lágrimas. “Empezó -dice Luis- a llorar desconsoladamente, entonces lo abracé. Me contagié de ese estado y nos pusimos a llorar juntos. Estuvimos varios minutos llorando abrazados hasta que abrí los ojos y vi que estábamos rodeados de fotógrafos”.

Damián poco entendía. “Estaba tan mal que ni me di cuenta, porque cuando me pongo mal no escucho ni veo. Yo ni me acordaba de lo que tenía puesto. Tampoco me hubiese imaginado todo esto”, asegura. Su recorrido siguió hasta Avenida De Mayo, donde compartieron un tiempo más juntos en uno de los bancos de cemento que decoran las veredas y, luego, cada uno tomó un rumbo distinto.

Luis, con los ojos vidriosos y las cuerdas vocales debilitadas, trató de evitar que ambos repitieran los sollozos de esa tarde. “Quizá si hubiese visto que tenía la camiseta de Boca ni me abrazaba”, bromea. Su compañero no se queda atrás: “Es cierto. O volvía a ponerme el barbijo, ja”. Algunas risas se filtran en el relato.

“Como uso el celular para trabajar, decidí apagarlo cuando me fui a mi casa porque quería dormir. Pero, ni bien lo prendí, tenía cientos de mensajes, incluso de mis clientes, mostrándome la foto o diciéndome algo al respecto. Todavía me cuesta creerlo, como tampoco creo que Maradona ya no esté“, dice quien no pudo concretar su anhelo de regalarle su camiseta a Diego.

Porque, según coinciden, el Diez “fue todo” para ellos. “Cuando estaba en Boca y jugaba contra River, a veces le deseaba de buena manera que tuviera una gripecita para que no juegue”, se ríe Damián. Luis no se la deja pasar: “Igual siempre les ganamos, ja”.

River y Boca, unidos por Maradona. Después de la producción, se fueron juntos a comer pizza. Foto Francisco Argerich

Semanas después, los hombres se reencontraron en dos ocasiones: ambas, por entrevistas. Pasó tiempo, siguieron comunicados vía telefónica, pero recién en noviembre de 2021 volvieron a verse las caras. “Desde el día del velorio de Maradona nunca nos volvimos a ver de la misma manera, de llegar por nuestra cuenta y después irnos juntos. Sólo pudimos hacerlo gracias a ustedes“, admiten.

Porque, finalizada la producción de Clarín en la que recrearon su abrazo viral, Luis Manrique y Damián Juárez caminaron a la par como lo hicieron hace un año. Y se acercaron hasta una popular pizzería de Avenida Corrientes para poder compartir unas porciones de pizza entre chicanas. “Solo Diego Armando Maradona puede generar algo así”, repiten a coro. Una pasión que no distingue colores ni camisetas.

AS

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA